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  • Hugo César Moreno Hernández

Creadores de mundos


El principio de realidad es potente y aplastante, socava la capacidad de asombro. Todo está cartografiado y un astrofísico nos explica cómo funcionan los hoyos negros. Son pesadez, no portales a otras dimensiones, no la expansión de un universo vasto pero aburrido. En Kustos, de Alberto Chimal, ilustrado por Micro, el principio de realidad es sometido por la vocación a la fantasía. Dos niños se convierten en lámparas para descubrir a sus guías, Juan Reyes, el propietario de la librería de viejo Maguncia y Horacio Kustos, explorador de las geografías ocultas por el principio de realidad.

A la luz del descubrimiento, Kustos amplifica la realidad para fantasearla. Porque, a pesar de que el principio de realidad es pura fantasía, lo cual significa que nuestras fantasías resisten la vorágine de miserias rodeándonos, nuestra imaginación está castrada y precisa de magos capaces de volver a echar a andar nuestra capacidad de fantasear más allá del abismo subjetivo.

En términos más o menos lacanianos, la realidad sólo existe gracias a las fantasías que nos creamos. Por ejemplo, asuntos inasibles, ficcionales, como la democracia, la libertad y todo el stock de conceptos y concepciones que, se supone, articulan la realidad cotidiana, aquello que permite nuestra supervivencia como especie destructiva, son pura fantasía, pero funcionan en pos de la orientación de las conductas, están confeccionadas para limitar la capacidad de desviación, ya sea social, espiritual o imaginativa.

Pensando todavía en lacanés, la realidad es pura fantasía y atravesar la fantasía significa mirar de frente al abismo para descubrir lo Real. Abrir la puerta al fondo de la librería Maguncia podría funcionar como metáfora, pues al principio, atravesar la fantasía nos dejaría ver una imagen especular, nuestro propio rostro, pero volteado, como le pasa a Samuel. Es la oposición especular la que permite imaginar el lado siniestro: es idéntico pero enloquecido, me representa pero no soy yo, es mi opuesto.

El nudo está en la pregunta ¿me atreveré a ir más allá? Cuando uno está enloquecido por el principio de realidad, la respuesta es simple, clara y contundente: no, es perder el tiempo, abismarse en el otro lado es idiota cuando las deudas, el trabajo, las responsabilidades encadenan en el aquí y ahora anclado en la procrastinación dolorosa.

Los niños y los viajeros dirán sí, se meterán al fondo del espejo, al fondo de la pantalla, al final del laberinto, no tendrán miedo de esconderse, de desmontar la fantasía para descubrir los complots que nos han convertido en autómatas definidos por el embeleso de la realidad.

La realidad nos enloquece, nos hace normales, grises, siniestros, temerosos. En las grandes ciudades, como la Ciudad de México, donde se desarrolla Kustos, la monstruosidad campea, pero no aparece como prodigio, sino como cotidianidad, desviamos la mirada hacia la propia monstruosidad sin inquietarnos demasiado, apenas saludables neurosis que definen nuestra cordura y disposición a la certeza.

Los fantasiosos resultan un tanto molestos, incómodos, por ello, cuando fantaseamos lo hacemos sobre las ficciones que nos sostienen: complots políticos, hermandades secretas, razas maliciosas, clubes de hombres poderosos excitados con la destrucción. Nuestros monstruos.

Pero ¿qué tal si se tratara de una invasión interdimensional? Sí, de la expansión de un imperio del plano otro desplegándose sobre nosotros, incrustando nuestra realidad en una esfera de cristal desde la cual pueden mirar nuestro devenir y reventarse los pulmones a fuerza de carcajadas. La divinidad, en su omnipotencia, parece eso, el cielo, el infierno, la gloria, el más allá, todo eso no es más que una forma de plano de existencia en otra dimensión, compartiendo tiempo y espacio sin traslaparse, con ventanas que sirven de plataforma de observación. Es decir, la sensación de que existen otras dimensiones ha acompañado al ser humano casi desde el principio, de ahí que empezó a simbolizar, a imaginar herramientas de comunicación con el otro lado, aparatos sagrados capaces de conectar con el más allá. Pero el principio de realidad convirtió esa suposición en religión y, con ello, en orden político.

Esa dominación permitió el neurótico avance de la humanidad. Sin embargo, no destruyó la capacidad imaginativa del humano. La literatura, como arte, es la gran mentira que permite explorar otras fuentes de la verdad, otras realidades, realidades fantásticas. Mintiendo es posible hallar portales, perderse en los nombres de razas que se ocultan en sus nombres, descubrir el origen de la vida o atravesar umbrales y desactivar planes terroríficos de humanidades atrás del espejo.

Kustos deambula por esos pasajes escondidos, éstos pueden ser rendijas, puertas, alephs, hoyos negros, transmisiones de ultratumba o posesiones divinas desde donde se escucha la voz de dios que sólo es un tipillo de otra dimensión demostrando teorías de física cuántica de un plano dimensional de dieciséis dimensiones y debido a los problemas de canales comunicativos, a la imposibilidad de traducción, su voz resuena como rayo de trompeta.

La dimensión detrás de la puerta al fondo de la librería Maguncia es, al parecer, en todo caso habrá que esperar la segunda entrega, una dimensión de bolsillo producto de la imaginación de Juan Reyes, la cual, a su vez, creó a Juan Reyes en un círculo infinito envuelto en la vida de Juan Reyes. Éste, que de repente pareciera estar de relleno, es el epicentro de la existencia del plano dimensional tras la puerta de Maguncia, creador y creador. Génesis autopoiética, es decir, creado de la nada y recreado desde sí mismo y por sí mismo sin necesidad de avenirse de recursos externos. Pero quizá, al momento que nos cuentan Chimal y Micro, Juan Reyes está muriendo y con él toda la realidad que creó y lo creó. Necesita un input exterior, una excitación ajena. Horacio Kustos, Samuel y Paulina suponen esa interferencia exterior que, según se puede entender tras analizar las notas de Horacio Kustos, la dimensión de bolsillo exige. Por qué supongo esto, bueno, la dimensión ha traspasado el portal buscando algo, un encuentro, una fuente de energía que surge del asombro, pero no puede simplemente implantarse en nuestra realidad, necesita fortalecerse, comiendo poco a poco a ciertos incautos, realizando incursiones de vochos voladores, monstrificando la calle de Donceles, invitando a los fantasiosos a entrar.

Por supuesto, estas especulaciones quizá sean resueltas en la segunda entrega. Por lo pronto, Chimal y Micro nos dejan ver la primera página de la Guía Roji de la dimensión de bolsillo detrás de la puerta al fondo de la librería Maguncia, propiedad de Juan Reyes, creador y creación de sí mismo. ¿Nos atreveremos a dar vuelta a la página?⚅

[Foto: Mau Abarca]

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