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Mini crónicas de taxistas

  • Porfirio Miguel Hernández Cabrera
  • hace 18 minutos
  • 2 Min. de lectura

26 de enero de 2017.

—Pa’ comida, padre, pa’ comida, papá —pide uno de los cada vez más frecuentes hombres hondureños, con su pequeño hijo a un lado, a los automovilistas en los cruceros de La Pastora y La Escalera (cerca de Cuautepec y, relativamente, de Tultitlán y otros rumbos del Estado de México por donde pasa “La Bestia” hacia Estados Unidos), mostrando un arrugado billete nacional como símbolo de identidad y de comprobación de su estatus de inmigrante.

El taxista con el que viajo le contesta:

—¡Córrele, padre!, antes de que Trump levante el muro.

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19 de agosto de 2017.

—Yo soy amigo de los amigos y culero de los culeros —me dice el taxista, sopesando con circunspección las palabras de su máxima.

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24 de agosto de 2017.

—Yo digo que la infancia es para vivirla feliz, la juventud para echar desmadre, la adultez para trabajar un chingo y la vejez para vivir con tranquilidad.

Las etapas de la vida según un taxista de Cuautepec, Ciudad de México.

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6 de septiembre de 2017.

—… De todo me ha tocado en la vida. Lo único que no sé es a qué sabe la verga ni qué se siente dar a luz —me cuenta, orgulloso, el conductor de un “vocho pirata” de Cuautepec.

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22 de septiembre de 2017.

—Los niños son los que mueven al mundo. Está como cuando lo de la influenza… No había trabajo ni gente en la calle —se queja un taxista de la colonia Lindavista ante la escasez de pasaje (y de ingresos) por la suspensión de actividades escolares en Ciudad de México debido al terremoto del 19 de septiembre de 2017.

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8 de octubre de 2017.

—… Y llegamos a la universidad que hizo López Obrador… ¡Qué López Obrador! ¡La hizo el pueblo! ¿O no, don? —me cuestiona irónicamente el taxista “pirata” al estacionarse frente a la entrada de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, plantel Cuautepec. ⚅

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[Foto: Vanessa Hernández]

 
 
 

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