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  • Jesús Escabernal

Cabeza Olmeca sobre Tesla. El meme colosal de Chavis Mármol / II


“Sos-pe-cho-so”, eso nos dice El hombre que se lleva la mano a la boca, después de su encuentro con la Cabeza Olmeca sobre tesla de Chavis Mármol financiada por Colima 71 ArtCommunity Hotel y un mecenas cuyo nombre se mantiene en reserva. Aquí en exclusiva la imagen del segundo encuentro.

Instalada el 5 de marzo de este año en un terreno protegido por una reja, propiedad del referido hotel boutique en la colonia Roma de la CDMX, la intervención escultórica de Chavis consiste en la reproducción de una Cabeza Colosal Olmeca de aproximadamente 9 toneladas depositada con la asistencia de una grúa sobre un automóvil Tesla modelo 3. Toda una tendencia entre la espectacularidad de las redes sociales durante la segunda quincena de marzo. La pieza de Chavis comenzaba a tornarse una obra memorable entre el ‘scroll’, sin embargo, durante la noche del 29 de abril recibió una actualización. Siler, el artista del graffiti clandestino, intervino con su ‘tag’ la sección frontal de la escultura.

A través de su cuenta en Instagram el escultor expresó su gusto por la investidura del trazo en aerosol: “Pues a mí sí me gustó”, refiriendo al comentario que hizo Andrés Manuel López Obrador durante la conferencia mañanera del día 18 de marzo: “A mí el mensaje sí me gustó porque ese es el consumismo y el otro es la cultura milenaria, es lo que viene de lejos, es el México profundo es la cultura madre”. Nuestro escultórico corresponsal desea compartir algunos otros datos.

En la actualidad algunos especialistas manifiestan una postura crítica respecto a la construcción cultural de los Olmecas. La historiadora y arqueóloga Beatriz de la Fuente ha reflexionado sobre la posible “creación del mito olmeca”, señalando que “apoyándose en un estilo artístico, se inventó una cultura”. En la ponencia ¿Puede un estilo definir una cultura?, divulgada en la Mesa Redonda Olmeca: Balance y Perspectivas (Museo Nacional de Antropología, 2005), de la Fuente nos dice:

“¿Cómo explicar que una cultura todavía no definida pueda erigirse como "la cultura madre” de Mesoamérica? A la vista de la multivariedad de datos arqueológicos, la amplia distribución que tuvo el estilo artístico olmeca tampoco alcanza a resolver si tal difusión se debió a la imposición política, comercio, convicción religiosa, aceptación por un grupo social determinado, moda artística o alguna otra causa igualmente desconocida: es decir, el análisis del estilo no da respuesta por ahora a esos fenómenos culturales”.

La palabra olmeca refiere a los habitantes del Olman, —nombre bajo el que los mexicas identificaron las tierras bajas tropicales de la costa del golfo—, un término cuya raíz náhuatl significa “país del hule” o “tierra de goma”. En la actualidad no se cuenta con la información que nos permita afirmar bajo cuál nombre se habría autodenominado este presunto grupo cultural. Quizás la valoración del estilo olmeca como una expresión plástica fundamental fue una respuesta a la política cultural en el México de la segunda mitad del siglo XX, tal vez Miguel Covarrubias, autor original del concepto “Olmeca” (El arte “olmeca” o de la venta. Cuadernos Americanos no. 4. 1946.)

y las instituciones relacionadas con la legitimación del concepto “cultura olmeca” optaron por la configuración de una imagen capaz de transmitir un sentido de cohesión nacional a la manera de una convocatoria dirigida a las instituciones especializadas, tanto nacionales como internacionales.

El tema de las obras de los antiguos pobladores y su juicio de valor en el lenguaje plástico contemporáneo amerita una gran pregunta: ¿Cuál es el límite entre la apropiación cultural y la adopción de esa energía sintética propuesta por Siqueiros en el Manifiesto del 21? No la vamos a responder ahora —el hombre que se lleva la mano a la boca, se lleva la otra mano al ojo y ahora mismo se seca una lagrimita para continuar. El presupuesto para nuestro corresponsal solo nos alcanzó para la caminata en la Roma y sus deditos deslizándose por la pantalla del celular. Las prestaciones no incluyen la atención a esa ansiedad derivaba de la pérdida de sentido identitario.

No es difícil coincidir con Chavis, está muy claro que el problema central de una crítica a su cabeza Olmeca sobre el Tesla de Musk no radica en el tema de la originalidad de la pieza, la originalidad de “la cultura madre” o la originalidad del Tesla Model 3. Pareciera que el amparo de los medios justifica la resignificación, la paráfrasis, la cita (o “lo que usted quiera mi patrón”) y para el caso de la versión escultórica de Chavis los medios han sido posibilitados por una producción destacable y el patrocinio de Colima71 ArtCommunity Hotel.

Si bien el ejercicio de la reproducción en la talla de la piedra es resultado de la innegable formación técnica del autor, vale la pena cuestionarse por los recursos ajenos a la producción escultórica y sobretodo por el vehículo. ¿Acaso a Tesla le resultó conveniente invertir en el espacio publicitario de la etiqueta artística a cambio del sacrificio de una unidad cuidadosamente mallugada? Se sabe por cuenta del artista que el motor del vehículo fue retirado de manera previa a la instalación de la escultura a fin de evitar algún incidente en el hotel boutique de la colonia Roma. El operativo tras el montaje es en realidad una simulación de la destrucción del vehículo. Así que quizá y solo quizá, la respuesta podría ser un “Sí, me llamo Elon Musk y quiero invertir en este espacio publicitario, quiero ser el meta texto principal y el mecenas oculto detrás de todo el meme colosal de Chavis”.

Según Chavis lo más difícil fue conseguir un Tesla, pero Ana Margarita Ongay, directora del proyecto artístico Colima71, o “art curator” (como se autodenomina) tiene otros datos. Ella asegura que “se sumó un donador” y está muy, muy segura de que “si una obra de arte te mueve para sentir o pensar, creo que cumple su objetivo y no hay mucho que preguntarse del precio o del gasto”. Los patrocinadores también se complacen de esa misión-visión enmarcada en el eslogan “Colima71: un compromiso inquebrantable con la expresión artística mexicana”. La convicción es desbordante: “celebramos la diversidad y la creatividad en todas sus formas. Presentamos con orgullo la obra de Chavis Mármol, Neo-tameme con la pieza Tesla Aplastado por Una Cabeza Olmeca, una serie que invita a cuestionar nuestra identidad y raíces en el contexto del mundo moderno”. Etcétera, etcétera.

Toda “marca comercial exitosa” se disuelve en el medio hasta transformarse en la principal beneficiaria de la atención dedicada a los contenidos. El reconocimiento y el respeto a la diversidad social incorporada a los modelos de negocio no resulta nada nuevo; lamentablemente esa sensación de la sospecha por el discurso de la “raíz identitaria” envuelta en un exótico azul mexicano Model 3 y condecorada por el moño olmeca no está tan torcida. La gente involucrada en el diseño de las grandes campañas publicitarias sabe muy bien que “el medio es el mensaje”. ¡La planta de carros eléctricos en Monterrey, va! Aquí lo enunciamos en términos prácticos, aunque es seguro que Chavis no esté de acuerdo con la simpleza de esta idea pues se muestra muy seguro de la fuerza discursiva de su cabezota, o eso se infiere a partir de sus argumentos en la entrevista publicada en Youtube por la cuenta de Colima71 ArtCommunity Hotel:

“Aquí la cabeza olmeca se impone ante el objeto tecnológico, lo revienta, lo aplasta y al final queda glorificada ante este objeto que, por muy tecnológico o por muy objeto de deseo, al final es eso: solo un producto de un sistema capitalista cuando en realidad lo que realmente importa es aquello de donde venimos, aquello que somos y que hemos sido generación tras generación”.

Ya entrado en el calor de tanto manoseo, El hombre que se lleva la mano a la boca nos confiesa que el sentir de la sospecha propiciada por el conflicto entre Chavis y Musk le ha motivado a cuestionar su valor patrimonial como producción atribuida a La Cultura Madre. Ante la crisis derivada del pensarse como aquello que es y ha sido generación tras generación se encuentra decidido a subvertir el estatus de corresponsal y solicitar su derecho a una réplica que trascienda las posibilidades del barro o la pedrada. Aquí en la redacción nos hemos visto forzados a censurar gran parte de su colaboración para el presente artículo, ello con la intención de vigilar el cumplimiento del contrato con nuestros patrocinadores. Evitamos a toda costa la herida de las susceptibilidades y nos deslindamos de la posible difamación y/o incitación a la agresión de los productos Tesla.

Nuestro escultórico corresponsal —presuntamente Olmeca — (nombrado así a partir de ahora, en respeto total a su autodenominación) agradece el patrocinio de Taurus, el libro que elegantemente recubre su desnudez. Se trata de la conocida publicación de Giovanni Sartori (Homo videns: la sociedad teledirigida, 1997), portada de la edición de 1998, impresa en Argentina, algunos años antes de que Penguin Random House celebrara una bacanal en América Latina. Sartori y nuestro escultórico corresponsal nos recuerdan las problemáticas de cohabitar en una sociedad que glorifica el consumo de la imagen como un medio funcional para conceptualizar un argumento y no considera los riesgos de ejercer la opinión a pesar del gran déficit en la capacidad de abstracción que implica ese  “conocimiento mediante las imágenes visuales”:

“La imagen de un hombre sin trabajo no nos lleva a comprender en modo alguno la causa del desempleo y cómo resolverlo. De igual manera, el hecho de mostrar un detenido que abandona la cárcel no nos explica la libertad, al igual que la figura de un pobre no nos explica la pobreza, ni la imagen de un enfermo nos hace entender qué es la enfermedad. Así pues, en síntesis, todo el saber del ‘homo sapiens’ se desarrolla en la esfera de un ‘mundus intelligibilis’ (de conceptos y concepciones mentales) que no es en modo alguno el mundus sensibilis, el mundo percibido por nuestros sentidos”.

Y en este orden de sentido, la reproducción de una Cabeza Colosal supuestamente Olmeca aplastando un vehículo supuestamente Tesla (sin motor pues) no nos lleva a comprender la explotación territorial de una empresa que promueve el uso de tecnologías rampantes. La asociación de estas imágenes tampoco nos permite comprender el juicio de valoración entre la importancia de una identidad cultural en contraposición a un sistema económico. Ni siquiera en el terreno de la sensibilidad que se abre a través de un lenguaje plástico. O al menos no en el criterio de la composición de aquellas obras que únicamente pretenden funcionar como un meme de grandes dimensiones.

“¡Te-rri-ble!”, exclama el hombre de la perpetua sospecha, mientras lanza una mirada al cielo lamentándose por el hecho irrefutable de que no existe la “mala publicidad”, y que, por supuesto, el espacio publicitario que se abre paso entre su exhalación incluye al Tesla Model 3 color azul (ornamentado por la destrucción “decolonial”), el hotel (cuyo target está dirigido a los nómadas digitales), un listado de artistas (algunos de ellos mediocres), la crisis del lenguaje plástico, Siqueiros, Capote y el acto de apropiación cultural “a la inversa” que acaba de cometer al fotografiarse portando un objeto ajeno a su supuesta cultura madre.



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[Por la foto principal: Carlos Ortiz]

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