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  • Fabián Hernández Murillo

Tantas cosas que se oyen, tanto que uno oye


Sé que hay lágrimas largamente preparadas para mi ausencia./Sé que mi nombre resonará en oídos queridos/con la perfección de una imagen./Y también sé que a veces dejará de ser un nombre/y sólo será un par de palabras sin sentido.

Homero Manzi





Pa’ ser sincera, nunca pensé que me fuera a tocar. Escuché los disparos muy cerca; pero  muy cerquitita. De repente se detuvieron, luego todo fue silencio ¿Escucharon, muchachas? pregunté. Pero el sonido se apagó y nadie me contestó.

Desperté, abrí los ojos y los cerré, para asegurarme de contemplar la oscuridad de la noche. Pensé: es una noche sin estrellas, no hay neblina. La lluvia ha sucedido sin el estruendo de los rayos y las granizadas de invierno se han vuelto mudas. Ni siquiera el ir y venir del coyote se escuchaba. Me dí cuenta de que todo era una pesadilla. Ahora podría regresar a mi sueño; caería dormida, redondita, mientras repasaba el tiempo que fui feliz contigo. Logré entender que es mejor no confiarse de  la felicidad ni aferrarse a ella, sino ser inteligente y saberla estirar toda la vida. Al momento de comenzar a desvanecerme, discerní tu silueta dibujada en los límites invisibles del abismo, acercándote a mí y el murmullo de tu voz cruzando las paredes de tierra de mi habitación. Decidí cerciorarme de que eras tú; aunque al hacerlo sentí un cansancio en mis piernas, quizá sea por tanto buscarte, buscarte entre cerros, lomas y terraplenes. Me hace feliz volver a verte.

−¡¿Dónde te habías metido Juan José?! ¿Por qué te fuiste así? ¿Por qué me hiciste esto? ¿Acaso no tienes idea lo que significa no saber cómo y dónde está tu hermano? ¿tu madre? ¿tu padre? ¿el esposo o la esposa? ¿tus hijos?− Te desapareciste de la noche a la mañana. La angustia me estaba carcomiendo por no saber qué había pasado contigo, la angustia, el miedo, el dolor; y sobre todo la rabia. La rabia de no poder hacer más por ti.

Apenas pude dormir con tantas cosas que se oyen; tanto que uno oye y ve. Tantas cosas que se le vienen a una a la cabeza como un torrente que se desboca. Mira, el nueve de enero del 2022 dejaron un cadáver colgando del puente del Mirador ¿Sí sabes cuál? El que pintaron de color rosa, dizque para disuadir a los violadores que pasan por ahí. El que está saliendo de Playas de Tijuana; resultó que se trataba de una mujer, así supe que no eras tú; pero pude haber sido yo, pudo haber sido cualquiera.

Está de viaje, me decían y me preguntaban una y otra vez ¿a dónde? Hasta que decidí retar a las lomeras, a las bajadas con lomeras, a la sierra, a los aguajes, a las cañadas y las lagunas. Sabía que te encontraría con esa misma sonrisa que tatuaste en mi corazón infantil.

¿Qué ha sido de ti? Τe pregunto. No logras nada callándote, como cuando te regañaba de niña ¿Acaso no somos familia? ¿Andabas en malos pasos, como dicen? Dime la verdad, ayúdame a olvidar este recuerdo de muerte.

Decían tantas cosas, pero yo sabía que nada de era cierto. En el poco tiempo libre que tenía entre el salón de belleza, buscarte y la vida cotidiana, leía a Arrieras somos de Rosina Conde. Deja te cuento, un día me encontré este fragmento: los hombres se olvidan, a veces, que las mujeres tenemos un sentido común que nos hace ver cosas que ustedes olvidaron hace siglos. Están más preocupados por hacer la guerra y por su propia conveniencia, que por ver el verdadero sentido de las cosas. ¿Cómo te quedó el ojo? ¿eh? Yo ya sabía que no estabas muerto.

De mí también se dicen tantas cosas, que dizque estoy donde estoy por cosas con mi ex, que nada que ver con andarte buscando, ahora dicen que hasta me conocían personalmente, que se duelen de mí; dizque si tocan a una nos tocan a todas, que van a crear otra oficina dependiente de la subsecretaría de la secretaría de la mujer para que haga mi denuncia en la oficina del escuadrón violeta. Ahí tendré que llenar el formulario para relatar lo que viví por andarte buscando, solo me piden que me presente en el primer escritorio de la oficina dependiente de la subsecretaría adyacente al cubículo de la oficina contigua a la subsecretaría de la secretaría de la mujer. Y dicen que el trámite es gratis.

Te había perdido pero te encuentro en cada recuerdo y ya ves que también en lo que leo.

Ya es hora de que descansemos hermano. Ahí sigue tu cuarto, no movimos nada. Descansa tú también y dejemos que nuestra voz sea la ventisca caliente del desierto, el sonido de las olas, la traslación que al romper se convierte en el murmullo eterno de quienes nunca nos dijeron adiós. ⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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