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Vivir en mi pueblo

  • Carolina Medina
  • hace 7 horas
  • 1 Min. de lectura


Vivir con miedo, regresar temprano, esconder a los niños, no ir a las fiestas, no hacer fiestas. No disfrutar, ser infeliz. Son las ideas que atraviesan a las personas a las que hablo de mi pueblo. Eso piensan de mí y de mi familia cuando les digo que soy de Tlacotepec.

Me han dicho que imaginan el pueblo como un lugar tétrico, como un pueblo fantasma al que nunca visitarían. Es peligroso, dicen, les da miedo. Pero Tlacotepec es más que armas de fuego, drogas, asesinos desalmados y camionetas blindadas. En mi pueblo hay familias, amigos, gente que siente, que sonríe y, aunque no lo crean, encontramos cómo divertirnos, bailar, cantar e ir a las fiestas.

En mi pueblo la gente es tan humana como en cualquier otro. En las calles hay niños jugando y las canchas se llenan por las tardes. Y nos gusta pasear por el zócalo después de que el sol se pone. A nosotros también nos gusta compartir con nuestros amigos y la familia.

Y no, no estoy intentando embellecer el contexto. Sería ilógico decir que no nos dañó haber crecido rodeados de violencia, tanto es así que no podemos negar que estamos acostumbrados. Sí. Aunque siempre late el temor de que la violencia se desate en cualquier momento. Eso no significa que seamos personas insensibles y que no tengamos derecho a buscar ser felices. ⚅

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[Foto: Gonzalo Pérez]

 
 
 
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