top of page

Diálogos con la Lagartija bípeda

  • Federico Bonasso
  • hace 1 día
  • 2 Min. de lectura

Podría, la serie, tener otros títulos, como “Definiciones ante el emisario de Dios”; o “Axiomas para el extraterrestre”. O, por qué no: “Calmando la ansiedad del viajero del tiempo”. Lo cierto es que no sé si este tipo era o no un viajero del tiempo, o un extraterrestre, o un ángel venido a menos. Ni sus maneras ni su aspecto animaban a pensar que venía de un mundo armónico. En ese sentido, lo de viajero del tiempo suena más plausible. Su rostro demacrado y brilloso, su malhumor o prisa, bien podrían describir a un tipo que viniera de un futuro más calamitoso aún que nuestro presente. Pero tenía una misión: hacer una enciclopedia de lo absoluto. Un dato clave por rubro: nada de ambivalencias.

En fin, ayer por la noche, tomándome un trago de magnífica medicina escocesa, y después de una semana entera dedicada a compartir noticias, puse un disco en la sala de casa. Sí, un disco. Y, deleitado con la emoción de aquella música, recordé, una vez más, a la Lagartija bípeda.

Diálogo III:

Después de haber definido qué era el rock y cuál era la obra más sublime de la música humana, Lagartija me increpó sobre el poder de la melodía. Particularmente le interesaba el lenguaje de la improvisación a través de esa herramienta que llamamos “guitarra eléctrica”.

—Debo llevarme solo un nombre, recuerda —me dijo—, un dato, una cifra. No titubees.

—No titubeo —respondí—, pero no sé ahora qué quieres.

—Dame el nombre del mejor.

—¿Del mejor guitarrista de rock?

—Sí, no te hagas güey.

(Sin duda el vocablo “güey” sonaba poco espontáneo en aquellos labios violáceos y apretados).

—Imposible —protesté—. Ahora sí que me niego por completo a seguir jugando esta bobada. No hay uno solo. No hay uno. ¿Quieres que asesine a Harrison, quieres que descarte a Hendrix, quieres que me olvide de la mano derecha de Townshend, pretendes que envíe al infierno a Jimmy Page, quieres que le sea infiel a uno de los tipos que mayor alegría me ha dado en la vida, como Mark Knopfler? No cuentes conmigo, no. No cuentes conmigo para eso. He sido preciso hasta ahora, pero no me pidas que sea un traidor.

Y entonces Lagartija, inesperadamente, sonrió. Como si, en efecto, tuviera cierta maestría a la hora de gestionar pasado y futuro. Sonrió y me dijo:

—Piensa en una canción.

—¿No querías hablar de guitarristas?

—Por eso: piensa en una canción, y recuerda un solo de guitarra donde…

—Calla —interrumpí—. Calla, demonio.

Lagartija dio un paso atrás y me miró.

—Sí, maldito, sí. Es cierto —admití—. Hay uno, el mejor, el más sublime.

Vino a mi mente entonces Comfortably Numb. La misma rola que escuché ayer.

Si no mal recuerdo, gruñí entonces en voz alta, mientras Lagartija tomaba nota:

—David Gilmour. ⚅

___________

[Foto: Gonzalo Pérez]

 
 
 

Comentarios


bottom of page