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Esbozos contemporáneos del nazismo: la guerra contra Haití

  • Fabián Hernández Murillo
  • hace 1 día
  • 3 min de lectura

La decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos de terminar el Estatus de Protección Temporal para Haití marca la victoria de una lucha política del presidente Donald Trump que inició hace más de diez años contra la inmigración y abre la puerta a la deportación de más de 350 mil haitianos, así como de 6 mil 100 sirios. Los defensores de los derechos humanos afirmaron, al igual que la magistrada Elena Kagan y otros dos jueces, que, en el caso de los haitianos, el gobierno federal y sus agencias estaban motivados por prejuicios contra las personas negras y contra la población haitiana, lo que presupone una violación de las prohibiciones constitucionales. Este ensayo muestra que los modelos de política de Estados Unidos tienen un fundamento en las políticas raciales de la Alemania nazi y que el TPS constituye un programa de confinamiento que, en el caso haitiano, termina al conseguir su objetivo final: la deportación de las nacionalidades beneficiadas. En este momento abordaré el caso de Haití.

En Mi lucha, Adolf Hitler escribió: «Existe una nación extranjera en la cual se deja ya sentir, por lo menos tímidamente, la iniciación de un mejor criterio: es en los Estados Unidos de Norteamérica donde se nota el empeño de buscar, en este orden, el consejo de la razón. Al prohibir terminantemente la entrada a su territorio de inmigrantes afectados por enfermedades infectocontagiosas y excluir de la naturalización, sin reparo alguno, a los elementos de determinadas razas, los Estados Unidos reconocen en parte el principio que fundamenta la concepción racial del Estado nacionalsocialista».

Mientras Adolf Hitler escribía el primer volumen de su manifiesto, Mi lucha, durante su encarcelamiento en Landsberg, el Congreso de Estados Unidos ya había creado, el 28 de mayo de 1924, la Patrulla Fronteriza. La Ley de Inmigración de 1924, conocida como Johnson-Reed, incluyó una disposición que excluía la entrada a cualquier extranjero que, por motivos de raza o nacionalidad, no reuniera los requisitos para obtener la ciudadanía. Las leyes de nacionalidad vigentes, que databan de 1790 y 1870, impedían la naturalización de personas de ascendencia asiática y de mujeres que ejercían la prostitución.

Las operaciones antiinmigrantes no comenzaron en la era Trump. En septiembre de 2021, un grupo de migrantes haitianos intentaba desalojar el campamento de más de 15 mil personas, mayoritariamente haitianas, instalado entre Ciudad Acuña, Coahuila, y Del Río, Texas. Este grupo se dirigía a México para conseguir comida y agua para sus familias. Al regresar, sus integrantes fueron embestidos y atacados a latigazos por la caballería del sector del río. Este acontecimiento nos lleva a evocar las atrocidades de la caballería de las SS-Kavallerie-Brigade, bajo el mando de Hermann Fegelein, en las marismas de Prípiat en 1941.

La reciente legislación contra los haitianos nos lleva a pensar que vivimos en un tiempo de horror parecido al que experimentaron miles de migrantes judíos durante el régimen del Reich, con la significativa diferencia de que entonces no existían redes sociales para alimentar el odio contra una comunidad racial o de género, ni los actuales instrumentos de coerción económica, militar y tecnológica. En este punto es importante detenernos: el aspecto tecnológico permite demostrar hasta qué punto la oligarquía tecnológica ha tomado el timón del gobierno. Elon Musk dirigió el Departamento de Eficiencia Gubernamental, responsable del recorte de 300 mil millones de dólares de ayuda a Haití en el año fiscal 2024. Estos antecedentes nos permiten comprender el contexto político e ideológico en el que debe analizarse el caso haitiano. ⚅

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[Foto: Alfonso Morcillo]

 
 
 

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