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De lo que nadie habla

  • Walter Jay
  • hace 21 horas
  • 3 Min. de lectura


Hay libros que no se leen: se escuchan.

De lo que nadie habla, de Astrid Paola Chavelas, es una de esas obras que, más que narrar, respiran. En sus páginas, la autora convierte el silencio en palabra, el cuerpo en territorio de memoria, la herida en posibilidad de renacer. Este libro, distinguido con el Premio María Luisa Ocampo 2023, no sólo representa una de las voces valientes de la poesía mexicana contemporánea, sino un gesto de revelación: decir lo indecible, romper el pacto del silencio y devolverle nombre a aquello que la historia —y la familia, y la sociedad— han querido ocultar, consciente o inconscientemente.

La poesía de Chavelas es brutal y luminosa. Habla desde un lugar donde el dolor se vuelve lenguaje y el lenguaje se transforma en cura. Desde la primera página, el lector comprende que no se trata de un testimonio, sino de una poética del cuerpo: la voz que emerge no busca venganza, sino verdad. Cada poema nombra con precisión anatómica la infancia, la violencia doméstica, el abuso y la complicidad social, pero lo hace desde una mirada profundamente estética. El lenguaje se afila como bisturí y, al mismo tiempo, se llena de ternura: “El agua no limpia el asco”, escribe, y esa frase se queda suspendida como un eco que no termina de apagarse.

La estructura del libro sigue el hilo de una memoria femenina que atraviesa generaciones. Las figuras de la abuela, la madre y la niña —reales y simbólicas— se enlazan en una genealogía de silencios, obediencias y resistencias. En estos poemas, la violencia patriarcal no se denuncia desde el grito, sino desde la reconstrucción de la voz. La autora convierte cada cicatriz en una grieta por donde entra la luz. En su universo, el cuerpo herido es también un cuerpo que aprende a pronunciarse, a reconocerse como espacio político y espiritual.

Astrid Paola Chavelas no escribe desde la queja, sino desde la reconstrucción del yo. Su poesía es un acto de fe en la palabra, en la posibilidad de que nombrar sea salvar. En el poema “El abuso es una presencia”, declara: “Soy una pieza de colección. Kintsugi de mi historia personal hecha de cicatrices”. Esa metáfora del arte japonés de reparar con oro lo roto resume el corazón de su obra: la belleza nace de la fractura, la fortaleza surge del reconocimiento de la fragilidad.

Recibir el Premio María Luisa Ocampo tiene un profundo valor simbólico. Este premio, que lleva el nombre de una mujer que rompió paradigmas en la dramaturgia mexicana, reconoce en De lo que nadie habla una continuidad de esa herencia: una voz femenina que se levanta desde la intimidad para hablar de lo que nos concierne a todos.

La poesía de Chavelas pertenece a una generación que ya no teme nombrar, que entiende que escribir es un acto de justicia interior. En su obra, el abuso deja de ser secreto, la memoria deja de ser carga y se vuelve herencia luminosa. El silencio —ese viejo verdugo— se transforma en espacio de creación.

Presentar este libro es honrar la palabra que nombra y da conciencia, la palabra que se atreve. Porque en De lo que nadie habla no sólo escuchamos la voz de una mujer: escuchamos la voz de muchas, las que fueron silenciadas, las que aún no han podido decir, las que siguen bordando en la oscuridad sus historias.

Astrid Paola Chavelas les da nombre, cuerpo y destino. Y al hacerlo, nos recuerda que el lenguaje, cuando nace de la verdad, tiene el poder de devolvernos la vida. ⚅

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[Foto: Carlos Ortiz]

 
 
 

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