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  • Guillermo Vega Zaragoza

Fernando Pessoa: poesía y multitud


El libro Mis múltiples personalidades. Un testimonio real, de Cameron West —publicado en 2000 y cuyo título original en inglés es First person plural (Primera persona del plural, o sea “Nosotros”)—, es el testimonio de un treintañero norteamericano, felizmente casado y con un hijo, a quien de repente le empiezan a suceder cosas extrañísimas. Por ejemplo, un día se sorprende hablando incoherencias delante del espejo, con la particularidad de que la voz que sale de su boca no es la de él sino la de otra persona, para más señas la de un niño de cuatro años. A lo largo de varios meses, como si su cuerpo se tratara de un verdadero hotel humano, emergieron 24 personalidades, todas diferentes entre sí, de la mente de West.

¿Posesión demoniaca? Hace unos 450 años, posiblemente así se hubiera considerado este fenómeno y en lugar de escribir un libro, el autor hubiera sido asado en leña verde ante la mirada enajenada de sus vecinos. Sin embargo, los adelantos de la ciencia han llevado a considerar a este padecimiento como un desajuste de personalidad que se conoce como Trastorno de Disociación de la Personalidad (Dissociative Identity Disorder).

Al poeta Fernando Pessoa, una de las cimas de la literatura universal, le pasó algo parecido a Cameron West. Un día —el 8 de marzo de 1914, para ser exactos— se acercó a una cómoda alta y, luego de tomar una hoja de papel, se puso a escribir, de pie, sin interrupción ni correcciones, mil trescientos versos, es decir, un promedio de un verso por minuto durante 24 horas, “en una especie de éxtasis cuya naturaleza no sabría definir”. Así nacieron tres de sus principales heterónimos: Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Alvaro de Campos.

Se dice que una obra es heterónima cuando es escrita no desde la personalidad original del autor sino desde otra personalidad; es decir, cuando se escribe como si se fuera otra persona. En el libro Pessoa por conhecer (Persona por conocer), editado en Lisboa en 1990, Teresa Rita Lopes encontró que Fernando Pessoa escribió desde la personalidad de la infame cantidad de ¡72 heterónimos!, siendo los más célebres los ya mencionados Caeiro, Álvaro de Campos y Ricardo Reis. Pessoa llegó a imaginar que su mente en realidad era una especie de teatro donde los heterónimos representaban un “drama en gente”.

¿Padecía Pessoa el Trastorno de Disociación de la Personalidad? En Vida y obra de Fernando Pessoa: historia de una generación, Joao Gaspar Simoes dice que Pessoa le confesó en una carta de 1931 que, como probable origen de los heterónimos, estaba su condición de “histérico-neurasténico con predominio del elemento histérico en la emoción y del elemento neurasténico en la inteligencia y en la voluntad”, en su “tendencia orgánica y constante hacia la despersonalización y la simulación”. Lamentablemente, para la época en la que vivió Pessoa, la psiquiatría y la psicología no habían avanzado tanto como hasta hoy, así que su condición mental no pudo ser identificada adecuadamente.


Familia o drama en gente

De acuerdo con los múltiples testimonios que dejó mediante cartas y escritos, es altamente probable que Pessoa haya padecido algún grado de trastorno de personalidad. Pero con los datos fundamentales de la vida psíquica del poeta lusitano es posible aventurar ese diagnóstico.

Sin embargo, el TDP no es una forma de esquizofrenia. La mayoría de las personas creen que esquizofrenia significa “personalidad dividida”, lo que es incorrecto. La personalidad dividida es un trastorno de disociación de la personalidad, pero la esquizofrenia no. La esquizofrenia es un tipo crónico de psicosis que aparece como consecuencia de un desorden bioquímico o genético del cerebro, no de un trauma. Los esquizofrénicos no tienen diferentes personalidades.

Además, es relativamente simple detectar si el paciente es esquizofrénico o sufre trastorno de personalidad. Si es esquizofrénico, escucha voces que vienen fuera de él. Si sufre trastorno de personalidad, las voces provienen de su interior.

Quienes padecen TDP pueden experimentar depresión, cambios de humor, tendencias suicidas, desórdenes del sueño, insomnio, sonambulismo, ataques de pánico, fobias, abuso de drogas o alcohol, comportamiento compulsivo, dolores de cabeza, amnesia, pérdida de la noción del tiempo, entrar en una especie de trance o experiencias extracorporales. En casos extremos, pueden lastimarse a sí mismos.

Pessoa no precisamente llegó a lastimarse, pero su misma hermana refirió que bebía y fumaba mucho, se deprimía, cambiaba de humor, tomaba baños de agua fría, tenía fiebres, pasaba la noche en vela escribiendo, se quejaba de sus insomnios y hablaba de sus heterónimos como si fueran personas vivas.

En el TDP, una personalidad puede dividirse en varias partes o entidades, aunque generalmente sólo se manifiestan de tres a seis entidades, que son las más activas. Las demás permanecen relativamente en calma. incluso durante largos periodos, o puede que nada más se manifiesten una sola vez.

Al conjunto de entidades se les identifica como miembros de una “familia”, que es el yo del individuo. Cada miembro de la familia tiene una función diferente. También se pueden presentar miembros de diferentes edades y de sexos distintos incluso al del anfitrión: niños, adolescente, adultos. En algunos casos, se han presentado miembros en forma de animales fantásticos. O en otros los miembros tienen habilidades artísticas para la música o la pintura, que el anfitrión no sabe de dónde vienen. Por ejemplo, de repente se encuentra con que puede pintar o tienen facilidad para tocar algún instrumento.

Los principales heterónimos de Pessoa cumplían diferentes funciones. Alberto Caeiro, el primer heterónimo en manifestarse, paganista y filósofo antimetafísico, era considerado el “maestro” de todos los demás, incluso del mismo Pessoa. En tanto, Álvaro de Campos era ingeniero náutico de origen judío y representante del futurismo, mientras Ricardo Reis era un “latinista por educación ajena y semihelenista por educación propia”.

Con base en lo anterior, y de acuerdo con los datos disponibles, puede decirse que Fernando Pessoa padecía síntomas del Trastorno Disociativo de Personalidad. Si él se consideraba como “histérico-neurasténico”, se ve que posiblemente solicitó ayuda médica o que por lo menos leyó algún escrito psiquiátrico de la época, porque esa categoría ya está en desuso. Lo interesante es que logró integrar a través de la literatura las múltiples manifestaciones de su personalidad y crear una obra única.

Fernando Pessoa no ha sido ni el primero ni el único escritor que ha escrito desde otra personalidad diferente a la propia. La particularidad del llamado “Drama en gente” del lusitano es que cada heterónimo, por lo menos los tres más célebres, tenían una voz poética totalmente definida, preocupaciones estéticas y filosóficas plenamente distinguibles y hasta biografías minuciosamente detalladas, escritas por el mismo Pessoa.

Breve historia de la personalidad disociada

El primer estudio serio acerca de la personalidad disociada lo realizó Morton Prince, quien publicó en 1905 el libro The Dissociation of a Personality: The Hunt for the Real Miss Beauchamp (La disociación de una personalidad: en busca de la verdadera señorita Beauchamp), en el que narra el tratamiento psiquiátrico de una paciente, la miss Beauchamp del título, que tenía tres personalidades alternativas, las tres opuestas y complementarias. En este singular caso se basaron Corbett Thigpin y Hervey M. Cleckley para publicar en 1957 un exitoso libro titulado The Three Faces of Eve (Las tres caras de Eva), que después se convertiría en una famosa película protagonizada por Joanne Woodward.

En los años setenta del siglo pasado, este extraño padecimiento llamó la atención popular con el libro de Flora Schreiber titulado Sybil, publicado en 1976, que fue adaptado en una aclamada película para la televisión estelarizada por Sally Field, donde interpretó a una mujer con cerca de una treintena de personalidades diferentes.

Cuando apareció el libro de Cameron West, un estudio de Hollywood adquirió los derechos para filmar una película que sería actuada por Robin Williams. Sin embargo, el actor murió sin que se llevara a cabo. Finalmente, en 2016, apareció la cinta Split, dirigida por M. Night Shyamalan, en la que James McAvoy interpreta a un personaje con 24 personalidades diferentes y secuestra a tres adolescentes para sacrificarlas.

Todos somos multitudinarios

En su célebre ensayo sobre Pessoa, incluido como prólogo a la traducción que hizo a algunos de sus poemas, Octavio Paz desestima las hipótesis clínicas para explicar el fenómeno heteronómico del lusitano. Dice Paz: “Todo esto —como su soledad, su alcoholismo discreto y tantas otras cosas— nos da luces sobre su carácter, pero no nos explica sus poemas, que es lo único que en verdad nos importa”.

En este sentido, Pessoa no es un mentiroso ni su obra es una superchería, señala Paz, quien afirma que la mente moderna no soporta la existencia de la fábula. Y eso es precisamente la obra de Pessoa: una fábula, una ficción. Caeiro, Reis y Campos son creaciones poéticas y, “como toda creación, esos poetas nacieron de un juego. El arte es un juego —y otras cosas—. Pero sin juego no hay arte”.

La creación de un heterónimo es algo lúdico. Es mirarse a uno mismo con los ojos de otro. Se trata de imaginar un personaje, de preferencia de una cultura ajena en el tiempo y en el espacio e inventarle una biografía.

El objetivo del heterónimo tiene motivaciones estéticas más que psicológicas, aunque se han dado casos extremos, vinculados con aspectos orgánicos o al abuso del alcohol y las drogas. Pero en muchos casos se trata más que nada de integrar, de darle un orden a las muchas personas que es un escritor, como fue el caso de Pessoa, que a través de sus heterónimos logró dar cauce a ciertos relámpagos instintivo-intuitivos, que le permitieron crear obras perfectamente definidas para cada heterónimo.

Escribimos desde nosotros mismos, pues no podemos ser sacerdotes y dioses al mismo tiempo. Siempre existirá el deseo de vernos a nosotros mismos desde otros ojos para tratar de reflejarnos y encontrar un orden en la multitud de personas que somos.

En efecto: los poetas son personas más complejas que los demás seres humanos. Todos estamos formados por personalidades incompletas. Somos muchos dentro de uno solo: todas las personas somos multitudinarias.

Como apuntó Octavio Paz: “Escribimos para ser lo que somos o para ser aquello que no somos. En uno o en otro caso, nos buscamos a nosotros mismos. Y si tenemos la suerte de encontrarnos —señal de creación— descubriremos que somos un desconocido. Siempre el otro, siempre él, inseparable, ajeno, con tu cara y la mía, tú siempre conmigo y siempre solo”. 🃆

[Foto: Gonzalo Pérez]

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