El piso parlanchín

Aquella tarde de sábado me encontraba durmiendo. Estaba cansado de trabajar por la noche. De pronto, el ruido de la bicicleta de Vadhir me despertó. Traté de dormir otra vez, pero él continuó jugando en el patio. Yo simplemente cerré los ojos e imaginé estar durmiendo.
La abuela gritó desde la cocina:
—¿Está lloviendo, Vadhir?
—No, abue.
—Sí está lloviendo, ¡YA MÉTETE!
—No, abue, aún no llueve.
—Hay gotas en el piso.
—¿Y eso qué?
—El piso te dice las cosas, y las gotas en él dicen que ya está lloviendo.
Escuché cómo Vadhir entraba a la casa haciendo su berrinche. Su abue, con paciencia, le explicaba que mojarse le haría daño. Yo seguí acostado con los ojos cerrados, imaginando que dormía. Me pareció absurda la idea del piso parlante: “¿Cómo el piso te va a decir las cosas?”. Me quedé dormido con esa idea. Al despertar, seguí pensando en lo mismo. Mi mente no dejaba de chingarme con eso.
Me senté en la cama, miré al suelo en busca de mis pantuflas. Recordé cuando ella dormía a mi lado y sus pantuflas estaban junto a las mías. Recordé las noches de hacer el amor y su ropa tirada junto a la mía, pero hoy, en ese piso de loseta blanca, solo están mis pantuflas y su ausencia. Escuché en mi cabeza: “El piso te dice las cosas”.
Llegó la noche. Salí por unas cervezas a la tienda, me bebí la primera y, antes de terminarla, a manera de homenaje, dejé caer un trago al suelo por mis amigos muertos. Miré las gotas en la tierra, eché de menos a todos mis amigos que en algún momento me acompañaron en la ebriedad, pero que hoy ya no están. “El piso te dice las cosas”.
Seguí bebiendo hasta que me sentí asqueado. Corrí hasta un poste; ahí vomité. Miré la banqueta llena de mis jugos gástricos; un hilo de saliva colgaba de mi boca. Corté el hilo y me quedé un rato mirando mi basca, en espera de sentirme mejor. Con esa imagen entendí que estaba hasta la madre de borracho. "El piso te dice las cosas".
Me enjuagué la boca con cerveza, compré unos chicles, cigarros y caguamas. Me fui a continuar con mi peda al estacionamiento de una casa abandonada. Llegó mi compa el Gordo. Empezamos a pistear y platicar de cuanta tontería se nos ocurriera. En mi mente seguía la idea de “el piso parlante”. Comencé a conectar hechos del pasado.
Vino a mi mente la noche de hace cuatro años, cuando me accidenté en una motocicleta. Lo primero que vi cuando recuperé la conciencia fue el suelo lleno de sangre. Tuve miedo a la muerte, pero entendí los riesgos de manejar ebrio. “El piso me dijo las cosas”.
La noche seguía entre chelas y pláticas. Me sentí mal, demasiado borracho. Me despedí del Gordo, di unos pasos hacia mi casa, pero me caí. No podía ponerme de pie. Comencé a reír. Entendí que, literalmente, estaba en el suelo y que el piso me decía: “Estás en lo más bajo de tu vida”.
Caminé recargándome en las paredes hasta que por fin llegué a casa. Me senté en la cama, tomé el bote de basura y vomité toda la bilis que me quedaba. Miré el suelo y noté gotas en él. El piso me dijo: “Si no te has dado cuenta de que estás en lo más bajo, esas lágrimas que estás derramando te lo confirman”.
Comencé a reír mientras lloraba. 🂓
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[Foto: Eric Miralrío]




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