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Pausa de hidratación

  • Alfonso Morcillo
  • hace 4 horas
  • 3 min de lectura

Le puse pausa a mi vida. No, no me dormí seis meses ni estuve en un coma inducido. Le di una tregua a mi vida en redes sociales. Desde hace un par de años dejé de publicar diariamente y con estúpida frecuencia memes, fotos, textos, links, estados y lo que se use el día de hoy para postear en feis, ig, tuiter o x, el tic top no se los manejo ni le entiendo ni me interesa, sólo veo algunas cosas que de repente me mandan.

La edad no ayuda. Dicen los especialistas que los de mi generación estamos entre los que no nacieron con la tecnología en los dedos o la palma de sus manos y los que nacieron sabiendo todo de lo digital, pero que no saben qué chingados es un casete, una casetera, un walkman, un CD player, un acetato, un tocadiscos, el sonido monoaural y mucho menos de una consola como la que tenía mi abuela, un armatoste de madera fina, pesado como elefante y que servía, además, para poner adornos sobre chambras. Pues eso, que dicen que estamos en el medio de lo digital y analógico. Y no tengo por qué dudarlo.

Lo de hoy es la inteligencia de artificio. Me la suda. No recurro al ChatGPT o como se llame, aunque ya cualquier búsqueda se basa en esa “cosa”. Desde diseñar carteles, tipografías, nombres, editar fotos en segundos, ofrecer datos, encontrar planetas, crear realidades, inventar historias en video o audio, arruinar reputaciones y quién sabe cuánta cosa más pueda hacer. El asunto es que en un experimento, un par de amigos le dijeron a una de esas aplicaciones que escribiera un relato en mi nombre y con, háganme el favor, “mi estilo”. Obvio salió una porquería, no mal escrita, pero un texto despreciable. Si le hubiera puesto características o indicaciones específicas, capaz que la “cosa” habría “escrito” algo más digno e incluso, me atrevo a decirlo, digno de ser publicado en Letras Libres o Nexos.

El asunto es que desde hace un par de años me he dado pausa de tirar hate en redes. Incluso desde la pandemia, sabía que tanto tiempo encerrado y con una computadora y una conexión a internet y cuentas en las dichosas redes sólo habría desencadenado más odio, desatinos, desamigos, enemistades gratuitas, rompimientos, alejamientos, aislamiento, real y digital. Así que en aquellos días que hoy parecen tan lejanos me sometí a una disciplina cuasi militar y dejé de publicar.

Y desde hace dos años la tendencia se incrementó. No publico, casi. No veo publicaciones. Ya no sé quién cumple años ni cuándo. Tardo días en contestar mensajes porque tengo desactivadas las notificaciones. No sé cómo se etiqueta a alguien y eso me ha costado que no me etiqueten en fotos en común. Me tomo fotos grupales pero no las subo porque no estoy pegado al teléfono y porque me da hueva hacerlo aunque me tome dos segundos, como le toma ese tiempo a la gente que lo hace y que veo con admiración. Son prodigios. Pueden subir todo en segundos. He tomado videos para no compartirlos, me los guardo y no sé para qué, pues termino echándolos al basurero digital porque ocupan memoria no necesaria. Al fin y al cabo algo quedará en mi cabeza que, con dos neuronas que le he dejado, aún puede recordar, no los detalles, ni los árboles, pero algo del bosque.

Me he tomado esta pausa de hidratación que ya se ha alargado. Y no sé si dure más. Además, no tengo tiempo. Mi pausa de hidratación parece que se extenderá. A eso debo sumar que algunas de las personas que me importan me han bloqueado de sus redes por ser un enfermo del odio, de la intromisión, de las malas prácticas, de la exhibición de problemas personales como si fueran del dominio público, prácticas que dicen y que hacen que a uno lo “funen”. Vaya pinche verbo, “funar”. Prefiero desaparecer solito, aunque ya me desaparecieron, pero elijo y elegí desaparecer en forma de pausa. Pinche eufemismo.

En las redes sociales yo estoy muy muerto. Esto es sólo una patada de alguien que se hunde en el pantano. 🂓

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[Foto: Eric Miralrío]

 
 
 

1 comentario


Invitado
hace 33 minutos

Es necesario hacer pausas para aterrizar y volver al mundo natural porque sentirse muerto en las redes es siempre una buena señal de estar vivo.

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