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  • Carlos F. Ortiz

El blues de una tarde en la ciudad

Actualizado: 11 ene 2022


Descartar las posibilidades tontas de que quizá hoy llueva, o de que la mujer que amas cruce en tu camino. Esto te permitirá entablar una conversación tan absurda con el pasajero que se encuentra sentado a tu lado en la combi, escucharás historias cotidianas y fantásticas de una realidad que se va confundiendo con la ficción y tejiendo con hilos invisibles de las voces que como un coro griego construyen múltiples historias: una nuera que no ama a su marido, de un par de niños que nacieron pegados, el sufrimiento de los padres para conseguir el dinero de la operación, un marido que lleva tres semanas bebiendo, el cáncer de una madre que vive sola con tres hijos.

Hace muchos años caminabas por las noches cantando canciones de Charlie, Enciso, Real de Catorce. Alguien encendía un cigarro, iluminaba en la oscuridad la procesión de los muertos.

No es tonto pensar en días de invierno, en algún poema de Pellicer, o de Pacheco, en la última pelea de Julio César, en que en mayo se te cae más el pelo, que DC no ha podido crear una mitología sostenible en el cine y Marvel se va agotando como una vela en noches de insomnio. Pagas la renta y observas desde tu ventana a un vecino que se pasea en su sala desnudo, prendes el televisor para acompañar un poco tu soledad.

El olor de mierda de gato es inaguantable. Pero qué lindo que es el gato jugando con fantasmitas de polvo. El gato retoma su rol de gato y se tumba en el sofá soltando pelos, y murmullos arrulladores que sólo un gato sabe entonar.

Hace años ya que dejaste de mirar por la ventana esperando la tarde, los amigos se han marchado, quedan pocos, pero esos también ya se han ido. Lo que quiero decir es que ya no son los mismos de siempre. Los mismos de hace algunos años. Ya no hay retas en las calles, ni risas en los billares. La ciudad hoy es un cementerio. Quieres encender un cigarro y observar cómo el humo se va disipando, pero tú no fumas, nunca has fumado. Pero tontamente tientas la bolsa de tu pantalón buscando la imaginaria cajetilla de algo que podría darte tranquilidad.

Desde este punto del mundo trazar las líneas de la realidad es un caso irrisible. Aquí no hay magia, no hay arte, no hay ciencia. Aquí hay un ladrón que se esconde detrás de los muros para observar cómo te vas quedando solo.

Nota. Se puede leer teniendo de fondo una rola de Hound Dog Taylor.⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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