Incomodar

¿Qué más tiene que pasar para que la institución haga algo? Me lo pregunté con impotencia frente a la ventana. ¿Qué tan desarrollado está el músculo de la indiferencia en el gremio cultural y artístico de una ciudad tan particular como Taxco? ¿Cuántas evidencias necesitan esos hombres, artistas y promotores culturales, para reconocer entre sus filas a un agresor?
En mi pueblo mágico virreinal, algunos monstruos se disfrazan con overoles de mecánico, juegan a ser artistas; a veces usan sacos almidonados que apestan a naftalina, al herrumbre de un alma corroída por la sevicia; bailan y sonríen, cínicos, confiados de la estructura que ha sostenido a otros, tantos otros.
Hablar de esto es incómodo, es el elefante en la sala que nadie se atreve a nombrar, es arriesgarse a vivir con las represalias que van surgiendo, porque los agresores nunca están solos. Ellos saben de lanzar la piedra y esconder la mano, voltear la tortilla, dirigir el fuego hacia quien estorbe en el festín que preparan con muchísima precaución. Son precavidos, han aprendido a camuflar su verdadera piel, el filo de sus garras. Sus lenguas bífidas poco saben del freno, del valor que tiene el nombre. Ellos, a diferencia de sus víctimas y de los que estamos alrededor, no reconocen el miedo; quizá reconozcan la incomodidad de saberse descubiertos. Poco saben del temor, no entienden de consecuencias, de secuelas; para ellos, todo lo que sucede después del ataque es un complot, la injusticia, el odio de gente cruel que no sabe lo difícil que es habitar esa condición bestializada.
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¿Por qué les conferimos a las niñas, niños y adolescentes la responsabilidad de emprender acciones preventivas ante agresores? ¿Por qué incomoda tanto el derecho a estar hastiada y asqueada? ¿Por qué se espera discreción y mesura de las personas que denuncian? Si al agresor se le disculpa, atribuyendo sus conductas a factores contextuales, ¿a quiénes haremos responsables de sus actos? ¿El nombre de quiénes quedará empeñado en la consciencia colectiva?
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víctima
Del lat. victĭma.
f. Persona que padece un daño por culpa ajena o por causa fortuita. (Real Academia Española, s. f., tercera acepción).
f. Aquellas personas físicas que hayan sufrido algún daño o menoscabo económico, físico, mental, emocional, o en general cualquiera puesta en peligro o lesión a sus bienes jurídicos o derechos como consecuencia de la comisión de un delito o violaciones a sus derechos humanos. (Ley General de Víctimas, 2013, art. 4).
f. La prueba viviente de que lo que sucedió.
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Si pudiera reescribir una canción, haría este pequeño aporte:
Solo le pido a Dios / que cada día pese más la etiqueta de encubridor. 🂓
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[Foto: Carlos Ortiz]




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