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El sueƱo que no era

  • Alan Reyes
  • hace 5 horas
  • 4 min de lectura

Si le buscase un significado contundente a esta obra compuesta de varios cuentos, creo que perdería su encanto. En un mundo donde le buscamos significado a nuestro entorno, en donde todo debe tener sentido, un libro como El sueño que no era puede ser considerado como la antítesis de la realidad cotidiana que tanto abrazamos. Una realidad que, al final de cuentas, se sustenta en la ilusión y en la fantasía, creyendo que estÔ nutrida de raciocinio y pragmatismo. Es por eso que, al leer esta obra, me queda claro que, sea cual sea la época en la que vivamos, la ilusión serÔ necesaria. Y al no querer asimilar aquello, la literatura fantÔstica queda como un género secundario que desdeñamos. Por lo que lo limitamos a los estÔndares establecidos por la literatura comercial.

No obstante, Luis Mendoza se lanza al rescate de la literatura fantĆ”stica, respetando el gĆ©nero tal y como es: el costado racional y el irracional, confabulados para crear ambientes marcados, en este caso, por la muerte, el pesimismo, la soledad y la crueldad del ser humano. En una Ć©poca en la que somos forzados a sonreĆ­r y a derrochar felicidad en fotografĆ­as y pensamientos superfluos —mientras por dentro nos pudrimos de huecos—, este autor nos hace ver, mediante artilugios fantĆ”sticos, que la vida es despiadada, incomprensible y arbitraria. ĀæNociones alimentadas por vivencias personales? ĀæAlimentadas por lo ajeno? Con certeza resultarĆ­a difĆ­cil determinarlo. Sin embargo, El sueƱo que no era me transmite ese sentimiento de desolación que buscamos ocultar con ensoƱaciones e ilusiones. El tĆ­tulo me hace pensar en la palabra limĆ­trofe, pues al abordar las dimensiones de su narrativa, es posible darse cuenta de que los personajes son seres fronterizos, divagando entre lo real y lo irreal, buscĆ”ndole un sentido a lo inexplicable, lo cual resulta desconcertante tanto para los personajes mismos como para el lector.

Los personajes, tan ambiguos e inmersos en la confusión, se desenvuelven en ambientes que nos pueden parecer familiares, aunque al mismo tiempo ajenos. Le dan ese aire inquietante que nos incita a devorar cada palabra escrita para, al final, dejarnos perplejos, buscÔndole sentido a lo que nos es narrado. Los cuentos se disfrutan desde la primera hasta la última palabra, pues al final nos embarcamos en la búsqueda de una respuesta. Como lector, esos cuentos en ocasiones me dejaron confundido, pero no considero que sea un punto desfavorable; al contrario. Implica identificar simbolismos, vínculos, trazar los hilos conductores para encontrarle sentido a la prosa de Luis Mendoza. En ocasiones, parece indescifrable lo que ocurre, y eso me hace creer que el autor buscaba rendirle una apología a lo inexplicable de la existencia humana, a la vida y a la muerte. Este último tema estÔ muy presente en los cuentos. En El hombre que viajó en tren, la muerte se representa mediante símbolos, el paralelismo entre dos objetos. Mientras que en El sueño que no era (título homónimo), la muerte funciona como la condena de la consciencia y como respuesta para los personajes, la razón de la tragedia que define el sentido de su existencia. La muerte, tan presente en tierras guerrerenses. Tan estremecedora como habitual para el autor (oriundo de Acapulco), algo que deja entrever en su obra.

De inicio a fin, el libro es inquietante. Al comenzar a leerlo, no pude evitar recordar aquella primera escena de la cinta Le Sang du PoĆØte (1930), de Jean Cocteau, donde uno de sus insólitos personajes nos invita a emprender una travesĆ­a inigualable en un mundo que nos harĆ” conocer otros mundos. Es la sensación que me transmitió la obra de Luis Mendoza. Cada cuento es narrado de distinta manera, lo cual deja en evidencia sus habilidades literarias, asĆ­ como su dominio en el oficio de la creación literaria. Concluye entonces con El engendro —junto a El sueƱo que no era, mi cuento preferido—, que, si bien es un cuento con un discurso algo recurrente en la literatura, logra transmitirnos, mediante las condiciones y las acciones del personaje principal, esos sentimientos de desolación, incomprensión, soledad e incluso esperanza, dictaminados por la crueldad humana. Nos permite con este cuento ser partĆ­cipes y testigos; nos hace sentir lĆ”stima por el personaje principal y, al mismo tiempo, cuestionarnos sobre temas muy universales, y quizĆ” algo desgastados, relativos a los actos de la humanidad.

Sin mĆ”s ni menos, puedo decir que Luis Mendoza se encuentra au sommet de son mĆ©tier. De manera consciente o inconsciente, nos transmite algo con cada uno de sus cuentos. El sueƱo que no era podrĆ­a ser considerada una ópera prima bien lograda, donde puede notarse un trabajo riguroso, definido por personajes bien trazados, diĆ”logos un tanto lĆ­ricos (y palabras que nos harĆ”n, de vez en cuando, recurrir a un diccionario), asĆ­ como por una construcción muy distintiva en cada cuento. Teniendo ademĆ”s como firmes baluartes sus conocimientos en literatura. Por lo que le auguro un futuro prolĆ­fico en el mundo de las letras si continĆŗa trabajando de esa manera tan meticulosa como lo ha estado haciendo. El sueƱo que no era es, a pesar de algunas asperezas, un viaje inquietante que es posible disfrutar solamente si nos entregamos a los brazos de lo irracional, sin buscar respuestas concretas que alterarĆ­an ese sabor tan particular e intrĆ©pido que se puede disfrutar a medida que se avanza en la lectura. āš…

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