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  • Efraim Medina Reyes

Curso acelerado de inteligencia básica III




I

Pienso en el talante y en el hecho que las personas puedan ser afables e incluso bien intencionadas, pero esto no significa que tengan buen juicio. El buen juicio es una virtud muy escasa que requiere una compresión extraordinaria de lo que somos y lo que son los otros. Y el buen juicio es un don espiritual que nace con el individuo. Así las personas pueden ser buenas, afables, tener una sólida formación intelectual o todo el oro del mundo y al mismo tiempo carecer totalmente de buen juicio. Y sin buen juicio lo que reina es la vulgaridad, la falta de lucidez y criterio y el desatino. Y cuando alguien sin buen juicio ejercita el poder resulta peligroso. Y entre más bueno y bien intencionado sea más peligroso será. Un rasgo común de quienes carecen de buen juicio es la incapacidad de reconocer su propia y sobrenatural ignorancia y si ocupan puestos de poder el desastre está garantizado. Quien no tiene buen juicio obviamente no tiene humildad ni visión periférica, pero está repleto de ambiciones y dará al cúmulo de información que posee el valor de su propio juicio y se verá a sí mismo y lo que lo rodea a través de lo que cree saber. Una inversión total de elementos porque el buen juicio no se relaciona en ningún caso con la información o ilustración sino con la armonía natural. Y es fatal que este tipo de seres, en vez de asumir sus limitaciones y su vulgaridad en cuestiones vitales de la existencia y de reconocer su falta de criterio ético o estético, ejerzan dicha ignorancia con la convicción de expresar precisamente aquello de lo que carecen y lo harán, siendo buenos, con trágica generosidad ya que es así que el mundo se inunda de afable idiotez y afectuoso mal gusto. La información no es categoría del saber. Quien tiene buen juicio y poder entiende que su oficio no es dar órdenes sino manifestar el concepto de orden y esto supone que los actos tengan la suficiente coherencia para dar el sentido y poner cada cosa en el espacio que le corresponde y de este modo crear armonía. Orden es elegancia, gentileza, reconocer la grandeza en el otro y la humildad en sí mismo. Quien tiene buen juicio no pone límites a su franqueza y mucho menos a su comprensión y tolerancia.


II

No tiene sentido desesperarnos ni caer en la amargura por aquello que no podemos cambiar, si el pan cae de tus manos y te asquea recogerlo déjalo allí y piensa que acabas de arrojarlo para que las hormigas tengan un festín inesperado. La serenidad ante lo que no podemos cambiar es ya un modo de empezar a cambiarlo porque significa aceptar que somos distintos y por tanto podemos observar y analizar sin rencor eso que quisiéramos cambiar y significa, de un modo gentil y misterioso que ya somos eso que pretendemos cambiar y por tanto lo hemos cambiado. No ser corruptos ya es un modo pacifico, enérgico y discreto de combatir la corrupción, si gritamos nadie podrá escucharnos, las acciones visibles son aquellas que carecen de énfasis y dan forma al silencio como las nubes al cielo. ⚅

[Foto: DE]

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