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  • Aída López Sosa

El juego de las relaciones humanas

“Acababa por comprender que el espíritu del juego

exigía esos disfraces perpetuos…”.

Las memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar.



El desarrollo de la cultura ha propiciado mayor interdependencia y como corolario prestar atención a las interacciones sociales. El fracaso, producto de relaciones humanas defectuosas, tiene altos costos en lo individual y en lo colectivo. Paciencia y tacto, son dos virtudes apreciadas para mantener una comunicación sana, apelando a la reciprocidad y a la empatía. Las relaciones involucran personalidades (personas totales) que no son siempre fáciles de conciliar. Temperamentos, aficiones, costumbres, preferencias, intereses, tan variados y matizados, aumentan la probabilidad de no concordar con el otro. Aquí es donde salen a relucir las capacidades sociales para negociar y continuar la comunicación.

Entre la variedad de modelos de socialización hay uno que teoriza los juegos al momento de interactuar. El juego tiene un significado cultural. Las distintas clases sociales favorecen ciertos tipos de juegos entre los pasatiempos y la intimidad. El Análisis Transaccional del psiquiatra canadiense Eric Berne (1910-1970), se enfocó en la psiquiatría social para desarrollar su teoría de los juegos mortalmente serios en los que participamos todos los días en diferentes canchas o tableros y con un sinfín de jugadores.

Juegos que progresan hacia un resultado previsto y definido, estrechando la comunicación, fracturándola o rompiéndola. A veces no sabemos con qué tipo de jugador vamos a contender. Con los perturbados el juego puede resultar desgastante por su inflexibilidad, también existen los resentidos y los tontos, a estos últimos hay mantenerlos a distancia. Al ser influenciables pueden tener comportamientos inapropiados y torpes en momentos críticos, metiéndonos en serios problemas. En 1964 Berne publicó Juegos en que participamos, mismo que a la fecha mantiene su vigencia en cuanto a las relaciones humanas.

El autor refiere que los juegos pasan de generación en generación; o sea, el juego favorito de una persona puede rastrearse varias generaciones (ascendientes y descendientes) a menos de que haya una intervención a fin de cambiar el patrón, motivo por el cual el análisis de juegos tiene lugar en una gran matriz histórica hasta de ciento cincuenta años. Hay una tendencia fuerte a relacionarse con personas que tienen juegos similares. Los amigos, la pareja, los socios tendrán afinidades que a otros jugadores podría parecerles extraño e incomprensible como el juego del Deudor que se da normalmente entre parejas jóvenes que festejan las nuevas adquisiciones a crédito y no al saldarlas. En este juego existen dos posibilidades: si el acreedor se da por vencido, las personas disfrutan sin castigo, pero si el cobrador insiste, ellos gozarán la persecución y la adquisición.

Entre los juegos maritales están los de Mujer frígida y el de Hombre frígido, cuando uno de los dos rechaza a la pareja para luego pasar al juego del Alboroto (provocación) y retornar a la frigidez a causa de los problemas familiares o financieros y de ahí a otro juego: el de Tribunales, en donde se enjuicia a uno de los jugadores ante un consultorio terapéutico donde no se llega a nada. Finalmente la frigidez de ella o la impotencia de él, será causada por el jugador contrario encubriendo la causa real, ya que uno no sospechó el propósito por el cual fue elegido para jugar ese juego.

Charles Dickens en su novela Grandes esperanzas, retoma a la Mujer frígida en el personaje de la niña, quien con un vestido impecablemente almidonado le pide al niño que le haga un pastel de lodo (aceptación), para luego burlarse de él por lo sucio que está (rechazo). O la joven que juega a Peleen los dos en El Ruiseñor y la rosa, cuento de Oscar Wilde, que condiciona al estudiante con una rosa roja en pleno invierno y cuando este se la lleva le dice que bailará con otro en la fiesta. Los juegos sexuales son propicios ya sea para explotar o luchar contra las pulsiones sexuales como el Juego de la media de naturaleza exhibicionista disfrazada de inocencia con la intención de excitar la sensualidad del sexo masculino. El propósito es demostrar que la gente tiene mente lasciva ignorando la actitud provocativa y autodestructiva.

En las reuniones sociales también surgen juegos como el de Defecto en el cual desde una posición infantil se asume el reto de demostrar que todos son malos y no se descansará hasta encontrar el defecto o la falta del otro u otros. Un juego peligroso utilizado por personalidades autoritarias cuyos argumentos pueden ir desde los triviales como la apariencia, pasando por los siniestros aludiendo a características raciales, hasta los íntimos refiriéndose a las preferencias sexuales, todos motivos legítimos para no intimar y así no dejar al descubierto las propias deficiencias.

Berne se desmarcó de la teoría psicoanalítica de Freud al determinar el estado del ego (niño, adulto, padre) por medio de las interacciones sociales a fin de resolver los problemas emocionales y no centrándose en la personalidad ni en el inconsciente como se trataba en el diván. ¿Qué mejor manera de conocer a alguien si no a través de sus relaciones? Berne sacó al ego del consultorio para arrojarlo a la vida cotidiana, a la realidad y observar su comportamiento. Alejandro Jodorowsky retomó los postulados de Eric Berne para escribir su pieza teatral El juego que todos jugamos (1970), un espacio de expiación donde en la primera parte los actores exponen sin máscaras sus preocupaciones existenciales al interpretarse a sí mismos y en la segunda parte las posibles soluciones para cada uno.

Ser autónomo es tener relaciones sin juegos, es recuperar la conciencia, la espontaneidad y la intimidad; libre de ataduras mentales. Estar conscientes de nuestros juegos o imaginarnos que somos parte del juego de alguien puede resultar perturbador. ¿Estás listo para identificar en cuáles estás jugando y tu posición? ⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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Flor Euan
Flor Euan
26 jul 2023

Yo juego a mujer frígida

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