Odio

Cuando me sentía sola, pensaba que era una araña y tejería una tela tan grande que atraparía estrellas, mariposas y el alma de los que se fueron sin darme el último abrazo.
Como toda araña, soy rara y diferente; todos me miraban con repugnancia, miedo e indiferencia. Algunos, con curiosidad para saber qué hace ese pequeño bicho.
Descubrí que podía tejer trenzas, palabras y sueños.
Mi mundo cambió, los dos crecimos, caminaba entre cientos de personas de opiniones buenas y malas.
Aprendí a esconderme, a enojarme, a callar y a odiar.
Odiaba el miedo a no encajar y la obligación de ser igual.
Odiaba ser aislada.
Odiaba que mi cuerpo cambiara y el dolor que producía.
Odiaba no poder comer lo mismo que todos.
Odiaba las burlas de las tías y compañeros.
Odiaba que no valía mi opinión.
Odiaba ser invisible.
Odiaba ser diferente.
Hoy camino entre mundos con gran facilidad, aprendí que las arañas atrapamos luz y sombra para tejer puentes.
Aún
Odio las bromas.
Odio dejar mis gustos.
Odio tener que quedar bien.
Odio las palabras huecas.
Odio convencerme para ser comprensiva y consecuente.
Odio dejarme diluir diariamente. 🂓
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[Foto: Gonzalo Pérez]




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