No es una opción

Todo lo que he leído, estudiado e investigado, cosas que aún sigo haciendo cada día, tiene como objetivo aumentar mi comprensión de lo que gira, lo que zumba, lo que susurra. Mi comprensión de lo que pasa, lo que suspira, lo que grita y que no es evidencia o lugar común, no es razón ni esquema. Porque la gran tragedia humana es que la medida de nuestro criterio y nuestro juicio será siempre directamente proporcional a la medida de nuestro entendimiento. Por eso los idiotas, que por desgracia se multiplican a lo largo y ancho de este planeta y sus alrededores, serán siempre hojas secas sin haber sido verdes jamás.
Y ejercerán su idiotez con total impunidad. Sin ningún pudor ni mecanismo que les revele lo rastreros y abominables que son. Porque la única forma de inteligencia posible es la que nos induce a expandir nuestra mente a través del conocimiento y a mutar en modo incesante ampliando nuestra visión periférica y elevando nuestro flujo de conciencia. Porque la única forma de lucidez posible es la que nos revela que la Realidad-Real y su sistema son un fraude, que las ambiciones que derivan de los mecanismos del consumo son deleznables, que los ídolos mediáticos son mierda y nada más, que el deporte como entretenimiento es tan nocivo e inútil como los alimentos ultraprocesados y el amor del Papa por la humanidad.
Y así atesoro silencios cada vez más largos, así sé que bajo la fría nieve de invierno la hierba espera con paciencia que maduren los soles de primavera. En los noventas estuve una semana en un pueblito cerca de Bogotá escuchando con mi entrañable e inolvidable amigo Édgar Gutiérrez las lecciones del maestro hindú Darshan Singh. Recuerdo que un día se acercó a una chica que había discutido con su pareja e intentaba controlar el llanto y le dijo:
—Tus lágrimas de hoy serán las estrellas más brillantes del cielo mañana.
Borges, otro de mis maestros, en su poema El Golem habla de un rabino que, en su afán de emular a Dios, crea una criatura llamada Golem a la que intenta convertir en ser humano. Sin embargo, a pesar del esfuerzo del rabino, la criatura no pasa de ser un destartalado remedo suyo. En el pasaje final del poema, Borges describe al rabino que observa con tristeza y frustración a su Golem y luego Borges reflexiona sobre lo que sentirá Dios al mirar a ese rabino...
Lo cómico del asunto es que nosotros solo podríamos ocupar el puesto de Golem o rabino porque esperar a que Dios se jubile no es una opción. 🂓
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[Foto: Erc Miralrío]




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