top of page
Buscar
  • Josué Altamirano Alberto

Apuntes sobre música que a nadie le gustaba

Actualizado: 22 mar 2022


Rap, Pop y lo Alternativo

Nunca voy a olvidar esa noche en la que los rockeros de la esquina de mi casa me invitaron a un programa de Radio UAG al que asistían religiosamente cada viernes, dentro de las instalaciones de la Ciudad Universitaria de Chilpancingo, Guerrero. Esa noche su conductor, el legendario periodista Sergio Ocampo, tenía planeado un programa entero dedicado a la “música Alternativa”, un nuevo género que había estado tocando la puerta y que no era muy sencillo de catalogar, pero que ya tenía su propia sección en las tiendas de discos.

Enrique Luna, exmonero del periódico Vértice de la capital guerrerense y gran amigo de la infancia con quien intercambié comics de Batman en el pasado, ahora me pedía llevar unos cedés de esos de “música nueva” que había comprado en el Mix Up del centro comercial Plaza Bahía en Acapulco. Si mal no recuerdo, escogimos el Jagged Little Pill de Alanis Morrissete, uno de los nuevos de Stone Temple Pilots y What´s Up de 4 Non Blondes, los demás aportaron joyas como el icónico disco Nevermind de Nirvana, también recuerdo la portada de “la abejita” del disco de Blind Melon y a The Smashing Pumpkins. La noche fue perfectamente improvisada, con Sergio leyendo a través del micrófono un artículo del periódico La Jornada que había sido publicado esa semana acerca de lo Alternativo, para después tocar una rola que lo complementara y terminar escuchando las opiniones que dejaban por teléfono los radioescuchas sobre la música que todos habíamos conseguido por separado y que por primera vez se percibía como un movimiento que vendría a cambiar la percepción que teníamos del rock por completo.

Esa invitación fue muy importante para mí, porque la emergente música Alternativa no era el único género en mi ecléctico gusto por la música. El Pop y el Rap me fueron muy necesarios en mi adolescencia, en la cual necesité desarrollar mis habilidades para bailar debido a las múltiples ocasiones en las que fui invitado a participar como chambelán en diferentes fiestas de XV años. Así pues, normalmente me veía en la posición de aprenderme de memoria los pasos y la letra de Can´t touch this de MC Hammer como también la balada rockera de Bed of Roses de Jon Bon Jovi. Así es como termine teniendo entre mis discos compactos el The Immaculate Collection de Madonna como el Ballbreaker de AC/DC. Para aquel entonces el rockero promedio no sabía nada sobre Britney Spears y el pop y el rock eran como el agua y el aceite. También era muy popular la opinión de que el rap a diferencia del rock no contaba con músicos profesionales y más bien se consideraba música improvisada de las calles, lo cual no era más que la pura realidad, porque el género se desarrolló principalmente de manera digital y no tanto con los instrumentos del rock convencional. En fin, que lo Alternativo me abrió el camino para tener una mejor relación con los rockeros de la esquina de mi casa, lo cual favoreció memorables encuentros en fiestas de XV años y en los toquines de rock organizados por las bandas locales.

Ska, Reggae y Rock urbano

Un año después de que fui a estudiar la carrera de arquitectura a la ciudad de México, la huelga en la UNAM estalló y el movimiento estudiantil contagió a toda una generación de jóvenes que se volcó en participar políticamente al revivir al mítico CGH de los estudiantes del 68. Las marchas, mítines y conciertos al aire libre se volvieron abundantes, el rock urbano, el ska y el reggae eran los géneros que lideraban la escena musical, pues contaban con una adherencia política. Panteón Rococó hizo que me explotara la cabeza, su ritmo era ideal para los conciertos masivos en los enormes estacionamientos de las facultades de Ciudad Universitaria, deportivos y explanadas delegacionales. La dosis perfecta fue descubierta por la radio local y el hit permitió que la banda diera un salto de lo underground a ser coreados por multitudes.

Al final de la huelga, el activismo y el ambiente musical se fusionaron de tal manera que para la tv nacional y para el status quo político, el ser universitario equivalía a ser un pandroso que asistía a conciertos para ponerse hasta la madre. Tampoco se equivocaron en esa opinión, solo que las bandas y el público salido de este nicho underground, se volvieron el estándar para los eventos masivos de exitosos conciertos como el Vive Latino. Actualmente es muy normal que las cerveceras tengan sus propios conciertos como el Corona Capital, donde ponerse hasta la madre se ha vuelto aceptable, mientras tengas para pagar las costosas entradas. Los pandrosos vivimos nuestra gloria cuando los gobiernos del PRD de la Ciudad de México le dieron amplitud al movimiento musical, después de ver cómo Manu Chao y Café Tacuba llenaron la plancha del Zócalo. Año tras año pude ver gratuitamente a grupos como La Lupita, Lost Acapulco, Molotov, Sr.Bikini, Los invisibles, Juanes, Inspector, Nortec, Los Pericos, Los Bunkers, La Maldita Vecindad, Lila Downs y Paul MCartney. Hasta antes del 2006, pagar por un boleto para asistir a un concierto era la excepción.


Reguetón, Electro latino, Trap y la elegancia tropical

Para conseguir mi primer empleo tuve que cortarme la barba descuidada de estudiante universitario y solo me dejé el pelo crecido. A una arquitecta que encontró mi curriculum en su bandeja de entrada de hotmail, le dio buena vibra mi look “rockero” y me ofreció una entrevista que terminaría siendo mi primer empleo profesional. Así fue como comenzó mi larga carrera en oficinas de Arquitectura con las que intercambié mi tiempo libre por dinero para pagar la renta. Los fines de semana se volvieron valiosos y muchos de ellos los pasé en La Lagunilla y Tepito. El reguetón lo escuché por primera vez entre las cumbias, salsa y merengue, elementos centrales del soundtrack de las calles del barrio. Wisin y Yandel, cuando aún estaban juntos, fueron los primeros que comencé a reconocer, cuando el ritmo comenzó a sonar por toda la ciudad. La influencia cultural que tiene la Colonia Morelos en la Ciudad de México es innegable, como también es innegable que sus habitantes y todo lo que sale del barrio viene cargado con un estigma social predeterminado. Así fue como escuchar reguetón, ser tepiteño y ser chacal, se convirtieron en lo mismo para la opinión popular.

Al igual que Carlos Monsiváis, ya tenía más de 30 años y no había salido del país, así que cuando me hicieron una invitación para asistir a una boda en Bogotá, no la desperdicié. Desde que puse el primer pie en la capital colombiana, comencé a derrumbar cada uno de los prejuicios que tenía sobre el país y que ya no tienen nada que ver con la realidad. La ciudad es moderna, ordenada y segura, CDMX lleva varios años inspirándose en su sistema de transporte colectivo (Tansmilenio), en su infraestructura para el uso de la bicicleta, en el diseño de espacios públicos de calidad, así como también en los gustos musicales de sus habitantes. Mi mayor sorpresa fue asistir a la boda de una pareja de clase media alta, que resultó ser una tornaboda con un DJ amenizando la celebración desde un pequeño tornamesa al mero estilo tepiteño. Para abrir la pista la pareja eligió Nota de amor de Carlos Vives Ft. Wisin & Daddy Yanquee, de ahí en adelante el reguetón y el electro latino no se detuvieron. El Taxi de Osmani Ft. Pit Bull hizo que saltará de mi silla y ya no pude parar de bailar todos los hits acumulados en mi cabeza, como Ginza de un tal J Balvin. Esa fiesta fue toda una revelación, porque jamás me había sentido tan a gusto entre tanta gente escuchando y bailando la música que se había vuelto mi “guilty pleasure” en el transcurso de los años.

Regresando a la ciudad de México, los pósters de Maluma afuera del Metro Sevilla llamaban bastante la atención, anunciaban el Pretty Boy, Dirty Boy World Tour 2016, en ese momento podías comprar un boleto para verlo cantar Felices los cuatro en el Auditorio Nacional por menos de $500 pesos.

El siguiente año, para celebrar mi cumpleaños 37 fui a Medellín, a la capital mundial del reguetón. Fue muy fácil entender porque los bogotanos sienten tantos celos de su ciudad rival. Y es que Medellín no solo tiene el Metro que tanto les han prometido los gobiernos de Bogotá a sus habitantes y que nunca han construido, también tienen los sistemas de Tranvía que cruzan el centro de la ciudad, el Teleférico y las escaleras mecánicas que potencializaron a los barrios de las partes altas de la ciudad, como la Comuna 13, barrio con la misma reputación y estigma social de Tepito.

Con esta infraestructura la zona se convirtió en un atractivo para los turistas internacionales, que desde sus alturas pueden encontrar la incomparable vista de la “ciudad de la eterna primavera”, como es llamada por su envidiable clima. Las estrellas emergentes y consagradas de Puerto Rico han elegido a Medellín como su firmamento para brillar. Nicky Jam, el “gemelo malo” de Daddy Yanque, vive cómodamente en las alturas de uno de los característicos edificios de ladrillo que hay en todos los barrios de la ciudad. Si bien el reguetón no se originó en esta ciudad, sí se comenzó a producir una mezcla exitosa de música urbana colombiana y reguetón boricua contrabandeado vía Panamá, que terminó creando estrellas en el cielo internacional como Karol G, Maluma, J Balvin, Kevin Roldan, Manuel Turizo y exitosos productores musicales como Alejandro Ramírez Suárez mejor conocido como Sky rompiendo.

Los últimos dos años que viví en la CDMX los pasé en un departamento de renta sobre preciada en la calle Arizona, a unas cuadras del World Trade Center, desde el cual podía ver al gigante azul de la colonia Nápoles todas las mañanas desde la ventana de mi recámara. Por las tardes, después de salir de la oficina o en los fines de semana me enteraba de los conciertos que sucedían en el Pepsi Center, debido a las largas filas que normalmente había a su alrededor. En este recinto, que puede contener un poco más de 7,000 personas, Bad Bunny ofreció un concierto de su gira Siempre Picheo Tour 2018, para octubre de ese mismo año podías conseguir un boleto de entrada general en $600 pesos. La lista de reguetoneros que pasaron por el lugar entre el 2018 y el 2019 es admirable, de casi todos me arrepiento de no haber podido asistir, principalmente a las presentaciones de Farruko y Karol G. El que no me perdí, fue el concierto de mi banda favorita de Bogotá: Bomba Estéreo y su Jungla Tour 2019, que esta vez traían sus increíbles hits Soy yo y To my love listos para derrumbar las paredes y es que superar su álbum anterior Elegancia tropical presentado en El Plaza unos años atrás, no sería nada fácil.

Para terminar el 2019, cualquier fiesta de fin de año digna de respetarse en CDMX, fue amenizada con alguno de los hits de Ozuna, Maluma, Becky G o Luis Fonsi, como niño de barrio en colegio privado, el reguetón pasó de ser aceptado socialmente a ser normalizado por la clase media que ahora no le incomodaba cantar canciones como Calma de Pedro Capo en medio del tráfico de regreso a casa. Estoy de acuerdo con Paul Medrano cuando escribe en su “Perreo y hot-dogs” en que al reguetón: “lo que menos le ha faltado es atención”. Tan solo en lo que va del 2022, Bad Bunny ha sido el artista más escuchado en Spotify por segundo año consecutivo, con 9.1 billones de reproducciones en el 2001, dejando atrás a Drake, Justin Bieber y a Taylor Swift en el ranking.

El siguiente concierto que dará en México el Conejo Malo, está previsto para cerrar su gira mundial El último tour del mundo 2022 en el estadio Azteca, los boletos se agotaron media hora después de ponerse a la venta, obligando a que se abriera una nueva fecha, que también causo una enorme fila digital para adquirir los boletos de ente $600 a $8,000 pesos la entrada general y $14,000 pesos la zona de palcos (vip), nada mal para un género de música que supuestamente a nadie le gustaba y del que ahora todos queremos opinar, dar nuestra versión de la historia y hasta pagar un alto precio por un boleto en la reventa para ser parte de ella.

Aún hay mucho por escribir acerca del reguetón y sobre el trap, al cual también se le atribuyen excesos de masculinidad tóxica, sexualización de las mujeres, glorificación del crimen y el consumo irresponsable de drogas. Este último, fue el motivo por el cual Farruko detuvo un concierto en Miami para pedir perdón por la letra de Pepas, una canción remezclada por importantes DJ´s como David Getta, Steve Aoki y Tiësto, en la cual muestra en su videoclip a personas enfiestadas consumiendo pastillas como si fueran dulces, cuando es bien sabido que el Éxtasis, MDMA, Tachas o Molly, puede producir la muerte por sobredosis si se consume precisamente de esta manera excesiva.

Las cosas van rápido, que ni bien acabo de terminar este relato y ya Residente está haciendo otro Kanye, peleándose con J Balvin y comportándose como MC de la vieja escuela, que solo confrontándose con sus colegas es capaz de comunicar cualquier cosa nueva que se le venga a la mente, en otras palabras, más material para seguirle dando larga vida al reguetón.⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

134 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Comments


bottom of page