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Debrayes fragmentados

  • Efraim Medina Reyes
  • hace 8 horas
  • 2 min de lectura

Nunca el amor de alguien salvó a nadie ni el amor del mundo salvó al mundo, pero sintiéndose amados algunos encontraron el camino a casa y otros supieron que debían seguir la difusa línea anaranjada que atraviesa el horizonte. Sé que las chicas más lindas de este mundo no van a dejar sus torres de marfil y amantes adinerados para revolcarse con los perros flacos y pulgosos que duermen en los andenes y bajo los puentes de las ciudades sin nombre, pero todo el desprecio que ellas puedan sentir, toda su pálida indiferencia y asco no evitará que ellos las sigan soñando. Soñar es la venganza y el consuelo de los ángeles caídos, soñar es lo mejor y peor que podríamos hacernos. De vez en cuando el melodrama se nutre con una apestosa historia de amor, de vez en cuando los mastines de Dios, en vez de destrozarnos a dentelladas, nos lamen la cara. Soñar, ya lo sabemos, no cuesta nada. También sabemos lo estúpido que es convertir la vida en un eslogan, lo estúpido que es acostumbrarse demasiado a las noches cálidas de invierno o pensar que mañana será otro día.

🁜

No soy el dueño de nadie, creo que amar significa dejar ir y que la vida es un tiempo sin tiempo. Hacer del amor un absoluto es estúpido, nada que se mueva es inocente y estamos aquí para desplazarnos, para ir más allá. Pertenezco a lo que siento, a lo que imagino y deseo. No soy el sueño de nadie, aprendí que hay que tener mucho cuidado al abrir una puerta y que es mejor irse antes que la fiesta acabe.

Lo extraño no fue el profundo y lacerante dolor ni los años de oscuridad y delirio, sino el hecho de que todo eso que fuimos, todo ese vibrante amor tenga menos importancia ahora que la mierda del perro.

🁜

Nunca he tenido objetivo alguno en relación al mundo real, me sentiría más estúpido de lo que ya me siento si hubiera caído en esa trampa de “si te esfuerzas puedes llegar a ser alguien”. ¿Ser alguien? Es muy cómico que uno, en su sano juicio, pueda plantearse siquiera semejante despropósito. Lo que hice y hago es moverme dentro de mis propios límites y explorar, sin afán, mi mundo interior. Construyo mis propios juguetes y me complazco en este no ir hacia ninguna parte. Cierto, propongo el diálogo y amo los matices que la amistad puede dar a la vida. Sé, como dice el personaje de Blade Runner, que todo esto se perderá en el tiempo como las lágrimas bajo la lluvia. Esto no me entristece ni me alegra. La tarde cae y yo sigo aquí, componiendo una nueva rola en Sol Menor. 🂓

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[Foto: Carlos Ortiz]

 
 
 

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