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  • Emiliano Aréstegui

Ficción, praxis y utopía


El arte ocupa un campo autónomo, una facultad autónoma y una inteligencia autónoma,

esto lo divorcia del resto de las ciencias y de las inteligencias.

Trinidad Guerrero



Aristóteles dice que las letras escritas son los símbolos de la voz y que la voz es el sonido de las afecciones del alma, Touraine afirma que tenemos que trabajar los conceptos como si fueran herramientas, Foucault asevera que la filosofía es ficción y que de este acto creativo surgen los conceptos. Los conceptos son las herramientas que usamos para dialogar, pero el diálogo primero, es el monólogo interno, así pues, para dialogar con otros debemos darle voz no sólo a las ideas sino también a las afecciones del alma, es decir, para hablar con los otros, primero debemos analizar el espejo de nosotros, sin dejar de lado el sentipensar. El monólogo es el taller en que se ajustan, afilan y engrasan las herramientas conceptuales. Todo dialogo, supone también un monólogo, y todo diálogo valioso se lleva hacia el monologo. El juego de espejos va y viene de lo individual a lo colectivo y de regreso.

El arte de pensar es una fiesta y la disidencia llama a la rebeldía y la rebeldía se ejerce a través de la crítica. Así podemos ver que la modernidad no es un continuo sino un y venir en el canal de la historia. Un río al que se puede volver para revolver las ideas, para retrabajar los conceptos, para destruir el univocismo y su universalidad. Cuando Sigifredo Esquivel dice que el capitalismo es una utopía, hay en este decir un acto de rebeldía, un buscar en el multivocismo o equivocismo que niega el discurso capitalista: su lenguaje de machetes, su discurso desarrollista y su praxis necrodependiente y epistemicida. Crear conceptos desde la rebeldía es crear utopías y las utopías se deben leer no desde lo unívoco, pues nos toparíamos contra la pared de lo imposible. Los conceptos, igual que las ideas y las narraciones orales, como la praxis de Deleuze y Guattari, nos invitan a transfigurar los conceptos y llevarlos hacia la alegoría y de ahí a la práctica.

Crear conceptos y utopías es necesario para resistir los embates del capitalismo, pues esta guerra también es ideológica y necesitamos conceptos que reivindiquen los otros haceres. Tenemos el nosótrico de los tojolabales, la comunalidad de los pueblos zapotecas, los usos y costumbres de los pueblos originarios, tenemos la decolonialidad y la transmodernidad y tenemos la utopía para decir que la realidad capitalista es una imaginería insostenible, y desde otras utopías: zapatistas, comunitarias, tojolabales, construir una alternativa desde los márgenes. Decirlo es ya una utopía y es también el primer paso para hacerlo.

Lo que podríamos hacer es dejar de participar del espistemicidio y combatir desde la disidencia. Y debemos hacerlo no desde las estrategias necrófilas, debemos resistir, disentir, volcarnos en lo común y trabajar desde lo comunitario para abrir espacios que inviten al diálogo y a la crítica. Festejar lo poco como si fuera mucho para seguir y seguir festejando, porque la rebeldía debe ser cantada y escrita y esculpida y llevar la intuición y las artes por bandera.

En realidad, no somos más que ficciones y las ficciones son hologramas de lo posible. Somos constructores de conocimiento, somos trabajadores de las ideas. Urgen nuevos poetas porque urgen nuevos relatos que abran ventanas. Debemos volver a la retórica y a la metáfora, a la belleza de la inclusión y su horizontalidad, debemos buscar nuevos paisajes y engalanar nuestras formas de poesía para disentir desde el contraste: biofilía vs necrofilia, universalismo vs pluralismo, decolonialidad vs colonialismo.

Nuevos conceptos nos aguardan, y las utopías ya están en construcción, toca participar, escribir, pensar, cuestionar. Toca soñar que somos dioses inútiles y que debemos reconstruir lo que echamos a perder en el obtuso sueño de la omnipotencia capitalista. ⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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