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Los años de mi Pepe

  • Alfonso Morcillo
  • hace 4 días
  • 2 min de lectura


Las canas inician con los años. Eso dice el dicho. Y lo dice la realidad. Con cierta edad, las canas empiezan a aparecer en quienes conservan el cabello. Incluso en quienes han perdido el pelo, aunque no se note, las canas aparecen. En barba también. En algunos, primero en barba y luego en la cabeza. El orden de los factores no altera el producto.

Lo mismo pasa con el reino animal, que por reino animal quisiera referirme a los seudohumanos, pero no, a perros, gatos, leones, simios, vacas, toros, elefantes y el gran etcétera de seres que nos acompañan en este mundo.

Mi Pepe está por cumplir ocho años y sus canas pueblan la mayoría de su rostro, su trompa, su hocico, sus ojos, sus cejas e incluso sus pestañas y cola. No es viejo. Si calculamos la edad perruna con la humana, está a punto de alcanzar mis 54 recién cumplidos. Ambos tenemos pelo y barba blanca. A diferencia mía, él se ve guapo, fuerte, aunque su cuerpo ya no tiene esa cinturita de boxeador, sigue siendo un fortachón. Lo digo porque lo veo con amor, pero lo noto por su fuerza. Muchos perros de su raza y edad ya son gordos y no pueden ni moverse. Pepe no. Tiene movilidad, fuerza, agilidad. Ya no salta, pero para eso tiene rampas y sabe subir y bajar. Obvio. Su olfato está intacto. Sus ganas de pelear con perros de mayor tamaño también. Juega conmigo, con su madre. La besuquea, la busca, juega con ella como cuando era un pequeño. Se revuelca.

Hoy, caminando de regreso a casa, vimos una rata de esas, chilangas, grandes como conejos. Pepe y Nela la vieron y, obvio, yo la vi. Jalaron hasta casi arrancarme el brazo en pos de chingársela. Claro que lo impedí. Sus ladridos resonaban con fuerza. Su naturaleza cazadora siempre emerge, ya sea contra ardillas y, en este caso, contra ratas. Muy seguramente la habrían perseguido y cazado. Así que, a pesar de sus canas, mi viejito chulo, de apenas casi ocho años, sigue siendo un cazador, fiel a su instinto. Y así seguirá muchos años más. Lo veo, lo deseo. Quizá yo me vaya de este mundo antes que él. Bueno, tampoco. Si se va él, no lo soportaría. Y si me voy yo, tampoco creo que lo soporte, pero tiene con quién quedarse. Mi Pepe. ⚅

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[Foto: Eric Miralrío]

 
 
 

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