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El libro más leído

  • Refugio Pereida
  • hace 1 hora
  • 2 Min. de lectura

El libro más leído, ese que nos muestra el significado de la vida, el que nos hace converger en nuestra sociedad, el que nos abre los ojos ante una determinada situación, el que nos habla de manera poética sobre la existencia en el universo, el que tiene más palabras, el que es generoso por sus revelaciones, ese al que regresamos una y otra vez, es quizá el diccionario.

¿Cómo puede pasar desapercibido este prodigioso libro? Por fortuna, algunos amantes del lenguaje han dedicado gran parte de su tiempo a la compilación de estos recursos que ocupamos para comunicarnos.

María Moliner, por ejemplo, en Zaragoza, Valencia y Madrid, cuando sus labores de casa y como bibliotecaria se lo permitían, durante alrededor de quince años, se dedicó a registrar a mano, en fichas de papel, términos y significados que más tarde dieron forma al Diccionario de uso del español, publicado en 1996.

Dos gruesos volúmenes que en su origen contenían aproximadamente 3,000 palabras y que, luego de varias actualizaciones, alcanzaron hasta 94,000 entradas, con lemas o vocablos principales, y cerca de 190,000 acepciones o significados.

Abrir un diccionario es como encontrarse en un bosque, una selva, una tundra, un desierto, un océano, una ráfaga de viento. En él cantan las aves, se aparean los amantes, los hombres planean el futuro; existen las mujeres que cuidan de la familia, que se alejan de la tormenta, que se resisten a las cárceles, a las desapariciones; seres que escriben para existir, para buscar un sitio donde tener piel propia, que se emborrachan o beben agua del manantial apacible del sueño.

Esta gran diversidad en nuestro lenguaje se vuelve una patria, que se defiende por sobrevivencia, por coraje, porque sirve para gritar ante la injusticia, la omisión y la complicidad de las autoridades. Enero, con una cara al pasado y otra al futuro, nos da la posibilidad de recurrir a las palabras, a sus significados, por más crueles que parezcan, a su utilidad para hablar.

Hablar de lo que nos sea necesario. El tramposo lo hará vistiendo de homenaje al asesino; el inconforme compartiendo sus argumentos; las familias buscadoras llamando a sus hijas o hijos desaparecidos; el poeta será equilibrista y es posible que caiga, pero mientras desciende otros panoramas estará viendo y cantando antes de estrellarse.

La patria también se defiende usando las palabras. ⚅

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[Foto: Carlos Ortiz]

 
 
 

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