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  • Paul Medrano

Aquí seguimos

Actualizado: 8 ene




Hace dos años comenzamos Capote. Realmente no sé cuál fue el motivo para hacerlo. Un día me levanté, se lo propuse a David y a Charly, dijeron que sí y ¡zaz! Aquí estamos.

No abrimos Capote para volvernos ricos o famosos. Si de algo tengo certeza es que nunca lo seremos. Lo que sí puedo jurar es que hemos sido sinceros. Auténticos.

Si digo auténtico no lo menciono en su primera acepción, sino en la segunda; es decir, que hemos dejado ver toda la colección de defectos que posee cada uno de nosotros.

Cuando surge un nuevo proyecto, generalmente se hace toda clase de malabares para presumir que todos sus miembros son unas lumbreras: inteligentes, guapos, sabelotodos, optimistas, etcétera. Nadie abre una página para confesar su decadencia.

Nadie.

Solo nosotros.

En estos tiempos en que las maravillas desfilan en Internet varias veces por semana; en que la honestidad se vende en recargas de 20 pesos en cualquier Oxxo, nada mejor que un poco de mugre para dejar en claro que la escritura es un oficio de yerros. De equivocaciones. Pero también de sinceridad. Y hemos tratado que cada texto publicado posea esa cualidad.

Cuando abrimos Capote no sabíamos si duraría una semana o tres meses. Hemos llegado a los dos años y la única certeza que tenemos es que no sabemos si llegará la siguiente edición. Tal vez sea el precio de hacer lo que queremos hacer.

En La ciencia jovial, Nietzsche considera que el hombre vive a la espera de un futuro en donde creemos que nos irá mejor o que llegará algo o alguien que nos salvará. Se percibe al tiempo como una lanza en movimiento. Avanza de forma lineal e inexorable.

Nietzsche plantea una forma de contrarrestar eso: olvidarnos del futuro y vivir el presente en total libertad. A nuestro antojo. Vivir una eternidad conformada de muchos presentes. Uno tras otro, sin pensar en el futuro. Por más prometedor que parezca.

Algo así hemos tratado de hacer en Capote. No nos interesa lo actual, las novedades, las modas o el reguetón. Pensamos, imaginamos, analizamos o debrayamos sobre lo que se nos hincha. No nos importa el qué dirán. Si lo leen 10 personas o 2 mil.

Los tiempos digitales que ahora corren son el mejor ejemplo de lo que planteó Nietzsche hace más de 100 años: Casi todo es fugaz, de poca vida y se olvida casi al instante.

Para que eso no ocurra, reunimos textos, autores, momentos, ideas que, pensamos, merecen una oportunidad más. Un chance para no desbarrancarse hacia el olvido. No estoy seguro de haber logrado el cometido. Pero puedo apostar que lo intentamos con ahínco.

Aquí seguiremos. Hasta que enciendan las luces.⚅

[Foto: Gonzalo Pérez]

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