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  • Emiliano Aréstegui

Caos, tragedia, carnaval o el mundo después de Otis


El huracán Otis arremetió contra las playas de Acapulco el 24 de octubre. Mi madre hablaba con mi hermana en el momento justo del apagón. Luego de eso no supimos de ella hasta el 28. Este texto no sería el mismo si siguiera sin saber de ella. Abuela, estamos bien, no te preocupes, escribió mi sobrina en algún momento del día 26. El huracán ya se había ido, sin embargo, siguió golpeando las costas de la ausencia y la sinrazón, arronzando nombres cual cardúmenes. Familiares, amigos. En el Facebook un montón de gente buscando a familiares y amigos.

Y las noticias llegaron montadas en la Costera, en el chat de la escuela a la que va mi hijo, el maestro dijo, no se alarmen, pero tomen sus precauciones. No sé cómo estén las cosas en su colonia, pero acá la gente está comprando con pánico. Incluso dicen que hay saqueos. En otro grupo de chat leo: la gente está entrando a las casas abandonadas. La gente está como loca, están saqueando la Pecsi y también la Lalá. Están saqueando SAMS.

Un amigo que sabe pescar con el oído me dijo: hubo un turista, un gabacho, que fue levantado por el aire y cayó muerto afuera del hotel. Mi tía, le dijo a mi madre que el aire rugió como nunca antes. Todo es un caos, un desmadre. Rena está llena de lodo. La casa de Malena quedó devastada. Ahora los huracanes son impredecibles, el agua caliente de los océanos es su gasolina. Y vi las fotos: Acapulco como una ciudad abandonada, como una ciudad al borde del hundimiento. Acapulco como la osamenta de un animal a punto de extinguirse. Pero sólo vi fotos de la Costera y de Diamante.

Y vi que se empezó a hablar de la fiesta que Norma Otilia hizo luego de su informe de gobierno y al mismo tiempo en el chat de la escuela de mi hijo se llevaba a votación la kermés que quedó pendiente por el huracán, pues hay que festejar la erección del estado de Guerrero y hacer un recorrido con mantas de las ocho regiones con sus trajes típicos y los platillos regionales, aunque en la kermés se coma pizza, se añoran los nugets y les encantaría llevar hamburguesas.

Y se empezó a hablar de rapiña, Y yo pensé en zombis, pensé en gente comiendo carroña. Y pensé en qué haría yo si estuviera en el lugar de esas personas. Luego pensé en el María Moliner, busqué y encontré: Rapiña: f. Acción de *apoderarse de una cosa valiéndose del propio poder o aprovechándose de la debilidad o de un descuido del que la tiene. Piratería. Manilargo, largo de manos, rapaz, largo de uñas, uñas afiladas. De rapiña V. AVE de rapiña.

Luego busqué rapaz y encontré que es alguien que se dedica al robo y se aplica a las aves carnívoras. Qué útiles son los diccionarios, más que definiciones regalan imágenes. La gente entonces se volcó sobre su sino y cual hienas se dejaron caer sobre los emporios comerciales, sobre los pobres emporios comerciales. Digámoslo mejor, la gente, poderosa y empoderada, se volcó sobre los débiles y debilitados emporios comerciales, esos que durante años han saqueado al país evadiendo impuestos, volviendo socios a sus empleados, dándole a los ancianos la posibilidad de mendigar su existencia permitiéndoles sentirse útiles.

Por eso Cotsco se fue de Acapulco, dijo un ofendido que no le cebe en los ojos que le gente se lleve estufas, refrigeradores, autos deportivos para niños, además de adornos navideños. Cuánto horror. Cuánta rapiña, cuánta gente que nomás tiene oportunidad y arma del caos un carnaval y lo subvierte todo. En medio de la tragedia algunos cantarán su rebeldía, algunos festejarán con vinos y jamones el hecho de no tener en qué caerse muertos.

Hoy fui al Aurrera de Jacarandas. Los acapulqueños vienen a comprar su abasto, es imposible no ver las diferencias, apenas una hora nos separa del puerto, pero son otras las estampas y falta nada para que la gente de Chilpancingo les tenga miedo. No encontramos huevo, ni atún, ni sardina. Tampoco hay pan ni tortillas de harina. Encontramos, eso sí, el miedo al desabasto. Las cosas vuelan, la gente civilizada, en situaciones de clama o desesperación: trabaja para los emporios. En Acapulco saquearon, acá todos pagan. Los emporios crecen, entre el pánico y la tragedia crecen.

Hoy hablé con mi primo, me dijo que pasó por SAMS y al ver el desbarajuste entró a robar con mi sobrino. Yo me llené de orgullo. Qué bueno que lo llevaste, le dije. Comida, agua y detergente, fue la consigna, y entraron bailando al carnaval, a la subversión, al festejo. Dice que pescaron jamón serrano, queso holandés y una botella de moet chandón. El caos y la tragedia arrostra sus festejos. Lo mismo a los rapaces que a los puercos. ⚅

[Foto: René HG]

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