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  • Paul Medrano

Kardashian y la generación yutuber


¿Cuánto cuestan 10 minutos de fama? Al día de hoy: madrear una prenda histórica y 5 mil dólares.

Eso es lo que tuvo que hacer Kim Kardashian para que pudiera jincarse el vestido que Marilyn Monroe usó para cantar el Happy birthday, mister president, en el Madison Square Garden de Nueva York, en mayo de 1962.

Si digo jincarse, es porque eso es lo que hizo. El resultado pudimos verlo: El enorme trasero lleno de silicona no entró en este illusion dress, hecho a la medida para Marilyn Monroe (la leyenda cuenta que se ciñó directamente a su cuerpo sin siquiera darle tiempo de ponerse ropa interior). Kim tuvo que usar un abrigo de piel, a modo de chal, para que tapara el hueco que quedó en la parte posterior, a causa de los enormes implantes. El acuerdo con el propietario indicaba que sólo debía usarlo durante la alfombra roja y que tenía prohibido sentarse. Después, se puso una réplica, esta sí, hecha a su medida, que es con la que se tomó fotos sin el abrigo.

Llevamos al menos dos generaciones de jóvenes formadas por los yutubers (en su mayoría, gente gris que comparte su grisura con millones de seguidores). Dos generaciones y de aquí en adelante empezaremos a ver los resultados.

El más reciente ocurrió con el sutil vestido creado por el diseñador Jean Louis.

Cuando se difundieron las fotos de Kardashian, embutida en el delicado vestido adornado con 6 mil cristales, no pocos consideraron lógico que una de las mujeres más famosas del planeta, se caracterizara de otra mujer que, en su momento, también lo fue. Aunque ambas son famosas, no hay punto de comparación. Y no entraré en detalles que fácilmente pueden encontrar. Solo diré que, si crees que Marilyn sólo era una rubia tonta que fiesteaba a morir, es una señal patente del abuso de yutubers.

Lo triste es que todo queda nomás en lo anecdótico, lo banal y lo efímero de las redes sociales. Claro, redes sociales que gente como Kim puede convertir en dinero a costa de todo. Incluso uno tan alto como para equipararse con un símbolo como Monroe.

En 1983, Gilles Lipovetsky consideró: “Vivimos para nosotros mismos, sin preocuparnos por nuestras tradiciones y nuestra posteridad: el sentido histórico ha sido olvidado de la misma manera que los valores”.

En su ensayo Narciso o la estrategia del vacío, el filósofo francés vislumbró la sociedad en la que viviríamos 20 años después. “El narcisismo, nueva tecnología de control flexible y autogestionado, socializa desocializando, pone a los individuos de acuerdo con un sistema social pulverizado, mientras glorifica el reino de la expansión del Ego puro”.

Hace meses vimos a otro yutuber lamer piezas del Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México. Respeto ya no es un límite ético, sino una mera acción del falange para oprimir un botón. Todo lo demás no importa.

Supongo que, lo que sigue, es que algún incordio asista a una alfombra roja con las gafas que John Lennon llevaba cuando fue asesinado; el vestido que Selena que usó en el Astrodome en el 94 o el penacho de Moctezuma que se desmorona en Austria. No importa qué tan descabellada sea la idea. De cualquier modo, a la industria basura de los yutubers sólo le importan los likes, los aplausos y los dólares.

Nucio Ordine asegura que no se necesita poseer para sentir placer. Y esto es algo que no tiene mucho sentido en el mundo digital que nos absorbe. Lo vemos en acciones como la de Kardashian. Dañando un objeto que nunca debió salir del Ripley’s Believe It or Not! Museum de Orlando, Florida. Acelerando la descomposición de la prenda y negando que futuras generaciones cultiven la memoria, admiren el concepto de belleza de una época y conozcan un momento de la historia que fue irrepetible.

Actos como el de Kardashian, nos llevan a pensar que se confunde patrimonio con coleccionismo. Muchos creen que el dinero les zanja el derecho a devorar cualquier cosa. Devorarla y luego regurgitarla como basura para que miles de personas la consuman. Es cosa común ver a personas adineradas que se cumplen caprichos ridículos y eminentemente idiotas, todo con tal de engrosar sus recuas de seguidores y por ende, sus de por sí gruesas cuentas bancarias. Dinero a costa de lo que sea. Incluso a costa del patrimonio.

Patrimonio es una palabra que proviene del latín patrimonium. Es decir, los que los padres entregaban a sus hijos. Sin embargo, la palabra no sólo define a una herencia económica, sino también a un legado espiritual.

Habría que preguntarse si estamos cuidando lo suficientemente bien el legado espiritual que dejaremos a las generaciones venideras. Con gente como Kardashian, parece que no es así.⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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