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Algo sobre Cumbre Borrascosas

  • Vanessa Hernández
  • hace 2 días
  • 2 Min. de lectura


Hay algo raro con esta nueva versión de Cumbres Borrascosas, de la directora británica Emerald Fennell estrenada en febrero de este año… no intenta ser fiel, y justo ahí es donde se vuelve interesante, pero también falla.

No es una adaptación como tal, ni busca respetar la novela de Emily Brontë. Más bien toma la idea del amor intenso y complicado, y la lleva a algo mucho más visual. Y eso tiene sentido, porque hoy todo entra por los ojos. Todo es estética, y toda estética dice algo, aunque no lo parezca.

El problema es que, al enfocarse tanto en lo visual, deja de lado lo más importante: el peso emocional y lo incómodos que eran los personajes originales. En la novela, el rechazo tenía sentido. Había clase social, origen, una estructura que no permitía que ese amor funcionara.

Aquí no.

Aquí él es blanco, atractivo, con privilegios. No hay una barrera real. Entonces la pregunta cambia: si pueden estar juntos, ¿por qué no lo están? Y la respuesta es más incómoda… porque ya no es la sociedad, son ellos.

Y eso, sin querer, conecta mucho con lo actual: ya no es que no podamos amar, es que no sabemos qué hacer con el amor.

Se siente esa torpeza. Relaciones que fallan desde el inicio, decisiones sin profundidad… y eso también tiene que ver con cómo consumimos todo hoy: rápido, sin pensar demasiado, sin procesarlo.

Por eso, esta película no creo que llegue a ser algo como Lo que el viento se llevó o Casablanca, que crecen con el tiempo. Esta se siente más inmediata, más de consumo rápido.

Pero tampoco creo que la directora falle del todo. Más bien, pone sobre la mesa algo real: incluso los creadores están atrapados en esta forma de hacer contenido, donde todo se siente, pero casi nada se reflexiona.

Y, al final, eso es lo más interesante: ya no es que el amor sea imposible… es que no sabemos sostenerlo cuando sí lo es. ⚅

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[Foto: Vanessa Hernández]

 
 
 

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