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Yo disfrutaba mi trabajo

Alfonso Morcillo
hace 9 minutos
4 min de lectura

Disfrutaba trabajar en lo que he trabajado. Nunca un día fue igual al otro. Es decir, no me sentaba en una silla a hacer o cumplir tareas cotidianas, reiterativas, aburridas quizás. No estaba sentado. Nunca un día fue igual al otro.

Pasé tiempo, sí, en una computadora, viendo redes sociales, como lo hacen muchos. Perdí tiempo, sí, contestando mensajes. Tuve incluso la gracia de ver partidos de futbol, Champions, y trabajar al mismo tiempo. Disfruté mi trabajo. Se hacía pesado en ciertos días y sobre todo noches. Incluso esas jornadas nocturnas de 24 horas, aunque me quejé en su momento, las disfruté.

He disfrutado mis trabajos. En publicidad. En periodismo. En comunicación social. Pocos entenderán qué carajo se hace en una u otra u otra labor. La cosa es que nunca hay un día igual al otro. Y no estuve sentado ocho horas frente a una computadora. Podía pasar dos horas escribiendo, pero cinco o seis moviéndome a cambio de otras ocho viendo en un monitor discutir a 128 personajes, a veces fueron 500. Es un decir. De 128 discutían 12 reiteradamente. De 500 discutían 30. Fue divertido, exhausto, sí, pero divertido ver peleas verbales que casi llegaban a los golpes. Ver el nivel de discusión de los políticos es de risa y de pena ajena.

Nunca un día fue igual al otro. Lo reitero. En ese sentido, nunca un día fue aburrido. Imagino al contador todos los días haciendo sumas, restas, multiplicaciones sentado en su aposento, ese que nadie le robará, hundido en su silla ocho horas, con su café pedorro, soluble, con tres cucharadas de azúcar y su pan. Imagino a quienes ustedes quieran, sentada en su silla, apoderada de un teléfono, recibiendo gente, con su exiguo poder, negando la entrada a quien lo pide, esperando la autorización de quien le permitirá la entrada a un lugar horrible para ver a un burócrata de cagada. Imagino a esa persona, ustedes también, a esa persona, cumpliendo sus ocho horas sentada, viendo sus redes sociales, haciendo que trabaja y trabaja por ratos esperando se le den las ocho horas de trabajo, anhelando su hora de comida, haciendo su traslado de dos horas de ida y otras dos de vuelta, durmiendo en el autobús, el micro o la combi. Quizás sean ustedes algunos de ellos. Quizás no. Todos afortunados por tener trabajo. A diferencia de quienes no lo tienen.

Fui afortunado de tener un trabajo en el cual puedo pitorrearme de quienes tienen un trabajo en el que estar sentado ocho horas, sea lo que sea que hagas, es estar eso, sentado, salir a cagar, mear, comer, mientras tu culo se amolda a la silla o la silla a ti. Afortunado. Porque sigues con tu trabajo.

Hay quienes tienen que levantar cajas y cajas para que tú puedas comer, vestirte y trabajan sábados y domingos. Hay quienes sirven chelas, comida cuando tú estás de descanso. Y les das una propina. Y les reclamas si te dan mala atención. Incluso te pones idiota si te ven feo. Hay otros, a quienes les pagas con un billete de 500 por comprar un producto de 25 pesos y demandas cambio y te pones como orangután si no te lo tienen.

Pero no eres el señor Slim, no tienes los millones. Trabajas. Ya sea de lunes a viernes. O de lunes a lunes con un día de descanso. Eres un asalariado de mierda que se cree que porque descansa sábado y domingo tiene derechos especiales por los que trabajan de domingo a domingo.

¿Sabes algo? Tú que eres asalariado de lunes a viernes sentado en tu aposento, nunca tendrás un día distinto. Tus días serán todos iguales. Estarás sentado en tu cómoda silla y verás una computadora hasta el final de tus días, si el patrón te lo permite.

Hay otros que se verán el día a día. Gozarán, sufrirán. Podrán no tener hora fija de comida. Quizá no coman en su hora. O quizá no coman. No estarán sentados esperando que dé la hora de su comida. Estarán preparando sus instrumentos para tocar una pieza musical, o de cine o de teatro. Estarán preparando tus alimentos con sus manos limpias y una cofia en su cabeza. Estarán poniendo en tu mano lo que tú pondrás en tu mesa. O te llevarán en moto lo que tú comerás. Habrá otros que limpiarán tu basura. Y otros que la llevarán a un depósito mientras tú duermes.

Sí, sigue creyendo que tú mueves al mundo con tu sueldito y tu salario y tu jornada de lunes a viernes. Incluso con esos con los que te diviertes, trabajan para que tú veas tu concierto o vayas al cine. Descansa. Siéntate en tu mullida silla, te dolerá la espalda al final del día y tu muñeca derecha te reclamará, a menos que seas zurdo.

Trabaja duro. Eres el trabajador que soporta a la economía de un país. Ya no hablemos de los burócratas. Yo lo fui. Esa es otra historia. Sigue creyendo eso eres. Un trabajador indispensable, necesario, nunca prescindible. Descansa tus fines de semana. 🂓

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[Foto: Gonzalo Pérez]

 
 
 

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