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  • JL Amaro

Polímeros en la ficción


A finales de septiembre de este año, en un estudio de la universidad de Waseda, Japón, se descubrió microplásticos en las nubes. El hallazgo preocupa a los especialistas, pero, parece que sólo a ellos. El descubrimiento se desliza en un molde subjetivo (cansado ya de esperar) dentro de una sociedad apática y colmada de contaminación ambiental. Es decir, que a nadie el importa.

Incluso, hablar de estos después del huracán en Acapulco, me parece necesario, aunque algo frívolo (lo reconozco). La ironía, más que el impacto de dicho descubrimiento, encuentra una realidad porosa y conectada por causas y efectos. Lo que llama la atención: por un lado el plástico en el mar (la imagen de la tortuga, el delfín, pelicanos etcétera torturados por un popote o bolsa), en los bosques, ríos, barrancas de las ciudades (el Huacapa como atracción turística), plástico en la sangre, en la comida y ahora en las nubes. Un combo de polietileno poliamoroso que acepta cualquier espacio del planeta.

Por otro lado la relación cultural que se tiene con el plástico como presencia, como ente. En esto atina muy bien el artista belga Lawrence Malstaf, con su performance Shrink 01995. Una obra donde se aprisiona a personas dentro de una enorme bolsa de plástico y se les encoge, dejando un respiradero para el oxígeno. El performance es perturbador, inquieta la mirada, las posturas que cambian con dificultad son el discurso crítico y metafórico de lo que estamos viviendo. El arte suele ser violento proporcionalmente con el reflejo de la realidad. La relación arte-entorno comparten crisis. Se puede hablar de la crisis del arte y del medio ambiente de forma separada y delimitada por sus cualidades y dimensiones, claro. Pero existe una intersección donde se encuentra la base de un discurso complejo de alarma. Algo quiso decir Walter Benjamín que se puede escuchar en Álvaro Luna y su libro La era del plástico (2020).

El poemario Grolar (2023) del poeta zacatecano Raúl García Rodríguez, manifiesta una noble preocupación y una profundidad poética accesible a cualquier lector. Los osos que caminan en sus poemas son el espejo de una crisis donde nos reflejamos todos. La naturaleza y el medio ambiente supeditan material para la creación artística desde hace muchos siglos. Sirven como fuente de inspiración. Las incontables experiencias de caminatas en los bosques, contemplaciones de cielos preñados de formas, el trino de las cascadas, todo ese acervo inmaterial que no tiene precio. Pero quienes nos servimos de esta fuente, muy pocas veces regresamos el favor. Este es el dilema que hoy nos azota.

Ahora, con tanto plástico (microplástico) en todas partes, cuando venga un poeta muy feliz con su verso: “La plasticidad de las nubes” estará hablando en sentido literal y metafórico al mismo tiempo sin saberlo. O al decir: “Los colores del cielo, de las montañas y los ríos” se estarán asomando micropartes de botellas de Fabuloso, Coca-Cola, Sabritas, o restos de condones abiertos con prisa. Se puede estar condenando la poesía a versos polisémicos y ambiguos. Otro problema para la traducción. Y en todo caso, para fines prácticos, es el menor de los problemas.

Alguien tendrá que avisarle al espíritu literario de las distopías y apocalipsis que renueven su inventiva puesto que están siendo retados por una realidad que se les va subiendo a las barbas. Bueno, si lo pensamos bien, los apocalipsis siempre nos han estado llegando en pequeñas proporciones.

Podemos imaginar al Ray Bradbury del futuro extremando cuidados para que ninguno de sus personajes prenda un cerillo en campo abierto pues con el puro plástico del aire puede quemar una novela demasiado corta. El caballo de la ficción tiene que cerrar en la próxima curva.

En la mayoría de mis reflexiones tengo la manía de arrastrar los temas al terreno de la literatura y otras artes. Pienso que este espacio guarda el potencial para generar cambios cualitativos y sublimes en las personas. Quizá pocos y discretos; pero una vez logrados, son inamovibles e irreductibles. Y que pueden ser valores sólidos de una persona embestida de poder que no dudará en salvar lo que valga la pena salvar del planeta.

O quizá es puro idealismo mío, que sueño despierto y que al final estaba equivocado. ⚅

oto: Carlos Ortiz]

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