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  • José Agustín Solorzano

Las puertas como metáforas


¿Has pensado en las puertas? Una puerta es un objeto que separa dos espacios arbitrarios, pero también los une. Una puerta puede estar cerrada o abierta. Dejar la puerta abierta por las noches puede dar miedo, ¿es una invitación a pasar? Cerrar la puerta puede hacerte perder oportunidades. Tocar la puerta siempre es una opción, ¿hay alguien detrás de la puerta?

¿Has pensado en las puertas? Seguro es uno de los primeros objetos con los que convivimos. Los objetos más básicos son metáforas de nosotros. Salimos por la puerta de nuestra madre para llegar al mundo, y nos vamos por la puerta de la tierra cuando morimos. ¿Cuál fue la primera puerta que viste cuando niño?, ¿la recuerdas?

En 2013, rentamos una casa durante casi un año, había ahí una puerta que siempre estuvo cerrada. Nunca tuvimos acceso a ella, nunca supimos qué había detrás y ese pequeño y casi despreciable misterio me acompañará toda mi vida.

De niño y aun ahora, debo confesarlo, cuando camino por la calle y veo la puerta abierta de alguna casa volteó a mirar qué hay dentro. Las puertas son la entrada a las personas, a su mundo doméstico, a su espacio laboral, a sus secretos más oscuros, a sus rincones más tristes.

Pienso esto mientras miro la puerta de mi casa desde adentro, luego del largo pasillo que hay que cruzar para llegar a ella, permanece inmóvil, cerrada, como esperando la siguiente vez que alguien la atraviese. ¿Cuándo fue la última vez que esa persona atravesó la puerta de tu casa?, ¿cuándo que tu padre, tu madre, tu hijo o tu mujer cruzaron la puerta que ves ahora? ¿Cómo caminaban mientras avanzaban hacia ella?, ¿qué llevaban en la mano?, ¿qué en la mente?

Usaron ese mecanismo casi natural que tienen las puertas para funcionar: la abrieron, la cruzaron, voltearon hacia dentro por última vez y echaron esa breve mirada que lanzamos todos antes de cerrar, y pensamos, a veces sin darnos cuenta, si volveremos a este sitio que hoy abandonamos. No hay mirada más nostálgica que la que dejamos en las casas antes de cerrar las puertas.

Todo es una metáfora, la puerta, la casa, los hombres y mujeres que las cruzamos. Recuerdo a papá cruzando la puerta de mi casa por última vez: caminaba con dificultad, arrastrando la muerte a cada paso, cargaba una maleta roja con la que apenas podía y antes de cerrar intentó una sonrisa y un “ya luego venimos”. Busco, inútilmente, recordar a las personas que amé cerrando la puerta: saliendo de algún lado. Avanzando. Pero incluso el amor es una puerta y a veces hay que cerrarla y seguir hacia la calle. Olvidar y recordar, como abrir y cerrar la puerta de la memoria.

No son puertas, son metáforas y las metáforas pueden ser de madera, de carne, de aire.

Digo todo esto porque ayer soñé una puerta y sentí que debía abrirla. Lo hice. Desperté. ⚅

[Foto: Carlos Ortiz]

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