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  • Ricardo del Carmen

Todo el azul del que soy capaz




(Querido Diego, te abraza Quiela. Elena Poniatowska) Esta novela se compone de doce cartas que Angelina Beloff envió a Diego Rivera entre 1921 y 1922. O debería decir que es la reconstrucción ficticia de Angelina Beloff, primera esposa de Diego Rivera, por parte de Elena Poniatowska. Esta recopilación epistolar expone el tema central del libro: el amor como una obsesión, de la necesidad de recibir una palabra, una respuesta del ser amado, después de terminar una relación en la que uno de los dos aún sigue enamorado. Como dice Shakira: cuando alguien se va, el que se queda sufre más. Esa obsesión que derrochan las cartas puede desesperarte al grado de querer decirle a Quiela que por favor, pare; que él no va a contestar nunca, que le está escribiendo a alguien que ha muerto.

Y también puedes empatizar con ella, porque uno podría comprender que tanto amor, por lo menos, no requiriera una respuesta sencilla, mínima; que, en medio de la tragedia, se convierte en un poco de aire después de haber pasado diez años juntos, de compartir la guerra, el dolor de la perdida de un ser tan amado, creado; de apostar económica, física y emocionalmente por el otro.

Las cartas son de un amor que marea. Por eso quizás es un libro que le queda bien a los amores desafortunados y a los que se declaran con arrojo. A los amores trágicos. Uno siente el dolor de Quiela, y eso es nuevo para mí en la narrativa de Elena, de quien sólo he leído dos libros suyos y uno de ellos es crónica. Las cartas se envían desde París, en donde ella se ha quedado abandonada y sola en un departamentito, sin trabajo, sin la capacidad de crear; mientras Diego ha vuelto a México. Las cartas derrochan tristeza y soledad y el lector fácilmente puede experimentar cierto desprecio por Diego, sobre todo cuando ella sabe que le envía dinero a otra de las mujeres con las tuvo un hijo y luego descubre que él a comenzado a rehacer su vida con otra mujer en México.

Esta novela se publicó en 1978, y esta edición es del año 1994. Diego, como Angelina y las cartas, existieron. En 2014, Nathanial Gardner, publicó un artículo en la revista Diálogo, sobre las cartas en el archivo Museo Frida Kahlo. Reconoce la inspiración para la recreación de la novela de Elena, pero descubre que las cartas están configuradas para operar en la novela y no registrar precisamente un hecho histórico. El contexto está ahí, pero las licencias literarias operan en favor de la novela y no en favor de la verdad. En el archivo solo hay seis cartas, cuatro fechadas (dos en 1921 y dos en 1922) y dos no. Y no todas las cartas fueron enviadas desde París, algunas se enviaron desde el sur de Francia. A diferencia de lo que experimentamos en la novela, el artículo señala que Diego sí le escribía con regularidad a Angelina.

Una de las fuentes para la reconstrucción del personaje de Poniatowska es la biografía que escribió Bertram Wolfe, que de hecho aparece en la última parte del libro, del que recreo el texto completo:

Bertram Wolfe, a quien estas cartas le deben mucho de su información en La fabulosa vida de Diego Rivera, que sólo en 1935, es decir, trece años después, impulsada por pintores mexicanos amigos suyos, Angelina Beloff logró ir a la tierra de sus anhelos. No buscó a Diego, no quería molestarlo. Cuando se encontraron en un concierto en Bellas Artes, Diego pasó a su laso sin siquiera reconocerla.

Pero este hecho no puede ser contrastado, sobre todo, porque el artículo devela que cuando Angelina residió en México sí hubo comunicación con Diego Rivera. La publicación del libro En sus memorias, publicado por la UNAM, permite conocer más íntimamente a Angelina sin la necesidad de Diego.

Beloff llegó a México en 1932 y aquí residió hasta su muerte en 1962, dejó un gran legado en la pintura, su obra pertenece a varias colecciones, la más importante en el Museo Dolores Olmedo.

La novela no tiene por qué registrar una verdad histórica, por lo tanto, la autora no está obligada a ceñirse a contar como si fuera una crónica. Elena al conocer la situación de marginación en la que vivía Quiela respecto de Diego, se propone ser solidaria y crítica de la violencia de Diego, de quien, ahora sabemos que era un sádico y machista. Es posible, según mi entendimiento, que esta sea la semilla que diera origen muchos años después a la novela Tinísima —Una novela cuyo personaje central es Tina Modoti, pareja (¿víctima?) también de Diego Rivera—, libro que aún no he leído, pero que ahora sí quiero leer.

[Foto: Carlos Ortiz]

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