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  • Jesús Bartolo

La muerte como poema


He comenzado a olvidarme. Todos los días me olvido un poco más de mí, me abandono, me preocupa menos mi apariencia, como demás, y voy dejando que la grasa se acumule alrededor de mi cintura; estoy cansado de cuidar mi salud, tanto que el pensamiento de morir me es más cercano. Todos los días pienso en la muerte como se piensa en la delicia de un pan, excedo las calorías requeridas por mi cuerpo, no hago ejercicio, subir las escaleras me ahoga y un esfuerzo como subir una empinada casi me infarta, gozo este deterioro, lo voy alimentando cada día, mi vocación de suicida embarnece.

Escucho a los demás reñirme por la salud, pero hago oídos sordos, sus palabras de crepé nada aliñan en mi interior. Voy a vaciar esta vida que me queda en los huesos, que se me endurece en las venas, que se desgasta a cada latido, con placer alimento mis triglicéridos, llevo hasta el tope mi presión arterial, es un placer andar con la cabeza embotada, ese tinnitus en los oídos y ese dolor en el cerebelo. Cada mañana le ruego a dios me fulmine, le pido con fervor los nervios me destrocen el día, que mi ceguera se propague o que la diabetes me derrumbe.

Caramba, el deseo de vivir se me ha ido de cada latido, cada respiro duele un poco más, el dolor de los hemorroides y sangrar me satisface. Tomo una y mil píldoras para dañar mis riñones, lo que no ha hecho el tiempo, lo impulso con mi demencia, con ese fervor del que ata la cuerda a su cuello.

Lo fácil sería meterse un tiro, saltar de un puente hacia los carriles centrales del Periférico, o meterse en una colonia donde con seguridad no saldría vivo. Pero no, el arte es irse autodestruyendo poco a poco, que sienta la carne su pudrición, ir descascarando el alma del meñique al cogote, sentir cada golpe, cada incisión, las costras de las heridas y la herida viva punzando en cada miembro del cuerpo.

Que la estética del deterioro se mire en el rostro, que los ojos trasmitan ese miedo a los otros de que pronto vas a morir, que escuchen en tu respiro el aliento de la muerte, en tu ceño la seña amarilla de la enfermedad, que con solo verte los otros sientan esa lástima que lastime y saborear su ocre en la boca.

He comenzado a abandonarme y espero que los versos de mis huesos enjutos a la carne tengan el suficiente poema, la poesía necesaria para que los que me lean la vida y la muerte en la carne nunca y nunca es jamás se olviden de alguna metáfora escrita en el libro de mi piel. ⚅

[Foto: David Espino]

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