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  • Ricardo del Carmen

Deuda pendiente. Sobre los Hombres de verdad de Brenda Ríos




Hombres de verdad se presentó en la Feria Internacional del Libro de Acapulco 2023, una feria que con más presupuesto es cada vez más pequeña. (De esas cosas raras que pasan con los gobiernos.) En el templete estaban Oliver Terrones, y Astrid Paola Chavelas. Antes de que terminara la presentación llegó la presidenta municipal, mi exmadrina Abelina, con su porra. Se sentó enfrente de mí, al lado de la presidenta de facto, la secretaría de bienestar, Leticia Lozano. Vino la sección de preguntas y respuestas. Un trabajador del gobierno dijo que había llegado tarde, pero que lo último que había escuchado le pareció interesante (llegó tarde porque venía con la presidenta, y habló para quedar bien con su jefa no porque le interesaran los libros), y que la duda que a él le embargaba, interesaba, llamaba la atención, era por qué una mujer escribía sobre hombres y por qué existía el feminicidio si asesinaban más hombres que mujeres. (Pregunta vieeeja, de gente que no se informa.)

Brenda Ríos dio entonces una clase magistral sobre violencia de género.

Primero, claro, hubo que aclarar que este libro es un ensayo literario, no un estudio sociológico ni un libro de políticas públicas. Que si queremos datos, vayamos a los informes del Inegi o de las fiscalías. Explicó también que las violencias no tienen las mismas causas en México que en Noruega, Suecia o Finlandia y, sin embargo, existen. Habló de Stieg Larsson y las notas que ponía al margen en sus novelas en las que escribía datos sobre los temas que abordaba. La presidenta constitucional y la presidenta de facto se miraban y hablaban en voz baja afirmando lo que Brenda decía, porque es importante parecer cultas.

Uno de los grandes problemas en este país sigue siendo la impartición de justicia. Un sistema en el que, si denuncias, es muy probable que termines siendo víctima de las autoridades y/o por el mismo victimario, te dibujan de entrada un camino tortuoso por el que muchas familias deciden no transitar. Cuando Brenda dijo que la ciudad estaba sucia y le daba vergüenza, algunos de la porra se indignaron, las presis no; les vale todas las hectáreas del municipio.

Aplausos, reconocimientos, sonrisas.


***

Lo anterior era importante porque leí muchos comentarios despectivos en la publicación que hizo El Sur, ya saben, gente que no hace caso al dicho de que no juzguemos al libro por su portada.

Dividido en dos partes, Hombres de verdad se pregunta cómo, cuándo se es un hombre de verdad. Uno duda: si existe un hombre de verdad, entonces, también existe un hombre de mentira. ¿Se puede ser no hombre? Para responder, Brenda recurre a la memoria y a la práctica doméstica. El privilegio de ser hombre y del trato que recibió por ser la hija y la nieta mayor. Los hombres dispuestos en la mesa esperando a que se le sirvan; las mujeres a su alrededor como abejas en la flor, las flores son los hombres (ya lo dijo en Raras, pero con referencias a Bad Bunny): bellos, dispuestos a soltar su polen. Y ya.

La casa, nuestra vida diaria, está llena de estos pequeños gestos (micromachismos que son machismos) que tiene que ver con la limpieza, el orden, la disciplina, la belleza, el cuidado, el sexo y el placer; todos ellos dispuestos en el orden de los femenino. Al hombre le toca proveer y ser querido y lo que no se le ofrece en casa lo tiene que buscar en otro lugar. Aún ahora, si el hombre se va, es culpa de la mujer.

Brenda no gasta tiempo en reflexionar sobre las dinámicas que empujan a las nuevas masculinidades, su respuesta viene de quienes antes ya han pensado en esta pregunta. La violencia es el sino de los hombres de verdad: entre mayor sea la violencia ejercida se es más hombre. El hombre que tiene a una mujer y luego la abandona con sus hijos para tener otra mujer y más hijos y abandonarlos también, es admirado. Sucede con Pedro Páramo, todos los hijos del pueblo son sus hijos, todos abandonados. La violencia masculina también cobra cuerpo en los textos de Rubem Fonseca. El peso de ser hombre y no tener pene, como en el relato Los Cachorros de Mario Vargas Llosa. Para reivindicarse, un hombre sin pene tiene que ejercer más violencia. Textos que describen lo tortuoso y desproporcionado de algunos ritos iniciáticos, como llevarte a un burdel siendo un adolescente o violar a una mujer para hacerte hombre. Pero existen también hombres bondadosos, comprensivos y dulces en las historias de José Revueltas; hombres no moldeados por la furia y el salvajismo.

En la segunda parte del libro, Los otros, Brenda pregunta cómo se ve al hombre de verdad por aquellos a quienes considera no hombres. Aquí aparecen la gloriosa honestidad de Reinaldo Arenas y la pobreza y la marginación de una comunidad continuamente excluida recogida por Pedro Lemebel. Pero también están las visiones de Caio Fernando Abreu, Lezama Lima, Ocean Voung, los cuentos y la poesía de Virgilio, a Sangre fría de Truman Capote… ¿Un hombre homosexual en realidad es más hombre? “La homosexualidad es una revolución doble: ante el poder factual del Estado, la represión política y ante el sistema cultural, la sociedad normalizada, idealizada, romántica en sus supuestos valores de la eterna y falsa clase media”.

El ensayo es una deuda pendiente. Como en muchos libros, Hombres de verdad permite hacer una lista de muchos textos, autores pendientes por leer. Me quedé con la deuda de leer a Lemebel, a Reinaldo Arenas y Junot Díaz (que pensaba que era mujer). Busqué, encontré y guardé el cuento El cobrador, de Fonseca, para leerlo después.

El estilo personal y confesional de Brenda Ríos permite identificarse con la historia que nos cuenta. Su ironía y su sarcasmo tiende a levantarte el buen humor. Cuando uno lee Hombres de verdad, se dice con recurrencia “eso me pasó a mí”, “en mi casa es igual”, “todo eso es cierto”; de momentos uno puede sentirse incómodo, y se cuestiona: ¿Quién quiere ser un hombre de verdad? Ya no.

[Foto: Carlos Ortiz]

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