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  • Emiliano Aréstegui

Me gusta este lugar VI



El síndrome de Estocolmo es un fenómeno psicológico paradójico en el que se desarrolla una vinculación afectiva entre rehenes y captores.

Ester Rizo.


Supongo que se llama arraigo y es algo que no había sentido. Mi madre me enseñó lo fácil que es echar la vida en unas cuantas cajas y cambiar de mundo, de pueblo, de barrio, de amigos y de vecindario. Pero ahora me niego a moverme de aquí, el hecho de echar la vida en cajas y largarme, esta vez, me da pereza. Llevo casi dos años en esta ciudad y estoy fascinado por su aspecto de plaza pública de pueblo. Me gustan su mercado y su comida, me gusta que en mayo las golondrinas rayan su hambre a ras de suelo y por estas fechas el viento aúlla presagios y poemas que escapan al análisis y la interpretación. Me gusta el cazahuate que se levanta como un lagarto cerca de las canchas, me gustan sus flores blancas.

Chilpancingo poco a poco se ido metiendo en mí, en mis ojos, en mis palabras y en mi sangre. Me gusta este lugar a pesar de spleen escarlata que signa su presencia como si de los caballos del apocalipsis se tratara. Me gusta la inteligencia y astucia de los chilpancingueños, esa presteza que tienen de deshacerse de la basura en cualquier espacio público, las bolsas surgen como tumores en la piel de la ciudad, y surgen de un día para otro. La suciedad es otro de los problemas que la alcaldesa no soluciona, pues como el narco, el problema de la basura lleva más de lo que lleva como alcaldesa y según dice, nada que haya estado antes de su gobierno, son cosas que ella deba solucionar.

Me gusta que de pronto Chilpancingo es una zona de guerra. Se da aviso que la muerte anda desbocada y la ciudad se para. Los transportistas se guardan ante la presencia de la muerte. Y toda esta poética del caos y la connivencia despliega sus alas de machete, plomo y gritería.

Aquí los choferes y la población se vuelven un mensaje, y para que los mensajes lleguen a buen puerto, la fiesta se desata en el cumpleaños de la alcaldesa (una alcaldesa que no gobierna). El mensaje utiliza levantados y asesinados. Del otro lado no hay respuesta. La indiferencia de los dirigentes se hace manifiesta. Poco es lo que se dice en los noticieros. A Morena lo único que le importa son las elecciones. Tal es el mensaje. No se aceptan críticas en la transformación y mucho menos autocríticas.

Me gusta este lugar porque la ciudad se torna un escenario, un performance que hace esquina con el western. Calles solitarias, mujeres que son levantadas cerca del centro, enormes camiones con militares que se hacen llamar Guardia Nacional. El viento aúlla, los muertos y las bolsas se amontonan, las bolsas se desfondan. Ya corre libre la basura, el viento hace su derrama de unicel y aluminio y las calles elaboran un collage que quizá, entre sus restos, miasmas y miseria, muestra un diálogo con las altas esferas del gobierno.

Así y todo, yo no quiero irme. Me gusta este lugar. Me gusta Chilpancingo, le digo a mi hermano. ¿Pero qué te gusta de Chilpancingo? Me pregunta con una incredulidad que raya en lo ofensivo. Y yo me quedo pensando en la capacidad que tengo, que tenemos, para acostumbrarnos a una ciudad que, díscola, nos encierra durante una semana y nos deja como rehenes de la delincuencia y cuando se habla de delincuencia debemos incluir a los poderes fácticos. Y en ese absurdo, yo sólo puedo decir: no sé, no sé porqué me gusta este lugar. ⚅

[Foto: Vanessa Hernández]

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