Summum arbitrium
- Enrique Montañez
- hace 1 día
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“Hay algo inefablemente triste en los escritores solos en su mesa de trabajo. Tarde o temprano llega un momento en sus vidas en el que dudan de lo que están haciendo. Quizá sería extraño si no sucediera así. Con el paso de los años, la realidad se va haciendo más importuna y, al mismo tiempo, menos interesante, precisamente por el exceso de ésta”.
Cees Nooteboom, también destacado poeta, ensayista, traductor e hispanista, presenta en Una canción del ser y la apariencia una ponderación acerca de la validez y utilidad del arte de lo ficcional, así como de las virtudes y pecados de la literatura.
El fragmento inicial citado de su novela corrobora uno de los apremios que la literatura le ha asignado a Nooteboom (La Haya, 1933): “No quiero ser un escritor que cuente anécdotas, como ocurre con una parte de la literatura inglesa o estadounidense. Intento que mis textos tengan ironía, reflexión, filosofía”.
Precisamente, en esta obra que nos convoca, Cees somete a juicio de valor y utilidad a la creación, cuestionamiento que, empero, trae implícita la fascinación de la creación literaria, su potestad de dar vida a seres y mundos con tan sólo la voluntad de enunciación [summum arbitrium]; asunto emparentado con uno de los principios filosóficos de Schopenhauer.
Una canción del ser y la apariencia es un uróboros narrativo, “un libro dentro de un libro”, como lo considera el escritor holandés; una novela en la que la historia, lo palmariamente ficticio, se va urdiendo a la par que las reflexiones acerca de lo literario, sus riesgos, excesos, virtudes y pecados, y del proceso mismo de la escritura de ésta. Con tal premisa narrativa demediada, Nooteboom también elabora una poética personalísima del escritor, al tiempo que con ironía punitiva desacraliza su figura y las motivaciones primarias de su trabajo creativo.
Uno más de los aspectos que profundizan la repercusión de la obra de Cees Nooteboom es que, a través del desarrollo del enfrentamiento paulatino entre el general Liuben Georgiev y el doctor Ficev, protagonistas de la narración que va discurriendo el escritor, verdadero actor de la novela, se ahonda y se ponen en entredicho conceptos como el dolor humano, la crueldad, el amor, la guerra, la barbarie, el heroísmo y la identidad.
Pese a las objeciones respecto de por qué habría que añadir una realidad inventada a la ya existente, Nooteboom, mediante su personaje alter ego, se rinde ante el poder fenomenológico de la palabra: lo que se inventa, al ser posible, se convierte en potencial realidad.
Cierto que Cees no ausculta en Una canción del ser y la apariencia algo que no se haya tratado antes. Pero lo inagotable de la literatura, en cuanto a indagación de nuestra interioridad, hace que su intento dilucidatorio de esos alcances sea encomiable, precisamente por el empecinamiento metaliterario, validado por la calidad de su pluma y lo acertado de sus introspecciones. ⚅
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[Foto: Gonzalo Pérez]




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