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Buscar
  • Carlos F. Ortiz

El secreto encanto de buscar

Buscar nos somete a lo inevitable: encontrar, hallar lo que se busca y dar fin a lo que realmente vale la pena: la búsqueda en sí misma. La aventura trazada en un itinerario desconocido, ir a la aventura como Ulises. Yo no encuentro, yo busco, sería la máxima a la que me sujeto. Un principio estético y ético irrefutable.

Buscar es también perderse. Saber que algo hace falta. He salido a la calle buscando una dirección. Un lugar al que fui hace tiempo, que me gustó y al que deseo volver. Sólo que no recuerdo cómo llegar. He olvidado el nombre de la calle, la numeración. Recorrer las calles como un laberinto irreconocible donde todo se va moviendo y cambiando como un cubo de Rubik. Como si la memoria jugará un puzzle imaginario. No dar con el lugar permite reconocer otros espacios. Sentirse un extranjero en tu ciudad. Un espacio inabarcable en la ingeniería de nuestra memoria.

Ariadna nos da su hilo para seguirla, mientras el minotauro nos sorprende entre las sombras de la aventura. Soltar el hilo es lo mejor que una persona debe de hacer, no guiarse por la aburrida idea de lo común, lo cotidiano. En un estar aquí no estoy diría la diosa Rita Guerrero.

El viaje es el destino. Llegar está de más.

El objeto buscado es el objeto deseado. El deseo es la necesidad y la urgencia de poseer algo que nos está prohibido. El deseo da su placer en ese sentido. Tener lo deseado es perder así el deseo. Es dar por muerta la búsqueda de ese algo que nos dará goce. Un placer que se sustenta en lo inalcanzable.

Un halo de cálida luz que no se puede asir, que es efímera y se disipa como un beso al aire de la amante. Una frágil gota de lluvia que se desvanece al tocar el concreto.

No busco, encuentro dicen otros. Yo en cambio no encuentro, sólo busco. Como un animal de caza que sale persiguiendo fantasmas. Una presa imaginaria en un bosque recreado por la fantasía.

Paso mis manos por inagotables páginas de libros inexistentes buscando una frase, una cita que leí hace tiempo. Sólo que no recuerdo el autor ni el libro. Busco gastando la vista en periplos olvidados y llenos de polvo. La frase se esfuma, sólo queda el vago recuerdo. La reminiscencia de aquello que trato de encontrar en las galeras de mi memoria. He olvidado, he fracasado en la ardua tarea del perseguidor; un héroe sin una causa.

Todos, bueno, la mayoría, estamos en la búsqueda de algo. Buscamos los motivos, las causas, las llaves, un calcetín, la felicidad, cosas concretas, cosas superfluas, algo que nos dé sentido. Una gracia infinita de seres completos.

De pronto estoy en casa, levantando cojines, el colchón, buscando debajo de la mesa, en los huecos del sofá, en los cajones del buró, en la ropa sucia, busco tanto que he olvido por completo lo que estoy buscando. Y me pasa como esa canción del Personal: No me hallo, no. Por más que le hago no me hallo, no estoy seguro de lo que quiero, siento que no tengo vela en este entierro. Estoy perdido y no sé qué camino me trajo hasta aquí.

Encontrarme sería una forma de negarme. Como dice el poeta yo soy otro. Sólo me queda seguir y perseguir lo inimaginable. Lo importante no importa. Me queda la agradable sensación de encontrar lo que no estoy buscando. ⚅

oto: Carlos Ortiz]

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