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Océano madre con todos mis amantes

  • Flor Venalonso Neri
  • hace 4 horas
  • 4 Min. de lectura

Se nos ha dicho que, como mujeres, tenemos una edad en la cual nuestra fertilidad alcanza un pico y se desvanece en un abrir y cerrar de ojos. ¿Cómo podemos imaginar ese instante cuando existen mil posibilidades de abordarlo, de cuestionarlo, de desearlo o de negarnos a vivirlo? La maternidad no es sólo un acto de ternura y de cuidados. Es un proceso que va desde la ilusión, el amor y el deseo… o puede surgir desde la negación, el cuestionamiento, la desilusión, la nulidad. ¿Desde dónde observamos, desde dónde nos cuestionamos la maternidad como algo deseado?

En Océano madre, la poeta Roxana Cortés nos invita a su lugar más íntimo, como quien entra de puntillas al cuarto de un bebé recién nacido. Desde la poesía nos invita a imaginar las posibilidades de la ternura que implica el deseo de maternar. Desde su cuestionamiento por las posibilidades de conocer cómo será ese rostro que dará a luz, qué carácter, qué sombra poseerá. Con analogías marinas, la poeta construye una voz exquisita para revelar las posibilidades de una nueva diosa: Océano Madre, esta madre que quiere dar a luz a pesar de las propias complejidades que implica ceder el cuerpo propio a un nuevo ser; esta madre que cultiva dudas a la par que pregunta, observa y construye formas de alumbrar.

Con el lenguaje poético de Roxana vamos aprendiendo a indagar la construcción de posibilidades. Vamos acompañando a esta madre que cuestiona las razones, la validez de los sentimientos, las preguntas que surgen como presentimientos, como augurios, como presagios. Desde la perspectiva que nos muestra la poeta avanzamos en la gestación de esa ola que quiere nacer; acudimos a la gestación de una nueva historia, a la unión de cantos y secretos, al sueño de posibilidades a través de las experiencias de una y otra; acudimos a un parto en donde el párpado abre el vientre del océano, de ese pedacito de mar que llegará con sus brillitos de arena a los pies, en tierra firme. Acompañamos las reflexiones sobre la posibilidad de unión, sobre los sueños a futuro que se gestan en la mente de madre, en el dolor de imaginar pérdidas, partidas, inexistencia.

En este libro, Roxana Cortés nos invita a reflexionar desde un lenguaje lleno de ternura y, a veces, tristísimo, sobre una maternidad singular. Este libro es una posibilidad llena de arte, de cartografías para la búsqueda de un tesoro que hemos imaginado y de la posibilidad de encontrarnos a nosotras mismas.


Todos los amantes

Todos mis amantes es un breve, caótico y muy logrado viaje a través del deseo. La escritura de Roxana Cortés tiene la finura de la mirada, la agudeza de la inteligencia y la fuerza del lenguaje. Sus poemas, construidos en versos libres, recuerdan las escenas del deseo por tocar ese cuerpo que se nos ofrece cargado de una belleza imposible, pero también de la conciencia visual y siempre interna de quien escribe, de quien observa. Encontramos la voz de una poeta que canta desde el deseo, con esa seguridad que deja ver siluetas, caricias, besos; esa forma de dirigirse con la propiedad que da solamente la seguridad en sí misma: “yo elevé a un hombre por el cielo”, dice.

Hablar del deseo es complicado desde la poesía porque invita a mirar las acciones en lo más puro y bello de las palabras. Roxana nos enseña el deseo desde estas evocaciones a la pintura, porque toda ella es color, contrastes y mucho glitter. Todos mis amantes plantea esas preguntas sobre la pertenencia del cuerpo, pero también las intertextualidades de la autora con sus poetas. Habla con ellas a través de los epígrafes y se responde con la narración del poema que escribe.

La escritura de Roxana me pareció, en primera instancia, directa, casi ruda. Y me la imagino así porque conozco el tono de su voz, la franqueza de su palabra. Quizá por eso sus poemas enfrentan al amante con el deseo: arden, juegan a la ruleta rusa y todo para volver siempre a ella misma, el poema como arma, y “a veces la disparaba contra mí misma”. Porque en este observar al otro, contemplar al amante, nos miramos a nosotras mismas. El deseo que buscamos en el otro es lo que poseemos, a veces de lo que huimos y casi siempre nuestro destino. Porque el deseo también es un arma y, por lo tanto, puede hacernos arder y destruirnos.

Al inicio mencioné tres características en la escritura de Roxana: la mirada, la inteligencia y el lenguaje. Porque encontramos en este libro esos colores, esas sombras, esos recuerdos que remiten a la pintura, a observar un cuadro que nos narra una escena… La inteligencia, a través de sus evocaciones a las autoras, a la filosofía, esa búsqueda por entender la respuesta a sus propias dudas: ¿qué somos? Una aventura, ¿por qué?… Y finalmente, al unir mirada e inteligencia a la fuerza del lenguaje poético, estas escenas cobran vida, forma, juegan, arden y el deseo se abre al lector como flama viva, lleno de figuras retóricas que nos recuerdan no sólo lo jóvenes que somos para amar, para desear, sino también todas esas posibilidades del deseo histórico, literario y cinematográfico de los amantes. Porque sólo el arte nos hace explorarlo, contemplarlo y apreciarlo en su totalidad. ⚅

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