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  • Caliche Caroma

Bitácora de las fiestas parias


Son las 5:37 de la mañana. Hemos llegado a la Costa Grande de Guerrero. El taxista bromeó sobre las drogas duras. A Camacho se le hizo agua la canoa. Jonathan nos recibió en chorcito de Zihua (¡uei!). El frío se quedó atrás, junto con los aguinaldos invisibles y la mafia cultural de Morelia. Dani le dio pepto a Jonathan. Comió demasiado la noche anterior. Nadie le avisó que tenía que cagar.

En cuanto den las 8 de la mañana iremos por unos bolillos con relleno. ¡Ora zancas, ya llegó su gordito dientón!


El primer día en Troncones fue de doble jornada laboral, pero antes, para celebrar el cumpleaños de Daniela, nos tomamos el mezcal que me regaló mi amiga Rosario. Botella sin etiqueta, calidad al trago, ¡dame tu fuerza, alcoholismo! Acompañamos el mezcal con cervezas, en la frontera de la “bebriedad”.

Pedro y Yunuén nos recibieron en Casa Gua Gua, paraíso de perritos, gatitos y gorditos dientones (o sea, yo). Primero tocamos en la Majahua, en Rinconcito del Cielo, donde probamos el ceviche tatemado, maná de la costa, totopos caseros. Luego, Mi Jardín, pizzas de mi vida, pizzas de mi amor, no le pongas capsup, no seas cabrón. Pero si le pones no hay tos. Buenas propinas. Karaoke quebecuac, el olvido del invierno.

En Mi Jardín nos encontramos con nuestra familia costeña. Abrazos para la mesa que más aplaude, parece que fue ayer. La navidad terminó a medianoche. Acá la cosa es temprano, pero con el gusto de estar vivos, sobrevivimos al 2021, casi. Ronquidos y uno que otro pedo durante la noche (night), por la mañana la playa olía a mota.


Comienzo con tristes noticias, y es que abro el FB y me entero de la muerte de tres personas. No conocí directamente a ninguna de las tres, pero fueron importantes para mis amigas. Murió el abuelo de Eunice, la sobrina de Antonieta y el joven promotor cultural de Tacámbaro, Baruc. Dos de ellos de cáncer, silencioso verdugo. Fuerza para la familia y amigos, mis abrazos a la distancia.

Pretendía que esta bitácora fuera divertida. No siempre las cosas planeadas son como uno quiere, no se puede todo en esta vida. Me levanto con tales noticias y recuerdo que hace un año, al regresar a Morelia, después de la playa (justo como ahora), encontré a mi madre muy enferma, ya no se recuperó. Murió el primero de marzo de 2021.

Comprendo a los que están de luto, por eso me pongo triste, aunque no debería, y sin embargo…


Es difícil resumir lo inefable, pero cámara, no me agüito de limón. Es cierto (no es mentira) que fue un día rudo, principalmente porque ya estamos más rucos y no es lo mismo ayer, cuando teníamos dieciséis, que hoy dolores de espalda...

Taloneamos en Troncones pues era un día libre, me encontré con mis primos y mi tía querida, Rubén, las Letys, Luz Elena y el montón de banda, “semos trescientos”. Y cuando todo estaba perdido, que me habla Mac Snelgrove y Esther, y vámonos a Casa 3 Mujeres. Noche de música, con dos invitados de lujo (Bob Dylan y Patti Smith) y un fandango que se los deseo a todos en este mundo. De neta, no mamen.

A veces, a pesar de los pesares, la música sirve para divertirse y ese baño de 3 Mujeres era enorme, no sólo quería cagar ahí, estaba dispuesto a mudarme con todo y mis perros. En fin, la noche estrellada encima (titilantes bailarinas) y los músicos de Sonaxa tirados en la playa, malditos hippies, ¡cómo los quiero!


Desde el café de Troncones, al lado del famoso Diablo, escuchando a los señores expertos en gallos y sus charlas mañaneras. Al parecer hubo una controversia en una pelea, las dos aves de combate murieron, pero una estiró la pata antes que la otra, el reclamo por la victoria no se hizo esperar, el supuesto perdedor no soltaba prenda. Apostaron diez mil pesos, uno de los viejos del café advierte: “Por eso en esas peleas del Tamarindal hay que llevar arbitro, seguido pasan estas cosas, aun con juez”.

Es manifiesto el respeto por los más grandes, los ancianos pendejean a los más jóvenes (los más jóvenes tienen como 55 años): “¡No digas mamadas, cabrón! Yo nunca te he visto agarrar una motosierra. Se dice: me cortaron las tablas, no que tú las cortaste. ¿Todavía te queda madera?”.

Tomo mi café que empacan unos gringos, pero es café de acá, fuerte, para despertar después de un día de tiritas en la playa, con la pandilla zanca, los meros prietos, como yo, cervezas, mezcal, música y el mar (otra vez el mar, Reinaldo Arenas). Del otro lado del mostrador un señor barre las hojas que tira el tamarindo, bajo su sombra los gallos de pelea se dicen cosas que no logro entender, encerrados en sus jaulas, no paran de discutir como lo hacen los viejos, ¿me estás diciendo que existe un multiverso?


La comezón de cola, presentimiento, algo malo se aproxima, como en Muerte en Venecia o El coloso de Marusi. Las noticias son las mismas: todo va de mal en peor, ¡por culeros! Y las empresas de la información sonríen con la desgracia. ¡Por culeros!

Y al mismo tiempo y en el mismo lugar, puerco pensante, un licuado de jugo de naranja, plátano y manzana, preparado en “Las Cuatas”, lonchería de Troncones, La Unión, Guerrero, México, América, Tierra.

Tacos de guisado, pedí cuatro: mole, arroz con huevo, carne en salsa verde y aporreadillo. Soy, también, un gordito mirando al sudeste (aunque en realidad es el sudoeste).

Es miércoles ya, la última semana del año ¿cuántas últimas semanas del año he vivido? Frente al mar, en esta esquina del mundo, contesto que treinta y siete, con esta serán treinta y ocho. La vejez me la pela, a la que le tengo miedo es a la enfermedad, a la agonía y a la ultraderecha.

Ayer tocamos en Marejada. Hamburguesa con queso azul, ellos preparan una especialidad sin pan, con dos tapas de hongo gigante (portobello), camarones y ricas papas fritas. Estas burguers se encuentran en La Saladita, pasando Los Llanos. El taxi nos cobró 500 de regreso, ni modo, el pueblo es bueno, ¿quién habla?


En la mañana del 30 de diciembre de 2021, con el ocean sound system (el mar) de fondo, Caliche Caroma toma su café sin azúcar, fuma su cigarro medicinal y reflexiona sobre esto y aquello, mientras Negrita y Maverick juegan a perseguirse en los alrededores de Casa Gua Gua.

Aunque son las 7:30 de la mañana el tráfico va in crescendo, ya se siente el final del año viejo y la llegada del new year, my friends! Para Caliche no es claro cuándo fue la primera vez que se quedó en Casa Gua Gua, pero no le importa mucho, pues en Pedro ha encontrado un amigo sincero (al que le da su mano franca) y en Yunuén una compa perrona y gatuna.

Camelinas, colibríes, tablas de surf. En la calle, extranjeros y nacionales lucen sus cuerpos torneados, blancos, café con leche, morenos de fuego, gringas, michoacanos y ovnis. Es la hora del ejercicio. Buenos propósitos para comenzar el ciclo anual. Sexualidad de invierno con 30 grados centígrados a la sombra. Las perlas de sudor mojan el culo, y no hay nada como un buen regaderazo para quitarse el olor a cola.

El 29 por la noche fue tocada en Casa Bru Azul, Pam y sus amigos recibieron a Sonaxa con chelas frías. Fogata en la playa, tranquila para no quemar Troya. Montaron nuevas viejas rolas les muchaches sonaxes: “Sabor a mí”, “Chanchán”, “Bésame mucho” y “Lágrimas negras”. El estudio fue remunerado con una generosa propina.

Moraleja: De la vida se pueden decir muchas, sobre todo si uno está vivo, de lo contrario sólo queda el qué dirán, incomprensible para los muertos.


Ya es 2 de enero de 2022 y yo ando sin manos en esta bicicleta llamada vida, de bajada y con los frenos averiados. No hay fijón que dure cien años ni miedo en los pantalones. ¡Viva enero y viva México, carbones de mi carnita asada!

Hoy es la última tocada en Troncones, mañana regresamos a las Morelias, tierra de artistas y drogones. No me quiero ir, señor Iroman, pero la cosa está pelada y pelona, como Camacho, el Macho. Sólo queda agradecer a todos esos oídos que nos hicieron el favor de escucharnos: mil gracias, mil pesos, mil dólares.

El saldo es blanco, como la espuma de mar que acompaña a las olas que percuten la playa, tacatá. Tirado en la hamaca, con una imaginaria comezón de gónadas, es decir, echando hueva, pienso en el último almuerzo en el pueblo, la última chela bien fría y el último sueño en Casa Gua Gua. Todos los días es el último día, el único, así me enseñó la mosca que sabe de brevedades.

¿Qué nos tendrá preparado el destino para este año 2022? ¿Vendrá la muerte por mis kilos de existencia, se llevará mis ojos, mis lonjas de felicidad? No podemos saber, la certeza es una fruta muy rara, por eso mejor prefiero la sorpresa agridulce del maracuyá. ⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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