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La risa de Zelena
Una vez que estuvieron solos, se miraron el uno al otro. Zamudio y Zelena, dos inadaptados, se acercaron mirándose a los ojos. Tan pronto las cuatro manos tocaron la piel de quien tenían enfrente, ésta se puso como de gallina. Se besaron. Concretaron. Cuántas ganas había en ellos. Cuántas ganas de probarse otra vez. No había nadie alrededor, salvo el fervor de sus labios encontrándose. Aprovecharon, sin saberlo, los minutos antes de que ese espacio estrecho se llenara de otro
Samuel Segura
hace 17 horas3 Min. de lectura
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