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¿Quién es?, ¿Quién es?

  • Lydiette Carrión
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura

Cuando todavía era un escritor joven (si es que podemos imaginarlo como tal), Jorge Luis Borges escribió su memorable Historia universal de la infamia, una acrobacia literaria entre la ficción y la realidad. Ahí, Borges narra con esa capacidad de la que se ufanaba: condensar en tres cuartillas —que alcanzaban la densidad del plomo ardiendo— lo que otros escritores relatarían en quinientas. (No es motivo de esta narración, pero el Borges maduro renegó de estas historias de juventud, a las que tildó de barrocas, “cuando el arte dilapida sus recursos”.)

Borges mezcló realidad y ficción para recrear historias de esclavistas, criminales del Mississippi, la única pirata femenina de los mares asiáticos y otros asesinos a sueldo, vendedores de horrores. Y también escribió El asesino desinteresado Bill Harrigan, la historia de Billy the Kid, el joven que a los 21 años debía 21 muertes, “sin contar mexicanos”.

En esta pieza perfecta, Borges dibujó a Billy the Kid nacido y criado entre negros de Nueva York. Cambia su nombre —su nombre no fue Harrigan—, su edad, su primer asesinato: de un mexicano, a la edad de 14 años.


La frontera mexicana

Pero Borges no retoma —y no tiene por qué— un aspecto fundamental del Billy histórico: hablaba muy bien español; incluso parece que lo leía; tuvo parejas mexicanas y muchos aliados. Los territorios que El Niño asolaba eran frontera. Vivió en Sonora, Chihuahua y en “el mojón” donde se juntan México, Texas y New Mexico, como escribió su asesino, Pat Garrett.

Garrett, por cierto, el sheriff que lo mató, fue alguna vez su amigo. Eran compañeros de juego. A El Niño y al sheriff les gustaba apostar. Algunos incluso sugieren que Garrett, antes de ser la autoridad, fue cuatrero también.

Después de matarlo, Pat Garrett escribió un libro sobre El Niño. Por supuesto, no se acerca siquiera a la prosa de Borges, pero tiene el placer culposo de las novelas baratas de western. Ahí, Garrett habla de Billy the Kid con admiración. Y se exculpa de haberlo matado: él fue sólo el instrumento de un sistema. También justifica los crímenes del Niño: no era más malo o cruel que cualquier otro hombre de su tiempo, en sus mismas condiciones: pobreza, orfandad, violencia, exclusión.

Pero sí que era asesino: mató y desfalcó a traición a apaches, pimas, mexicanos y a blancos también. Veintiún muertes, dicen. En eso Borges escribió la verdad.

Por su parte, Garrett asegura que las últimas palabras de Billy fueron, así, en español: “¿Quién es?, ¿Quién es?”. ⚅

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[Foto: Paul Medrano]

 
 
 

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