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  • Carlos F. Ortiz

Noches húmedas y otras ficciones


He contado muchas mentiras en mi vida, tantas que ya no recuerdo cuántas (esta podría ser una de ellas). Es más no sé ya distinguir entre la mentira y la verdad. Realmente nací en 1968 cuando el movimiento estudiantil y las olimpiadas, y que mamá estaba en el Azteca mirando correr a Jim Hines los 100 metros, cuando me dio a luz, y que mi padre fue uno de los desaparecidos del movimiento estudiantil y del que no supe nada en toda mi infancia y adolescencia. De él conservo sólo una foto muy borrosa donde se veía a un hombre con un pequeño bigotito estilo Cantinflas y una boina calada. Según tengo memoria mi padrino de bautizo fue Octavio Paz, cuando me vio en brazos de mi madre se alcanzó a escuchar en un leve susurro: pequeño reflejo de un instante que logro asir en el espacio. Pero de eso no guardo nada que lo certifique, únicamente mi gusto por Los Simpson, como dicen le gustaba a mi padrino.

Cuando tenía cinco años tocaba el piano, Mozart, Bethoven, Haydn, eran parte de mi pequeño repertorio, luego lo olvidé todo, porque dejé de practicar todas las mañanas y tardes, mamá empeñó el piano y nunca pudo rescatarlo del Monte de Piedad. Leí En búsqueda del tiempo perdido en dos días cuando contaba con sólo ocho años, mi primer experiencia sexual fue con Anastasia, mi prima que me llevaba por seis años —que después perdiera la vida entre las vías de un tren—, fue en el cuarto de mis padres mientras jugábamos a no sé qué cosa, y ahí ella y yo explorando nuestros cuerpos, ella lo desmintió una tarde, que nunca tuvo ningún tipo de contacto conmigo, que es más nunca sintió atracción por mí, quizá lo olvidó, o es posible que nunca hubiera pasado, pero se lo platiqué a todos mis amigos, hasta a mi psicólogo en una charla que tuvimos cuando sufrí mi primera recaída.

Visito a mi psicólogo desde los 12 años, sufro de un sinfín de pequeños traumas, soy una especie de catálogo viviente de patologías y enfermedades: trastornos del espectro autista, esquizofrenia, bipolar, de pánico, trastornos de ansiedad, una gran variedad de fobias, déficit de atención e hiperactividad, trastornos de la alimentación, de la personalidad, del estado de ánimo, que son los más visibles.

La primera vez que llegué con el doctor Hellmens fue porque tenía tres días sin dormir, ya que temía morir dentro de mis sueños, traía unas ojeras terribles, estaba en un estado deplorable. De ahí mis visitas al doctor son continuas y constantes. Gasto más en terapias que en prostitutas. Y eso ya es demasiado. He tenido más de mil amantes, si alguien escribiera sobre mi vida amorosa seguro tendría un betsellers en sus manos, mayor que el de E. L. James.

Una ocasión en un bar de Naucalpan me agarré a chingadazos con Carlos Zárate, El Cañas, fue una pelea épica, dos horas dándonos con todo, pura caña, ya no recuerdo ni porqué empezamos la trifulca, había sangre por todos lados, y hombres levantando apuestas. Tarde tres meses en recuperarme del todo. Dos costillas rotas, el ojo izquierdo tan inflamado que parecía iba a salir en cualquier momento desprendido. El tabique desviado, los nudillos de mis manos destrozados. Pero no fue la única pelea en la que me vi inmiscuido, hace diez años me agarré con cinco jóvenes que estaban molestando a Thalia en el metro Hidalgo. Sí la cantante, la buenota. No sé qué hacía ella esa noche en ese lugar, sola, cuando cinco tipos llegaron y comenzaron a querer tocarle las nalgas. No podía permitirlo, nunca me he permitido ese tipo de cosas, que otros abusen, y sin pensarlo me lance contra los cinco tipos, fue una pelea campal, una batalla desigual, donde al final me vi vencedor, los tipos derrotados salieron corriendo. Thalia me ayudó a sostenerme en pie y nos dirigimos a un hotel del Zócalo. Con ella di menor batalla, debo aclarar, en la tercera embestida terminé derrotado ante sus encantos, tenía una manera tan dulce de mover las caderas. Tardé seis meses en recuperarme de su cuerpo, aún tengo breves y terribles secuelas e imploro su nombre de musa por las noches húmedas. Todo esto sería mentira si no fuera verdad. ⚅

oto: DE]

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