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  • Jaime García Leyva

Concierto de balas y sueños en la Montaña de Guerrero

Actualizado: 5 sept 2022


Hace varios años un joven tá savi, entusiasta, promovía su primer libro, Todos los sueños, el sueño entre los maestros y los estudiantes de la Montaña. Florentino Solano, desde ese lejano año 2000, era un lector asiduo e iniciaba su oficio en la escritura. Su camino es resultado de una historia a contracorriente de alguien que ha transitado los senderos más profundos de la injusticia y el drama social para salir adelante. Oriundo de Ita Ta ́nu (“Donde el río se quiebra”), migró a San Quintín, Baja California y desde ahí ha logrado difundir y promover su lengua.

Su caminar está impregnado de la vivencia comunitaria, del conocimiento de su tierra y, sobre todo, de su lengua, la palabra de la lluvia (Tu’un savi), la cual lo ha llevado no sólo a ganar premios y reconocimientos, sino a convertirse en una voz vigorosa que reivindica la memoria y hace que germine, como un manantial, dando voz a otros. A través de la poesía y las crónicas de Florentino hablan otros; aquellos que esperan y sueñan, los que ríen y sufren, los que miran el follaje de los ocotes, los encinos y escuchan a las aves entonar sus cantos al amanecer. Florentino habla, y su palabra nos remite esos paisajes que se guardan en la memoria y el corazón.

Con su obra La danza de las balas viene a impulsar el renacimiento de las letras indígenas; tarea que desde la década de 1960 muchos escritores, profesores, poetas y pensadores indígenas realizan para mantener vigente y revitalizar la lengua. Su escritura es un acto de resistencia y festividad para mostrar, desde su cosmovisión, sus vivencias e historia del mundo, nuestro mundo, nuestras maneras de ver y concebir la vida, la muerte, los sueños y las injusticias. Es un renacimiento gradual, lento, a contratiempo, con estruendo a veces y, en ocasiones, con pausado silencio.

No se puede entender la obra de Florentino sin evocar el drama social y las injusticias en una región como la Montaña de Guerrero, en concreto su natal Ita Ta’nu, Metlatónoc. Asiento histórico del Pueblo de la Lluvia (ñuu savi). Un lugar donde se tejen historias, abusos, problemas, migración, violación a los derechos humanos, violencia intercomunitaria y contradicciones internas. Una pobreza estructural es el escenario donde aparecen “Na Lapa”, los soldados de verde que desde hace muchas décadas recorren los campos en busca de potenciales enemigos. Llegados desde la época de los años sesenta como parte de acciones de contrainsurgencia y que han causado temor y zozobra en las comunidades y poblaciones indígenas. Los señalamientos por las violaciones a los derechos humanos son constantes y han sido documentados por organismos no gubernamentales.

La fiesta, Viko, el momento sagrado, de celebración, comida, bebida y como espacio para agradecer a sus santos, son el instante en que la tragedia se yergue. Nos lleva, con su narración, a mirar y reconstruir con detalles imágenes, desde la mirada de un niño, desde la energía de los danzantes, desde las palabras de las mujeres, desde el recuerdo, la ira, el coraje, la impotencia y las circunstancias de un hecho que evoca la memoria y se encadena con otras historias de dolor. Esa memoria que guarda agravios, que es cíclica, que recurre constantemente a mirar el pasado y tomar aliento para seguir en el camino, en la ruta que los ancestros han ido sembrando, entre milpas y maizales, entre colinas y montañas.

En su texto están presentes las fórmulas discursivas para contar los relatos de los hombres y mujeres de la lluvia. Estas estrategias discursivas basadas en la oralidad y que nos remite a palabras y conceptos como: ni xíkúú ña (lo que pasó), saá katyi tu’ miira (así dice su palabra).

En esta historia de soldados y danzantes un incidente detona un conflicto mayor. Es el escenario donde aparecen “historias en forma de cicatrices en el alma”. Y se teje una crónica contemporánea desde la historia personal, la comunidad, los recuerdos familiares, las reflexiones, los consejos y la búsqueda, esa eterna búsqueda de estar bien con nuestros hermanos: Ña va’a ná kundooyo xi’in ná nta’ayó. También se encuentran entrelazadas con un tejido fino, la crítica. Lo indica de la siguiente manera: “Una región de pueblos milenarios cuya voz que retumba entre las montañas, sin embargo, siempre silenciada por el ruido de las metralletas y de los discursos políticos. Balas y discursos, justo en ese orden: primero se entrega el mensaje con balas y después las palabras buscan curar las heridas”.

De la misma manera se encuentra la reflexión: “Pienso que todos los pueblos son monstruos dormidos, descansando en sus propias costumbres y tradiciones, pero pobre de aquel que ose despertarlos, porque no habrá nada que los detenga, incluso la propia muerte temblará ante ellos”. Más que monstruos, son gigantes que se encuentran en un letargo y están despertando con vigor y estrategias de lucha distintas.

Las últimas dos líneas de su texto son contundentes. Se refiere a ese anhelo profundo porque el pueblo de la lluvia tenga un futuro con justicia y dignidad:

“La esperanza de un futuro más justo y más humano, futuro que en el pasado les había sido arrebatado a punta de cañón”.

Taxa’aviun ñani Florentino por brindarnos esta obra y tus palabras.

Ka’nu ní koo ini un. Que tu corazón sea muy grande.⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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1 Comment


Gabriel Arteaga
Gabriel Arteaga
Sep 05, 2022

Lamentablemente, de la región baja y alta de la montaña, bajaron las balas, la violencia a la mayor parte de Guerrero. Gracias Charlie ¡Dios te bendiga siempre!

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