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  • Jorge Salazar

La guerra de las dos vírgenes

Actualizado: 14 abr

En La guerra de las dos vírgenes de Jan De Jus historiador belga y religioso jesuita, no puede sustraerse de su encuadre religioso al estudiar las rebeliones indígenas del siglo XVIII en el sureste indígena.

Tiene mucho mérito el trabajo del historiador. Es un texto desarrollado ordenadamente de los que parece ser una avalancha de archivos, libros, novelas, obras de teatro, un guión de cine y la tradición oral.

Si bien es cierto que la bandera de la insurrección fue el culto a la virgen, hay elementos de la propia lectura que nos indican que la rebelión encierra elementos económicos, sociales, culturales, espirituales y políticos. En concreto, la confrontación racial, la disputa por el autogobierno, la cosmovisión espiritual y la autodeterminación.

Las fuentes del autor para escribir este suceso histórico de los pueblos “naturales”, nos alerta del cuidado con que deben de abordarse. Son cartas de frailes a sus superiores, donde el emisor es un actor principal y contra parte de los sucesos, son el motivo de la rebelión de los indígenas, es el choque de lo que son y representan. No hay objetividad de los frailes dominicos para referir los hechos; hay prejuicios, reprobación, juicio y sentencia a todo lo que sale de su “orden y dominio” por los indígenas.

Los autos judiciales, es un proceso deliberadamente condenatorio y falseado para justificar la represión y aplastamiento de la cosmovisión indígena y su anhelada libertad. El orden civil se viste de legalidad en todos sus actos de autoridad, para apresar, someter, perseguir, azotar, castigar, matar, y hasta deportar la disidencia y cualquier acto de rebeldía, para mostrar su fuerza, aleccionar e inhibir cualquier otra manifestación de descontento.

La rebelión indígena en Chiapas del siglo XVIII, se presenta dentro de una estructura de dominio vertical civil de rey-virrey-gobernador-alcaldes-regidores, eclesiástica de obispo-cura-fiscales-maestro de coro-sacristanes-mayordomos y un cuerpo auxiliar civil y eclesiástico de los indígenas. Las estructuras horizontales de los indígenas, recae en los Principales con mayor ascendencia en la vida comunitaria. Estas dos últimas estructuras subsisten hasta la actualidad.

Desde otra perspectiva, las rebeliones en su generalidad tienen tres componentes: Lo real, lo simbólico y lo imaginario. En este esquema, lo real es el dominio y sojuzgamiento de blancos y mestizos a un pueblo originario de fuertes raíces culturales. Lo simbólico es representado por el jaguar/virgen que hermana a los pueblos indígenas para luchar contra los abusos de los invasores. Lo imaginario es una virgen que solo les habla a ellos, que promete “ayuda y favor”, con dar maíz, frijol e hijos, la promesa de la reencarnación, de ayudarles acabar con los “demonios judíos blancos”.

Lo que interpreta el Jan De Vos de los autos y las cartas, es que existe una falsificación de la deidad instrumentada por “indios ladinos” para disputar el poder a los blancos civiles o religiosos, vía insurrección. Y reduce a un falso sincretismo religioso la disputa por el mundo espiritual.

La proclama anarquista de los Ácratas europeos del siglo XIX de “sin dios, ni rey, ni amo” pareciera extraña en esos tiempos y latitudes, sin embargo, retomando la entrevista que le realizan a Jan De Vos, donde sostiene que “Los indígenas merecen ser sujetos de su propia historia”. Luego entonces la proclama de los indígenas chiapanecos del siglo XVIII es inspiradora de otras formaciones sociales, con sus anhelos y sus luchas libertarias. Quizás, puede ser que la rebelión indígena inspira a los ácratas europeos. ⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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