El animal que llora: entre carne y emoción
- Sofía del Ángel
- hace 2 horas
- 2 Min. de lectura

En la literatura hay espacio para las pulsiones instintivas y el drama humano, para las criaturas que vuelan muy alto y las que se arrastran. Este último ser es protagonista de El animal que llora, novela corta de Juan Luis Nutte publicada en 2025 por Ediciones de Autor: un texto metamórfico sobre una criatura atrapada entre los hilos de la vida y los seres que, al igual que él, sobreviven aprisionados a las circunstancias.
En esta novela corta somos testigos de las andanzas y desventuras de un pequeño monstruo sin extremidades, engendro raro, esperpento, fenómeno, proveniente de una raza extraña que ve nacer a sus hijos e hijas gracias a un proceso insólito de fertilización. Entre las páginas, Nutte hace posible un ejercicio de creación de personaje que no da respuestas fáciles; es el lector quien inventa la forma del animal circense a través de imágenes sensuales: un miserable capaz de provocar lástima y repulsión.
La bestia sensible, mediante la pluma del autor, retrata su advenimiento al mundo, su crianza entre rutas de circo y personajes estrafalarios, su infancia, maduración y llegada a los brazos de Isabela, benefactora impredecible con la que mantendrá una relación de pareja abundante en erotismo e indiferencia. Nutte presenta a sus mujeres como devoradoras insaciables, traviesas e inasibles, mientras que los hombres son meras herramientas, trofeos o bufones. La dinámica caricaturesca entre estos dos géneros es de sometimiento: uno doblega al otro, nunca viceversa.
La prosa de Juan Luis es una descripción densa de las pasiones, naturaleza en carne viva que concede privilegio a la ruindad y a la penuria. El bienestar y la felicidad son estados casi impensables, de vez en cuando atenuados por efímeros momentos de placidez, siempre relacionados con el éxtasis sexual o un escozor aliviado gracias al untamiento de algún remedio.
Es laudable que el autor haya creado un mundo tan lleno de reglas propias, abundante en costumbres que resultan ajenas pero que funcionan en esta excéntrica ficción creada para hablar sobre un ser miserable, su dolor y desgracias. La jerarquía de poder respecto a los géneros es un juego llevado con imaginación que, si bien puede caer en la repetición, también le otorga riqueza a la construcción narrativa, breve pero poderosa en su objetivo de despertar toda curiosidad. El horizonte de El animal que llora está plagado de una suciedad que activa los sentidos y de una desesperación que clama, justamente, por la mirada atenta del lector. ⚅
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[Foto: David Espino]




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