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Gracias por esta Era de literatura mexicana

  • Hiram Ruvalcaba
  • hace 4 horas
  • 3 min de lectura

En julio se cumplieron diez años desde la primera vez que entré a la casa de Ediciones Era, allá en Mérida 4. Quizás para mis amigos en la capital esto no parezca un evento trascendente. Pero yo era entonces un ranchero que llegaba a la gran ciudad, cargado de sueños y algunos cuentos maltrechos. La Casa de Ediciones Era fue como un nicho para los que, como yo, añorábamos ser escuchados desde el desierto de los tártaros.

En aquel entonces, acudí para tomar un taller con Eduardo Antonio Parra; de ahí surgió mi segundo libro de cuentos (al que considero el primero de mi poética) y un montón de amigos inolvidables. (También uno que otro personaje bastante olvidable, para ser honesto, jaja.) Recuerdo que en aquel momento pensé en lo feliz que me sentiría si yo llegara a formar parte de un catálogo que contaba entre sus filas a José Emilio Pacheco, a José Revueltas, a Eduardo Antonio Parra, a Coral Bracho, a Verónica Murguía, a tantas y tantas figuras indispensables de la tradición mexicana. El año pasado, finalmente, el sueño se materializó en un libro donde volqué todo el cuentista que soy.

Hoy circula un comunicado que anuncia el cierre de operaciones de Ediciones Era. Me pregunto si somos capaces de dimensionar lo que esto significa, no sólo desde el punto de vista editorial, sino para la Historia del libro en México. Desde hace años, con el mismo tono cassándrico que dedico a hablar de las catástrofes políticas o ecológicas, les he dicho a mis alumnos lo triste que es ver el declive de las Humanidades en el mundo. Hay muchos síntomas de esto, pero uno de los más importantes tiene que ver con la manera en que el “libre mercado” va desapareciendo algunos proyectos culturales, hermosos e importantes. No importa su tamaño o su tradición, en un país como el nuestro, en donde la literatura no es un producto de primera necesidad, las industrias culturales tienen todas las de perder.

Y que no les quepa duda: hoy perdimos todos.

El otro día leí por ahí (en una publicación que parecía intercambio de mala leche) que no existen buenos escritores mexicanos. La frase, por demás ridícula, me parece también sintomática: en México se está leyendo poco, y un alto porcentaje de lo que se está leyendo no está producido por autores/traductores/editores mexicanos. Por eso he insistido con mis colegas escritores, con mis alumnos de escritura creativa o letras hispánicas, que escribir en este país es casi (sin el casi) un acto de heroísmo, y nosotros somos salmones que atraviesan a nado miles de kilómetros de orfandad. El cierre de Ediciones Era me provoca una tristeza que va más allá de mi trabajo como autor: he sido su lector por casi tres décadas, he conocido la calidad de su trabajo y de su catálogo. No hay, ni sé si habrá alguna vez, una editorial que reproduzca el esfuerzo de construir algo como lo que Ediciones Era construyó a lo largo de más de seis décadas: sesenta y seis años, para ser exactos.

Pero hay que aprender a resistir, nos enseñó Gelman en sus versos que olían a otoño y a olvido. No me queda más que agradecimiento para todo el equipo de Era, en especial para Adriana Dorantes Moreno, Michelle Pérez-Lobo y, por supuesto, para Marcelo Uribe. Gracias por lo que sostuvieron con tanta dedicación. Gracias por esta Era de literatura mexicana. Y gracias, sobre todo, por la amistad. Aquí seguiremos. Nadando. Nadando. 🂓

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[Foto: Eric Miralrío]

 
 
 

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