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  • Jesús Bartolo

Taller de literatura, taller de la vida




Cuando uno se encuentra con una novela que te atrapa desde las primeras líneas y no te suelta, se agradece, y va uno sobre las líneas como un barco de papel sin respirar a todos los nudos por hora que la velocidad de lectura te permite. Taller de literatura es de esa estirpe, comienza sin darte tregua, tremebunda, los olores y el dolor se perciben, la resaca se siente, se pone uno la camisa de la laguna mental del personaje. Le arde a uno el culo. El escritor no se detiene en pensar si estas cuartillas van a gustar o no, se mira que se divierte y al divertirse nos trasmite su lúdico serpenteo y uno se zambulle en este libro como en un aguachile picoso, ligero pero sabroso.

Esta novela gira sobre varios tópicos, el ensayo donde el autor muestra la pericia de la percepción del mundo: la belleza es solo perceptible en su inmovilidad. Lo que se mueve no alcanza a ser bello, lo busca.

La muerte no es para mí la inmovilidad, la estática, la nada, sino más bien el motor, el verbo. El verbo es acción y movimiento, pero es también condensación de la inmovilidad. El antiverbo.

Las desaparecidas: ¿Sabes cuál es la diferencia entre una desaparecida y una muerta, men?, me preguntó Arturo, echando humo por la boca y conteniendo un eructo. No, le dije con la mirada desorbitada por el alcohol. La primera es un símbolo y la segunda un pedazo de carne. Los símbolos pueden fortalecerse con el tiempo, pero la carne está condenada a las leyes de la entropía, solo puede pudrirse. A los medios les gustan las desaparecidas, porque los medios aman los símbolos.

El pan de cada día: cuántas mujeres no llegan a casa, y cuántas que llegan a casa llegan a morir en las manos de quien dice que las ama.

El narco, ese cáncer que ya hace metástasis en este pobre país que no termina por derrumbarse y que los narcos narcos, narcopolíticos, narcopolicías, narcoempresarios no han logrado acabarse, y por ende habla de la corrupción donde coludidos todos, los omisos, los ciegos que miran, pero se callan los ojos, los mudos que apagan sus palabras y los que levantan la voz perdidos en fosas clandestinas. Sobrevivir, pervivir, subsistir a pesar de y en contra de. Porque el crimen organizado está mejor organizado que las instituciones públicas de nuestro país, y con esto no se puede.

Y sí, habla de la literatura, del canon, de los premios, de toda la parafernalia que significa escribir, la fama, la famita, la aspiración de pertenecer a esa economía de los grandes tirajes, y creer que se hace literatura, aunque la literatura (sea) una mentira porque no podemos confiar en nadie, ni siquiera en nosotros mismos. Nosotros pretendemos la mentira a través de la verdad, ustedes pretenden la verdad por medio de la mentira y en este galimatías, los que hacen y no hacen literatura se pierdan.

También aquí se cuaja la gelatina de las pasiones y sus enfermedades como la necrofilia, el hombre no es perfecto porque tiene muchas debilidades y el sexo y sus perversiones es una de ellas. Además, se agradece ese final, que como en los cuentos lo repentino y sorpresivo nos sacude. Y como un extra, en muchas cuartillas encontrará joyas poéticas y ese humor negro y desenfadado conque José Agustín Solórzano suele adornar cada una de sus obras literarias. Arrellánese en un sillón, deje caer las nalgas y de un tirón échese un chapuzón en el río tumultuoso de esta novela y deje que ese animal frustrado de la literatura se acerque a lamerle las heridas. ⚅

[Foto: DE]

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