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  • Hugo César Moreno Hernández

Carnistas del mundo, uníos


Sé que ya he abundado sobre los moralistas del especismo y yerbas similares. Sobre todo su pútrida superioridad moral con la que se presentan en el feis. Pero son tantos los matices que no puedo dejar de incluir todo el crisol en las ciento cincuenta y siete cosas que más me cagan. Todo mundo sabe que en esa fauna (¿o flora?) los veganos están en el top, en lo más elevado de la mamonería y la tartufería posmoderna. Son cagantes hasta lo insufrible y a mí me súper cagan. No me interesa lo que la gente se lleve a la boca. Si le late atiborrarse de cocacola y se emociona porque su nombre está en la lata, pues muy su forma de percibir el mundo. Es posible que sienta, al ver su nombre en la lata, una pertenencia que ninguna institución social le brinda, y la compañía transnacional siempre está junto a él o ella mientras se zambute un bistec de res asesinada de manera inmisericorde (porque la neta, en los rastros no se usan formas a lo kosher). Me vale madre, que se trague lo que quiera, mientras no me venga con idioteces de salud mental, pública o espiritual para convencerme de chingarme una coca con mi nombre escrito en la lata. La neta, la coca no me gusta, salvo cuando lleva ron.

Tengo amigos vegetarianos, es decir, de esos que no comen carne pero sí se chingan unos huevitos fritos o unas quesadillas. Ya lo he dicho y lo repito: soy defensor de respetar los gustos culinarios de la banda. Si alguien no come carne porque, sencillamente, no le gusta, chingón. Pero sí me cagan los sacerdotes del especismo que te llaman asesino o comedor de cadáveres (tampoco tengo pedo por asumir que me encanta tragar pedazos de cadáveres, al fin, eso son) elevando las cejas y sintiendo lástima por ti. No sé, quizá porque tu alma inmortal se destina al infierno de los carnistas.

Háganme el chingado favor. Carnistas. La neta no estoy seguro si el término tiene prensa entre los veganos nivel siete (esos que no comen cosas que hagan sombra), pero alguien lo coló en una sabrosa discusión feisbiquera que estuvo a punto de convertirse en carnicería. Bueno, la neta no, porque del feis es complicado pasar a los actos. Decía, alguien coló la palabreja: carnistas. Chale, ahora resulta que por comer carne te afilias a una ideología. La neta no, son unos ideologizados (que no ideólogos, sería darles demasiado crédito) que te transportan a sus antípodas para sentirse más seguros a la hora de insultar. Vaya, si tú estás en el lado contrario, ellos se sienten ética y moralmente convencidos de buscar disuadirte y, en caso de no lograrlo, convertirte en su enemigo.

Ese es el gran pedo: su autoimpuesta superioridad moral que a falta de un demiurgo adecuado elevan a las especies animales a niveles míticos y/o espirituales. Cuando estás del lado equivocado (cuando eres un carnista irredimible), su fe (en ellos mismos, supongo) te condena, dejas de ser un ser humano a sus ojos y te conviertes en un enfermo (mental y espiritual). Esa misma persona que me introdujo en la bajeza de los carnistas colgó un video cuyo título rezaba: activista vegano pulveriza a reportera ignorante. En principio, la chica, si bien no era una lumbrera, tampoco era reportera, sino la presentadora de una especie de noticiario y, en ese momento, entrevistadora de un tipo con porte a lo Drácula (o Conde Patula, pa que tenga sentido), pero bien posmoderno y vestido con fibras orgánicas, goei.

La chava, dije, no era una lumbrera, preguntó sobre qué putas era el veganismo y esas ondas. En realidad, no tiene mucha carne (juarjuar) pa hincarle el diente. Lo interesante del discurso del Drácula anticarnista es que asumía, sin ningún tipo de comprensión cultural, sociológica o económica, que la gente cuerda, cuando se entera que come animales muertos, ipso facto, deja de comer carne. La gente cuerda, lo que significa enloquecer a todos aquellos que no estamos dispuestos a seguir su fe y queremos refinarnos unos buenos tacos de tripa.

Ahí está el sustento de la ideología espiritual cuasi religiosa del veganismo: asumir ser dueños de la razón. Si uno echa un vistazo a cualquier enciclopedia de Historia Universal, se dará cuenta de que el discursillo ése tiene tufo autoritario y exterminador. De ahí que, estoy convencido, el veganismo es el nuevo avatar del ascetismo cristiano, y ora sí que dios nos agarre confesados, diría mi abuela. Por ello, carnistas del mundo uníos en un banquete donde nos traguemos hasta las ratas. Buen provecho. ⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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