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  • Lydiette Carrión

Estrella de la mañana; estrella de la tarde


De la época prehispánica parece que se sabe mucho, pero en realidad es muy poco. Todo lo demás suele ser interpretación de la interpretación. Es como tratar un libro de suspenso, de huellas del crimen: la cultura, la cosmovisión, está ahí a la vista de todos, porque el nuestro es un pueblo –o mejor dicho, muchos pueblos– vivos y de corazón latiente, pero muchas cosas se encuentran enterradas, olvidadas o francamente perdidas.

Entonces los expertos juegan a la exégesis, a la hermenéutica de los códices, de las leyendas, de los pocos o muchos rastros pictográficos o creativos. Intuimos y convivimos con mucho; y sabemos muy poco. Además todo ocurre inmersos en un mar de mestizaje, que a veces es difícil saber el origen de tal o cual tradición.

Bueno, todo este rollo para platicar un pequeño relato que he encontrado en el libro Héroes fundadores, reyes subterráneos y seres extraordinarios, de Elisa Ramírez Castañeda. Esta autora se dedicó a buscar, recopilar, ordenar y darle sentido a lo que otros antropólogos, viajeros e investigadores recabaron desde el siglo XIX. Su trabajo fue hecho enmedio de la discusión entre expertos de si existía el pensamiento indígena todavía en las historias orales, o si bien los pueblos originarios habían sido colonizados a grado tal que todo lo que se narra en las rancherías y lugares recónditos del país no son más que cuento sincréticos…

En ese libro encuentro una historia que probablemente no resuelve esta discusión, pero recuerda mucho a otra polémica que se lleva en otros mundos y culturas: la relación de la estrella de la mañana y la de la noche.

El libro anota que la narraban en Durango y la historia va más o menos así:

Se dice que la diosa tierra, nuestra madre Tonantzin, tenía una hija que se enamoró de un pobre sarnoso. Tonantzin no estaba contenta con esto, por el contrario se enojó mucho y exigió a su hija que dejara a su enamorado. Pero la hija no hizo caso y se casó con el sarnoso.

Este sarnoso, con la ayuda del venado tumbó el monte e hizo la milpa. Los pájaros le dieron semilla, frente a la negativa de su suegra. Luego los venados le ayudaron a sembrar. Pronto su milpa estaba hermosa. Ya se acercaba la fiesta de xurawét (del maíz tierno, y fiesta también de la estrella de la mañana), entonces el sarnoso se fue a bañar al agua, le pidió a su esposa cinco raíces de amole, y salió del agua limpio, sin sarna o enfermedad alguna.

Entonces debía ir con el jefe de la fiesta, el sol. El esposo –que ahora es llamado Estrella de la mañana– levantó algunas flores blancas. Unas muchachas cuando lo vieron le pidieron algunas y él se las dio.

Cuando Estrella de la mañana se presentó frente al Sol, éste le dijo: tus flores no están limpias, están sucias. Tienes que irte a donde se pone el sol, y te quedarás ahí.

Al caer el sol, la gente no tenía qué comer para la fiesta; entonces hizo lo que estrella de la mañana, cosechó la tierra y por fin comió y bebió.

Venus sería este dios que a veces es sarnosos y a veces está en el cielo. Durante el invierno –cuando coincide que Venus es la primera estrella de la mañana– se encuentra en el cielo, limpio. Al llegar la primavera baja a la tierra y se ensucia, se llena de sarna, pero fecunda la tierra. Es entonces la estrella de la tarde.

Venus es la estrella de Quetzalcóatl, el dios que nos dio la agricultura, pero regresará a vengarse…

Llama la atención este paralelismo con otros dioses y otros demonios. En el mundo judeocristiano, es el diablo la estrella de la mañana, inalcanzable; y la estrella de la tarde es el hijo de Dios, nuestro salvador…⚅


Otras fuentes: https://www.historicas.unam.mx/publicaciones/revistas/nahuatl/pdf/ecn19/318.pdf

[Foto: Carlos Ortiz]

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