La muerte de Kobo
- José C. Sánchez
- hace 9 horas
- 2 min de lectura

Tengo una habitación propia y ya es mucho decir. En este lugar hay un pequeño librero, además de unos cuantos estantes improvisados. Desde que adquirí mi gusto por leer me fascinaba comprar libros físicos, pasar horas en esas librerías lejanas, porque en mi alcaldía no existe ninguna. Me gustaba repasarlos, cargarlos y, al final, solo me llevaba uno o dos porque el presupuesto no daba para más.
A pesar de mi lentitud para adquirir nuevas ediciones, poco a poco el espacio se fue saturando y cada vez se hizo más grande mi mini biblioteca. Al principio los acomodaba, los limpiaba con esmero. Sin embargo, varias tijerillas, fumigaciones y páginas amarillas después, fue que tuve que pensar en dejar de comprarlos o, al menos, en ser aún más lento.
Por fortuna llegó el lector digital. Me daba “cosa” gastar tanto en un aparato que solo tenía una función muy puntual. Lo adquirí después de mucho meditar: compré un Kobo, un lector digital, para mí un barco pirata y el cofre donde guardé mis tesoros encontrados en el mar virtual, aunque, en agradecimiento, también compré, o más bien renté, unos cuantos libros de la forma usual.
Seis años después de muchas batallas, muchas caídas y una pantalla arruinada, mi barco pirata se hundió. Kobo murió: se fueron las tardes en camión, las noches de insomnio en las que me hizo compañía; se fueron mis libros de dragones y toda la saga de Robin Hood. La pantalla de mi barco solo es una lágrima de tinta, triste culpa.
Ha muerto Kobo. Ahora es más costoso, lo tuve que pensar. Decidí ir con la competencia, pues habrá que navegar otro barco pirata para seguir leyendo. Aunque seguiré comprando libros físicos porque son lo máximo, no siempre tendré dónde guardarlos. De hecho, ya llené un par de cajones con ellos, algunos todavía esperan ser abiertos, otros repasados, y por esa falta de espacio habrá que navegar de nuevo los mares de internet, con muchas traducciones que espero no sean tan malas.
En fin, ¿qué me queda? Ha muerto Kobo: “viva el libro físico y ahora, por espacio, también el digital”. 🂓
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[Foto: Eric Miralrío]




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