La literatura guerrerense también existe
- Geovani de la Rosa
- 1 dic 2025
- 3 Min. de lectura

Mientras en el norte de México reafirman su identidad a través de su gran y exitosa Feria del Libro de Monterrey, donde converge lo local con lo global, en el sur, quién sabe quiénes, quién sabe cuándo, quién sabe cómo nos metieron en la cabeza que no habláramos de la identidad sureña cuando hablábamos de literatura. O quizá sí sé: fueron algunas de esas personas que ahora sí les conviene ser indígenas, ser afros, ser costeños, etc., y van por el mundo muy sin pena con su utilitarismo. Son las mismas personas que etiquetaban a escritores de Clase A, B, C, D o E, de acuerdo con su trayectoria, y ejercían una discriminación absoluta, como suele pasar en la dinámica literaria institucional del país.
En específico, desde la década pasada, en las mesas se coló el tema de la literatura guerrerense y las respuestas, además de ser incomprensibles por lo retóricas y grandilocuentes, eran: ¿para qué hablar de literatura guerrerense?, que no servía de nada, que era aislarse del resto, que era hasta victimizante hacerlo. El tema se patetizó de manera burda, peyorativa y negativa cuando personas escritoras de Guerrero saltaron al ámbito nacional. ¿O ustedes nunca escucharon aquella frase que soltaban algunas personas cuando alguien de Guerrero ganaba un premio nacional, una beca nacional?
La literatura guerrerense y, posiblemente, también la del sur, es un asunto que no se ha discutido con conocimiento de causa, información suficiente, voluntad y, sobre todo, asumiendo la cuestión identitaria hasta donde tope. Hablarlo desde lo literario, lo estético, lo lingüístico, lo ético, lo sociocultural, desde la posición que se ocupa en el mundo. Porque escribir desde la identidad, lo sureño, lo guerrerense, si bien tiene que ver con tópicos, temas, invisibilizaciones y víctimas de la historia y del Estado, su importancia radica en mostrar las formas de estar, percibir, expresar y testimoniar la vida en una parte del mundo: formas de comunicar, el lenguaje vivo en este territorio. Habrá quienes dirán que no es necesario; sin embargo, en Colombia se crearon términos para ubicar y posicionar escrituras regionales, como las literaturas del Chocó, del Caribe, del Cauca.
También hay que decirlo: nos quitaron las pocas librerías, las plataformas de comunicación y nos cerraron las puertas de los oficios cercanos a la escritura; nos quitaron los libros pagados con nuestros impuestos, las ferias, las reuniones, los encuentros de diálogo y conversación. Nos quitaron todo eso porque, en el fondo, nunca lo hicimos nuestro; nunca dejaron que la sociedad se apropiara de ello. Porque una feria, una biblioteca pública, un libro pagado con dinero estatal, no pertenecen a los funcionarios en turno (como nos han hecho creer), sino a la gente.
Y, para colmo, Guerrero, uno de los estados que más ha apoyado a la 4T, está en el olvido, descobijado, sin un apoyo integral por parte de la élite nacional. Tantas veces repitió Andrés Manuel en suelos guerrerenses que “amor con amor se paga” y no se ve; en verdad, no se ve. ¿Cómo va a exigir libros, obras de teatro, pinturas, esculturas la gente de Guerrero si vive al día, exigiendo agua, salud, seguridad, tranquilidad, servicios públicos eficientes? Guerrero la está pasando mal, todos se rascan con sus propias uñas, el gobierno en lo suyo, las élites saqueando todo lo que pueden y “los intelectuales locales” cuidando su nichito de poder y de dinero.
Nunca es tarde para empezar o retomar el camino, sin perder tiempo en la trivial discusión de si naciste o no acá, si te fuiste, si volviste, si venís a ratos a ver de qué te apropias, si ya no estás aquí (y sí, critico a quienes adulan y le ruegan a un escritor natal que no voltea a ver hacia Guerrero, pues no le interesa, su onda es otra, su tirada es otra, su tierra ya es otra). Yo, lo poco que puedo hacer, robándole tiempo a la oficina y a la noche, es escribir sobre ello. Porque si no miramos más allá del horizonte, estaremos perdidos. Guerrero quiere y puede ser más que un estado bronco, de luchadores sociales y resistencia; Acapulco es más que un puerto turístico y una bahía de sol y mar. ⚅
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[Foto: Irene Tornez]







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